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Una labor, a veces desconocida pero muy importante, es la de los capellanes de hospital. Sacerdotes enviados a asistir a enfermos, familiares y personal de los hospitales. Una labor, como remarca Luis Sánchez, delegado episcopal para la Pastoral de Enfermos y Mayores, “muy hermosa” y por la que “están muy contentos y muy agradecidos a Dios por la gran experiencia que tienen de transmitir la fe y la esperanza a los enfermos y sus familiares, a los que pasan por la prueba del dolor y del sufrimiento”.
En la diócesis de Valencia hay capillas abiertas al culto en todos los hospitales públicos valencianos, algunas de ellas muy emblemáticas como las del Hospital General o el Clínico en la ciudad de Valencia. Todos estos hospitales, incluidos los de larga estancia, tienen capellanes o personas idóneas -laicos o religiosos- que atienden la capellanía.
Esta labor, enmarcada en el Servicio de Atención Religiosa Católica, se realiza en los 19 hospitales públicos valencianos a través de 60 capellanes y 9 personas idóneas. En los dos más grandes, La Fe y el Clínico, hay un capellán presente en las instalaciones las 24 horas del día. En los demás hospitales, además de las visitas ordinarias, la atención está garantizada permanentemente día y noche. También prestan su asistencia en el único hospital religioso que queda en Valencia, Hospital Casa Salud, y en otros hospitales privados con los que hay convenio de colaboración.
¿Cómo se puede pedir este servicio en un hospital? Si un enfermo o un familiar necesita este servicio de atención religiosa católica para él mismo u otra persona, debe hacerlo a través del control de enfermería de la planta donde esté ingresado el paciente. También pueden solicitarlo en el servicio de admisión en el momento del ingreso hospitalario. El capellán, además, está al servicio de todos los enfermos que soliciten su asistencia, como remarca el delegado episcopal, “tanto de enfermos católicos como no católicos, pues la necesidad del acompañamiento espiritual es común para todos los hombres y, especialmente, en los momentos de mayor sufrimiento como es la enfermedad grave, así como sus familiares y seres queridos, además del personal del hospital que también necesitan ese acompañamiento espiritual”.
En las capillas de los hospitales, que también están abiertas al culto público para quien quiera acercarse al hospital, se celebra la santa misa una o dos veces al día según los hospitales. Además, son muy frecuentadas para la oración personal, así como la adoración eucarística tanto particular como solemne, adoración que se encuentra en plena expansión en diversos hospitales, igualmente se celebran otras actividades pastorales.
La mayoría de los capellanes son sacerdotes diocesanos, y también colaboran en esta acción pastoral algunos sacerdotes que se encuentran en Valencia por ampliación de estudios, o pertenecen a órdenes religiosas. Algunos capellanes se dedican principalmente a la atención hospitalaria, mientras que otros la compaginan con otras actividades pastorales en parroquias o con estudios eclesiásticos.
“El capellán es el que consuela”
Raúl Rodríguez es capellán del hospital de San Francisco de Borja de Gandía. La de capellán es una misión que realiza desde hace muchos años. ¿Cuál es esa misión? “Ser aquel que consuela y que lleva una esperanza, no solo al enfermo, sino también a las familias del enfermo, e incluso también ser un referente hacia el personal sanitario haciendo presente que la muerte o la enfermedad no tienen la última palabra, ya que el que cree, el cristiano, ve más allá de la muerte, que la muerte es un paso o la enfermedad es un punto o un momento de inflexión en la vida, donde uno puede replantearse muchas cosas en su vida. Es verdad que en esos momentos, donde uno se encuentra a veces abandonado, puede encontrar una palabra de ánimo, una palabra de esperanza, alguien que camina con ellos y que no está solo, que la Iglesia, que Cristo, les acompaña, les conforta con los sacramentos”, explica.
