CATÓLICOS EN SEVILLA –
Homilía de Mons. José Ángel Saiz Meneses en la Santa Misa de Clausura de la Visita Pastoral al Arciprestazgo de Pilas. Parroquia de Santa María la Mayor de Pilas. Sábado 20 de diciembre de 2025. Lecturas: Is 7,10-14; Sal 23; Lc 1,26-38.
Saludos. Queridos hermanos y hermanas en el Señor: Celebramos hoy la Eucaristía en esta parroquia de Santa María la Mayor, de Pilas, para concluir solemnemente la Visita Pastoral al Arciprestazgo. Ha sido un tiempo de gracia, de encuentro, de escucha y de renovación espiritual. Durante semanas, nuestro Obispo Auxiliar, Mons. Ramón Valdivia, ha recorrido con entrega, dedicación pastoral y profundo espíritu de comunión las parroquias y realidades eclesiales de este arciprestazgo; y hace pocos días pudimos también reunirnos con los sacerdotes y diáconos, compartiendo inquietudes, esperanzas y proyectos. Hoy nos congregamos todos: presbíteros, diáconos, consagrados, laicos de nuestras comunidades parroquiales. Damos gracias a Dios por los frutos ya visibles y por los que el Señor seguirá haciendo brotar en medio de vosotros. La liturgia nos sitúa en pleno Adviento, a las puertas de la celebración del Nacimiento del Señor.
La Palabra de Dios de hoy ilumina admirablemente este momento. En la primera lectura, el profeta Isaías anuncia un signo decisivo: “Mirad: la virgen está encinta y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel” (Is 7,14). Emmanuel significa “Dios-con-nosotros”. Este es el centro de nuestra fe y el corazón de la Navidad que ya se acerca: Dios no se queda lejos, no observa desde la distancia; Dios visita a su pueblo, se acerca, se involucra, camina con nosotros. Esto es lo que hemos vivido en estas semanas de Visita Pastoral. El Señor ha estado presente en cada encuentro, en cada conversación, en cada celebración, en las reuniones en las que hemos compartido la vida real de nuestras comunidades, en las visitas a enfermos, a proyectos caritativos y a obras parroquiales, en los brazos abiertos de tantas comunidades que han mostrado vitalidad, sencillez y amor a la Iglesia.
El Evangelio de san Lucas nos lleva a Nazaret, donde el ángel Gabriel dirige a María las palabras que atraviesan toda la historia de la salvación: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo” (Lc 1,28). Es significativo que este Evangelio se proclame justo ahora, al final de la Visita Pastoral. María representa el corazón creyente que escucha la Palabra de Dios, la acoge y la pone en práctica; ella es modelo de Iglesia y modelo de cada parroquia. Su actitud en la Anunciación nos enseña tres rasgos fundamentales para el camino pastoral: Escucha, discernimiento y disponibilidad.
María escucha. Antes de responder, antes de actuar, antes de decidir, escucha la voz del Señor. La Visita Pastoral ha sido también un ejercicio profundo de escucha: escuchar la vida real de los fieles, escuchar a los laicos comprometidos y a las hermandades, escuchar a los catequistas, a los grupos parroquiales, a los jóvenes y a los mayores, escuchar a los sacerdotes y diáconos en su entrega cotidiana. Sin escucha, no hay discernimiento. Sin discernimiento, no hay misión. María se turba, pregunta, reflexiona, discierne. No actúa impulsivamente. La Visita Pastoral deja ahora una tarea para todas las parroquias: discernir. Discernir qué cosas están dando fruto, qué realidades necesitan renovación, qué prioridades quiere el Señor para este arciprestazgo. Discernir —a la luz de la oración, del Evangelio y del Magisterio— cómo crecer en comunión, participación y misión. Finalmente, María pronuncia su “sí”: “Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.” (Lc 1,38). Este es también el “sí” que la Visita Pastoral quiere suscitar en nosotros: el “sí” de las parroquias abiertas, el “sí” de los laicos comprometidos, el “sí” de los sacerdotes que se entregan, el “sí” de la comunidad que quiere evangelizar.
