CATÓLICOS EN MADRID – ENTREVISTA / «No estoy solo: Cristo ha entrado en mi enfermedad»

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Cada comienzo de año, la Iglesia, en la diócesis quienes sufren. Enero y febrero son meses para reflexionar sobre la pastoral de la salud, la cercanía a los enfermos y el sentido cristiano del dolor. En este contexto, el testimonio de Pablo Javier Reneo, un joven de 19 años de Alcorcón, muestra cómo la fe puede transformar la experiencia del sufrimiento. Hasta hace poco, la vida de Pablo transcurría con normalidad. Estudiaba, salía con sus amigos y acudía a misa los domingos con su familia. Todo cambió cuando un dolor persistente en la rodilla comenzó a condicionar su día a día. Tras varias pruebas médicas llegó un diagnóstico inesperado: un sarcoma óseo poco frecuente y agresivo. Tenía 18 años y era plenamente consciente de la gravedad de la situación. Lo ha contado en la revista «Padre de Todos».

• ¿Cómo recibiste la noticia?

—Fue un shock. Entré en la consulta y el doctor me explicó con claridad lo que tenía. Aunque sabía lo que estaba pasando, me costaba asimilarlo. Pensaba: esto les pasa a otros, no a mí. Los primeros días estuvieron marcados por el miedo, la incertidumbre y muchas preguntas sin respuesta.

• ¿Qué te ayudó en esos momentos iniciales?

—Mis padres me dijeron algo muy sencillo, pero muy fuerte: que Dios era mi Padre y que me quería. Al principio casi no lo entendía, pero ahora sé que esas palabras me sostienen cada día.

• Tras la operación y diversos tratamientos, la enfermedad continúa activa… Sin embargo, esa incertidumbre no se ha convertido en desesperanza. ¿Cómo afrontas ahora lo que viene?

—No sé qué va a pasar. Estoy en la providencia de Dios. No sé si me llama a curarme o a ir con Él, pero confío.

Para Pablo, la enfermedad ha supuesto un punto de inflexión profundo. Le ha obligado a detenerse, a mirar su vida con más verdad y a replantearse su relación con Dios. Mirar a Cristo en la cruz le ayuda a encontrar sentido incluso en los momentos más duros. Su sufrimiento ha servido para mucho, y no solo a él sino también a su familia.

• ¿Cómo te ha llevado la enfermedad a seguir más de cerca a Cristo?

—Ha sido una llamada muy fuerte, un toque de atención. Antes tenía muchos altibajos en la fe. A veces iba a misa casi por inercia y me preguntaba qué hacía allí, mientras mis amigos estaban fuera divirtiéndose. No siempre vivía con el corazón puesto en Dios.

• ¿La enfermedad te ha hecho tomar conciencia de tu propia existencia?

—He comprendido que la vida no es mía, que pertenece a Dios. No puedo guardármela para mí ni vivirla como si todo dependiera solo de mis planes. Es un don que se me ha dado y por el que tengo que dar gracias.

• ¿Qué papel tiene la oración y la fe en tu día a día?

—La fe me sostiene y me da alegría. Incluso cuando recibo malas noticias, rezo y siento que Dios me ayuda a sobrellevarlo. No es un consuelo teórico; es algo real y concreto. También me he dado cuenta de que mi sufrimiento ayuda a mi familia, a mi novia y a otras personas. A vecesincluso personas que no son creyentes se acercan y me piden oración. Dios actúa incluso donde no lo esperamos.

• ¿Qué has descubierto en este camino de oración y reflexión?

—Me di cuenta de que no es necesario curarse para cambiar o para seguir a Cristo más de cerca. Esta llamada también se puede vivir dentro de la enfermedad. Ahora sé que este tiempo que tengo es un tiempo de gracia.

• ¿A través de la enfermedad ha cambiado tu relación con Dios?—Antes muchas veces vivía de espaldas a Dios. Ahora comprendo que la vida no es mía: pertenece a Él. No necesito curarme para seguir a Cristo más de cerca; puedo hacerlo ahora, incluso dentro de la enfermedad.

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