Son muchos los que no viven la Navidad con alegría ni esperanza. Quizá algunos porque no quieren, pero otros, porque no pueden. La Navidad puede ser un tiempo de especial sufrimiento para aquellos que viven el duelo por la pérdida de un ser querido o estén experimentando dificultades en sus vidas, como una enfermedad, soledad o fracaso laboral…
Elena Calleja, psicóloga, tiene experiencia con pacientes en estas situaciones, lo que propició la publicación de «Es tiempo de esperanza. Cómo entenderte y sanar en Navidad». Su propósito: ayudar a que la Navidad cobre su pleno sentido a pesar del dolor.
«Se puede vivir este tiempo a pesar de ese sufrimiento, y no lo digo desde un optimismo ingenuo, sino desde lo que veo cada día en consulta y también desde mi propia experiencia. El dolor no desaparece por arte de magia porque llegue diciembre» sino que «precisamente suele ser un mes conflictivo», asegura Calleja, quién va más lejos: «incluso la gente tiene miedo a que llegue este mes». Sin embargo, está convencida de que «ese dolor sí que puede transformarse». «Hay personas que con el tiempo descubren que la Navidad deja de ser como una amenaza y se convierte en un espacio más amable, más sencillo, más auténtico», explica a ‘Padre de Todos’.
La Navidad perfecta no existe
Por tanto, subraya, «no significa vivir una Navidad perfecta, sino una Navidad distinta». Para ello, sostiene, es fundamental ser consciente de que «todo empieza por ese momento en el que dejamos de presionarnos para ser perfectos en Navidad; en ese momento también en el que dejamos de intentar cumplir expectativas y entendemos que la Navidad perfecta nunca ha existido, nunca existirá, pero que nos merecemos pasar unas Navidades bonitas, unas Navidades buenas, entendiendo que el centro es el nacimiento de Jesús, a pesar de tener heridas».
«Sanar no es olvidar, ni es dejar de echar de menos, ni fingir que no ha pasado nada. Sanar es integrar, es aprender a convivir con lo que falta sin que esa herida nos domine cada Navidad», dice. Y es aquí donde la fe se vuelve esencial. Según la profesional, «hay que abrir un espacio a Dios para que acompañe en ese proceso, para dejar que Él sostenga lo que yo no puedo sostener sola. La herida no se borra, pero sí puede dejar de sangrar».
Entonces, ¿existe alguna solución concreta? Lejos de querer ofrecer recetas, Calleja sí propone unas claves imprescindibles: «Permitir lo que uno siente, porque la Navidad no exige alegría obligatoria y la autenticidad siempre sana más que la presión por estar bien».
Volver a lo esencial
También «simplificar: menos compromisos, menos ruido, menos exigencias». La Navidad «también puede ser un lugar de descanso» ya que «lo asociamos siempre mucho a miles de planes». Otra clave es «crear pequeños rituales con sentido: encender una vela por quien falta, rezar todos juntos, escribir una carta, hacer una oración… algo que dé espacio al recuerdo sin que duela como antes» y «si se puede hacer en familia, todos juntos, mejor». «No pasar estas fechas en soledad emocional, buscar ese abrazo, esa conversación, pedir ayuda…». Por último, «volver a lo esencial» puesto que «la Navidad es el nacimiento de una esperanza».
Así que, «si tenemos cerca algún Grinch o alguien que detesta la Navidad hay que escucharle, entender qué es lo que le duele y acompañarle» y siempre «respetando sus límites», añade.
Por su parte, Jorge Megías, responsable de la Pastoral del Duelo en la diócesis, cree que en Navidad «se quiere mirar hacia adelante y parece que los proyectos vitales están amputados, cuesta ser feliz» incluso «trae síntomas de angustia, cuadros de una gran tristeza».
Descentrarse de uno mismo
En su opinión, ante una situación de estas, «hay que vivir la Navidad en profundidad, no hay que dejarla pasar porque, si no, el próximo año se va a repetir la misma cuestión».
«Vivir la Navidad, recrear la Navidad, asumirla, es muy importante para elaborar el duelo, porque estamos recibiendo el nacimiento del Hijo de Dios, el Viviente, el Resucitado, y nuestros seres queridos ausentes están en el amor de este Resucitado. Celebrar la vida es necesario para sanar los duelos y para crecer en la vida», subraya.Algunas ideas que plantea para afrontar esta realidad son «pensar cómo nos vamos a sentir, qué vamos a pensar, qué vamos a hacer, qué actitud tendremos con nuestros allegados», pero también «poner el belén y cantar villancicos». Megías propone, además «no aislarse, descentrarse de uno mismo para consolarse pensando en que el ser querido ausente está viviendo la mejor Navidad de su vida» y «hacer un acto especial de caridad con alguna persona necesitada, porque el amor es siempre lo que sana y lo que salva, y como dicen los Hechos de los Apóstoles, hay más dicha en dar que en recibir».
La entrada Sanar en Navidad: Del espíritu del Grinch a la esperanza de Belén se publicó primero en Diócesis de Getafe.
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