Queridos hermanos, permitidme subrayar algunos frutos que esta Visita Pastoral ha dejado ya o está llamada a suscitar: a) Renovación de la comunión. Se ha percibido claramente un espíritu de colaboración entre las parroquias, entre los sacerdotes, los diáconos y los fieles laicos. Este arciprestazgo tiene un potencial humano y pastoral muy grande, que seguirá fortaleciéndose si caminamos unidos; b) Impulso misionero. Las parroquias no existen para mantenerse, sino para salir. El encuentro con familias, jóvenes, niños, ancianos y enfermos durante esta Visita nos recuerda que la misión es urgente. Cristo nos dice: “Id…”, no “esperad a que vengan”; c) Acompañamiento de la vida real de los fieles. La Visita Pastoral ha recordado que la Iglesia no es una estructura ni una oficina: es pueblo, es encuentro, es cercanía, es acompañamiento. Ha sido muy hermoso ver cómo se valora a los sacerdotes por su presencia cercana y su dedicación silenciosa; d) Formación de agentes de pastoral. En catequesis, en liturgia, en Cáritas, en hermandades… hay un gran número de laicos que entregan su tiempo y su fe. La Visita invita ahora a formar, acompañar y sostener esa entrega con mayor profundidad espiritual y teológica; e) Renovación espiritual. Muchas personas han sentido la Visita como una llamada a revisar su vida, a intensificar la oración, a acercarse a los sacramentos, a recuperar la alegría de la fe. Esto es siempre lo esencial. Son frutos que el Señor ha sembrado. Ahora toca cuidarlos, regarlos y hacerlos crecer.
A pocos días de la Navidad, la liturgia de hoy nos recuerda que Dios viene, que está a las puertas, que sale al encuentro de su pueblo. Por eso, el Adviento es también un tiempo de conversión pastoral. Como el salmista proclamaba: “Va a entrar el Señor, el Rey de la gloria” (Sal 23). Si va a entrar el Señor, dejemos que entre también en nuestras parroquias, en nuestros consejos pastorales, en nuestras hermandades, en nuestras Cáritas, en nuestras reuniones, en nuestras familias, en nuestra vida personal. Adviento es tiempo de abrir puertas, de ensanchar el corazón, de revisar lo que hacemos, de sanar relaciones, de salir de la comodidad, de crecer en caridad, de preparar caminos para que Cristo nazca en medio de nosotros.
La Visita Pastoral se convierte así en una prolongación del Adviento: Dios visita, examina, ilumina, corrige, anima y fortalece. Ahora se abre para el Arciprestazgo de Pilas un tiempo nuevo. La Visita Pastoral no termina hoy: empieza hoy. Empieza el tiempo de recoger los frutos, de organizar prioridades, de poner en práctica lo discernido. Al hilo de las conclusiones que entre todos hemos ido extrayendo, permitidme señalar algunas líneas fundamentales para este camino:
1). Reforzar la pastoral juvenil: Las parroquias necesitan jóvenes y los jóvenes necesitan parroquias vivas; lugares donde se experimenta la alegría del Evangelio. 2). Impulsar la catequesis y la iniciación cristiana: Formar a niños, adolescentes, jóvenes y adultos con un nuevo ardor misionero y fidelidad doctrinal. 3) Cuidar la liturgia: La liturgia es el corazón que da vida a la comunidad. Una liturgia cuidada, participada y digna construye parroquias vivas. 4) Acompañar a los alejados y a los heridos: El Adviento nos enseña que Dios viene a buscar a quienes estaban lejos. La Visita Pastoral nos ha mostrado la necesidad de una pastoral de cercanía, de acogida, de escucha, de misericordia. 5) Una caridad organizada y operativa: Es admirable la labor caritativa que se realiza en este arciprestazgo, especialmente a través de Cáritas. Pero los tiempos actuales nos exigen creatividad y profundidad para atender nuevas pobrezas y soledades. 6) Vivir en comunión, corresponsabilidad y sinodalidad: Sacerdotes, diáconos, consagrados, hermandades, grupos parroquiales, movimientos y asociaciones… Todos somos un solo cuerpo. La Visita Pastoral ha sido un signo de esta unidad profunda.
Estamos en la parroquia de Santa María la Mayor, y la liturgia nos presenta precisamente a María en el misterio de la Anunciación. Ella es la gran protagonista del Adviento; ella es la aurora de la redención. Encomendamos a Nuestra Señora el camino de este arciprestazgo. Que ella nos ayude a vivir como ella: escuchando, discerniendo, sirviendo, diciendo “sí” a Dios. En manos de María ponemos los frutos de la Visita Pastoral, los proyectos misioneros de este arciprestazgo, la vida de nuestras parroquias, la entrega de nuestros sacerdotes y diáconos, y el compromiso de todos los fieles.
10. A las puertas de la Navidad, pidamos que el Emmanuel —Dios con nosotros— siga caminando por las calles, las familias, los campos, los hogares, las parroquias y los corazones de Pilas y de todo este arciprestazgo. Que María, la Madre del Emmanuel, nos ayude a decir con ella: “Hágase en mí según tu palabra”. Así sea.
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