El día a día del capellán del hospital, como cuenta Raúl, es estar con el despacho abierto, rezando en la capilla y sobre todo visitando a enfermos. “Muchas veces yendo a ver a los enfermos los familiares me paran y me piden si puede ir a ver al enfermo. La verdad que en un día no para, y son muchos, tanto los que viven su fe habitualmente en las parroquias como los que no los que piden tu presencia”. También, explica, hay personal sanitario que se acerca a la capilla a rezar o a consultar algún dilema moral u objeción de conciencia, dudas, etc. “Hay sanitarios cristianos que no les avergüenza dar testimonio en su mundo laboral”, apunta
Para visitar a los enfermos lo tienen que solicitar los mismos enfermos o los familiares a través de enfermería.
También, cuando conoce a los enfermos o sus familias, porque son feligreses de su parroquia, los visita. Normalmente recurren a ellos para que “les den una palabra de ánimo o para darles la comunión” pero también “es un momento de grandes conversiones,, puesto que en el momento de la enfermedad, aunque no sea mortal, pero uno se ve apurado, se plantean muchas cosas en su vida, y te piden confesión o simplemente ser escuchados, desahogarse, no solo respecto a la enfermedad, con alguien que sabe que lo va a escuchar con tranquilidad”. Por supuesto, también solicitan a su presencia en las situaciones límite: “he estado presente en momentos terminales tanto de gente mayor, en bautismos de niños recién nacidos que les daban pocos minutos de vida, muertes de jóvenes o antes de operaciones con pocas probabilidades de salir bien”. “Aquí muchas veces vale solo con la compañía, un abrazo o una mirada”, explica.
Raúl recuerda con emoción la historia de una señora a la que le llamaron porque ya la estaban sedando para los últimos momentos. Cuando entró, ya con sedación fuerte, le saludó, le dijo que iba a rezar un rato con ella, e inmediatamente se incorporó y dijo “dese prisa que me esperan”. La enfermera, recuerda, “se asustó porque con ese nivel de sedación no suelen tener esa actividad”. Después de darle la unción de enfermos y de comulgar , falleció. “Por fin una persona que no viene a decirme que me muero, eso yo ya lo sé, yo estoy esperando una palabra de esperanza, porque me están esperando”, le dijo también.
Para Raúl la experiencia de ser capellán de hospital “es muy buena porque aunque a veces te vas a casa llorando, también sabes que es satisfactorio porque estás siendo Cristo verdaderamente para otros, estás tocando la miseria humana en la enfermedad, en el abandono y demás, y entonces también es gratificante saber que esta persona se ha ido contenta, se ha ido riéndose, se ha ido esperanzada, no se ha ido sin una palabra de ánimo, sin una palabra de esperanza”.
“Les damos palabras de ánimo: Dios no los abandona”
En los hospitales de larga estancia, como el del Padre Jofré de Valencia, la labor de los capellanes es fundamental y “los vínculos son más duraderos”. Así lo cuenta su capellán Pedro Antonio García, que también es párroco en Bonrepós i Miranbell, y que al principio acogió esta misión con dudas, pero tres años después no duda en afirmar que no lo cambiaría “por nada del mundo”, puesto que permite “llevar la palabra de Dios a los que más sufren, que son los enfermos, que son una prioridad del Señor y que están allí esperando restablecerse y poder salir adelante”. Cuando Pedro comenzó esta misión solo tenía 5 enfermos que visitar y sin embargo ahora la lista de enfermos no le cabe en un folio. De hecho, en el momento de esta entrevista eran 44 los pacientes que estaba visitando.
A los enfermos que lo solicitan los visita frecuentemente para llevarles la Comunión, administrar el sacramento de la Unción de Enfermos o simplemente para hablar y darles una palabra de ánimo. “A veces solo quieren que les dé la bendición y ya está. Otras veces quieren hablar más tiempo y te quedas hablando con ellos, lo que necesiten. Y además les llevas la Palabra de Dios. Les animas y les dices que el Señor no les abandona y que la enfermedad no es un castigo de Dios. De hecho, les digo que Dios está ahora contigo ayudándote a salir”, explica. Muchos enfermos, destaca el capellán, “me dicen que el rato que estoy con ellos es el mejor momento del día”.
