Las llamas llegaron a gran velocidad y lo destruyeron casi todo, salvo unas pacas de paja que resistieron en medio del incendio y que ahora son el alimento de sus vacas
SERVICIO DIOCESANO DE COMUNICACIÓN
Las vacas de Herminio Mangas pastan en campos quemados gracias a las pacas de paja que se salvaron del incendio. “Fue un milagro”, y se emociona al señalar el lugar. Entre el paisaje quemado hasta donde se pierde la vista, se aprecia un montón de forraje almacenado amarillo, que libró de las llamas: “Nos ayudaron los bomberos y un sobrino con la manguera, porque teníamos un grifo, pero ha sido un milagro, y creo que en algo así, Dios algo habrá hecho”. Su pequeño huerto también se salvó del incendio por estar levantado sobre muros de piedra.
Este vecino de Gejo de los Reyes siempre ha vivido en su pueblo y se dedica a la ganadería junto a su hijo, “y es el modo de vida que tenemos”. No olvidará nunca la fecha del 15 de agosto, cuando las llamas llegaron a su localidad natal. “Nos fuimos a La Alberca a pasar el día hasta que nos llamaron y nos dijeron que el fuego de Cipérez se acercaba”. Cuando Herminio llegó al lugar, ya lo tenía encima, “es que corría como si fuera un coche”.
Debido al viento, nadie lo podía frenar, como apunta, “ni bomberos, ni nadie, era imposible”, pero como relata, trataron de defender el núcleo urbano, “sobre todo las viviendas”, y como él mismo subraya, “se salvó”. Pero lamenta toda la zona de monte que se ha quemado, que es una gran parte donde pastaban sus vacas. “También he sufrido daño en el ganado, con dos terneros calcinados y otros animales con quemaduras, que pienso que saldrán adelante, pero les va a costar”, admite Herminio. Entre terneros y vacas, este ganadero tiene más de 500 cabezas, y el incendio ha afectado a unas 630 hectáreas.
Un año bueno en el campo
Además, reconoce que este había sido un buen año de pasto, “para haberles alimentado mucho tiempo”, con el fuego se les ha perdido casi todo, y ahora, los alimentarán con las reservas, que como explica Herminio, “teníamos para dos años de forraje y ahora lo gastaremos en uno solo”. Como ganadero, este año estaba contento, porque tenían mucha producción y buen precio, “y ahora vamos a ver si tenemos suerte y vienen pronto las lluvias otoñales para recuperar los pastos”.
Cuando evacuaron al Gejo de los Reyes se quedaron cinco o seis vecinos, entre ellos, Herminio. Y lucharon con los medios que tenían, como los tractores, aunque uno de ellos quedó calcinado en mitad del camino que une el pueblo con El Groo. “Alguna orilla del pueblo se quemó, y alguna casa, con materiales de construcción muy antiguos, y ardieron por la maleza que tenían a los lados”, describe este vecino. Y la zona de la iglesia, aunque el fuego estuvo muy cerca, “no corrió peligro porque estaba limpio a su alrededor y empedrado”.
Herminio ha ayudado más veces en la extinción de incendios, “con los medios que tenemos”, pero en esta ocasión, admite que no había manera: “Ni con tractores, ni con bomberos, ni con aviones, ni con nada, era imposible por el viento”.
El próximo 31 de agosto, el obispo celebrará una misa junto a los afectados a las 12:30 horas en la ermita de Villaseco de los Reyes. A ella están invitadas las comunidades del arciprestazgo donde llegó el incendio que se inició en Cipérez.
El rastro del fuego en El Groo
A ambos lados del camino que une Gejo de los Reyes y El Groo ha dejado su rastro el fuego que asoló más de 11.000 hectáreas. Se aprecia el esqueleto de una nave que estaba llena de paja, que ahora está calcinada. En El Groo, la iglesia también se libró por pocos metros, pero muchas casas, ya deshabitadas, fueron pasto de las llamas, y el escenario es desolador.
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