El capellán también explica la importancia del sacramento de la Unción de Enfermos: “Aún hay confusión y piensan que es la extremaunción y se asustan cuando se lo propones porque lo asocian al momento de la muerte. Yo sin embargo, les digo que es un sacramento de vida, una ayuda para llevar la enfermedad”.
Una de las cosas que ayuda a que cada vez más pacientes pidan la asistencia religiosa es “dejarse ver por los pasillos y que te identifiquen como capellán”. “Muchos no saben que tienen que solicitarlo, pero aquí, como suelen estar bastante tiempo, entre las familias se cuentan cómo hacerlo”, explica. Además, algunos médicos y personal santiario también acuden al capellán, como recuerda Pedro, “para hablar hablar conmigo de los enfermos o de alguna duda que ellos tienen”.
Pedro recuerda a aquellos enfermos, que después de varios meses allí, se recuperan y van a casa, “ya que esté hospital no solo es para enfermos terminales”. También recuerda con especial cariño a los que en situaciones difíciles, se han apoyado en la fe y que hasta en el último momento han querido su presencia o recibir la Eucaristía o confesarse.
“Ante el sufrimiento del otro hay que descalzarse”
Junto a los capellanes en el servicio religioso de los hospitales también se encuentra la figura de la persona idónea. Laicos o religiosos, tanto hombres como mujeres, que realizan este servicio. Una de las personas idóneas en la diócesis es Carmen Ripoll, que lleva 16 años en esta tarea que ahora realiza en el hospital Arnau de Vilanova de Valencia. Ella llegó a este servicio casi de casualidad, después de una formación y animada por la persona responsable de la Pastoral de Enfermos comenzó esta labor. Después de tantos años Carmen explica que “es un servicio de mucha sencillez y de mucha humildad. Sencillez porque te pones delante del sufrimiento, sobre todo ajeno, el del prójimo, y ante ello tiene que haber mucha humildad”. “Si frente al sufrimiento tuyo ya has de descalzarte, pues frente al prójimo todavía más, al que no puedes juzgar”, puntualiza.
En esta tarea, explica, “hay que ser muy discreto, con un respeto muy profundo hacia lo que está pasando, a la otra persona muchas veces no es la enfermedad lo que le hace sufrir, es verdad que la enfermedad nos hace sufrir porque somos corporalidad, pero muchas veces lo que más nos hace sufrir es no conocer a Dios, el vacío”.
En todos estos años Carmen ha visto personas “muy enfermas, que conocen a Dios y viven una alegría que no es de este mundo”. Y esa experiencia le ha marcado profundamente. También personas con mucho sufrimiento, que no habían oído hablar de Dios, “y conocerlo les ha ayudado, les ha dado esperanza”. “No hay duda que Dios se abre caminos aqui”, remarca. Reconoce que tiene anécdotas e historias para escribir un libro y recuerda a muchas de las personas que ha conocido en el hospital, sus sufrimientos y anhelos. También recuerda a las personas que pudieron tras estar ingresados en el hospital salir de adicciones.
Las personas idóneas completan la labor del capellán. Visitan a los enfermos y sus familias, les escuchan y les dan una palabra de ánimo y también les llevan la Comunión. La diferencia con el capellán es que no pueden administrar el sacramento de la Unción de Enfermos o confesar.
¿Por qué es importante este servicio en los hospitales? Carmen tiene claro que es fundamental y explica que “lo genuino del sufrimiento es poner a Dios ahí, porque si no nada tiene sentido”. Y para explicarlo recuerda una frase de C. S. Lewis: “el dolor es el altavoz de Dios”. “Si aquí en medio no se grita el nombre de Dios estamos perdidos y Dios nos lleva a la esperanza, permite que el enfermo no se desespere”, añade. En este contexto, de sufrimiento y dolor, “todavía se reconoce la figura del sacerdote y que se hable de Dios”. “Es fundamental que haya presencia religiosa, que se vea, no solamente con la celebración de la Eucaristía en la capilla sino que se vea al sacerdote por los pasillos, dispuesto a ayudar a las personas”, apunta.
La entrada Capellanes de hospital: Transmisores de fe y esperanza se publicó primero en Archidiócesis de Valencia.
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