Madrid, 11 de marzo. — El curso de Formación Permanente de Capellanes Castrenses ha comenzado en esta jornada, como es habitual, con la celebración de la Santa Misa y el rezo de Laudes, presidido por el arzobispo castrense, D. Juan Antonio Aznárez Cobo.
Durante la homilía, el arzobispo centró su reflexión en el Evangelio del día, destacando las palabras de Jesucristo: «No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento». A partir de esta expresión, animó a los capellanes a aprovechar el gran don que supone poder profundizar, tanto personal como comunitariamente, en los escritos proféticos leídos a la luz de la Pascua de Nuestro Señor Jesucristo, como camino de renovación espiritual y pastoral.
Un retiro centrado en la unión con Cristo
La jornada estuvo especialmente marcada por el retiro espiritual, predicado por D. Jesús Higueras Esteban, párroco de Santa María de Caná (Madrid). Durante el retiro, el sacerdote ofreció dos meditaciones basadas en el conocido pasaje evangélico: «Yo soy la vid y vosotros los sarmientos» (Jn 15,5).
En sus reflexiones, subrayó la enseñanza de Jesús sobre la dependencia vital del creyente —y en particular del capellán castrense— respecto a Cristo para poder dar fruto espiritual. Explicó que la imagen evangélica expresa una unión orgánica: los sarmientos, que representan a los seguidores de Cristo, deben permanecer unidos a la vid para recibir vida y producir fruto.
El predicador insistió en la importancia de “permanecer” en Cristo, lo que implica mantener una relación constante de amor, oración y fidelidad a su palabra. Recordó además la advertencia del Evangelio: separados de Él, nada podemos hacer.
Tiempo para la oración personal
Además de las meditaciones, el retiro ofreció momentos de oración y reflexión personal, en los que los capellanes pudieron volver a plantearse interiormente preguntas fundamentales para su vocación y misión pastoral:
«Señor, ¿qué quieres de mí?» y «Señor, ¿qué quieres que haga por ti?».
Convivencia fraterna
La jornada concluyó con un almuerzo de confraternización por vicarías, que permitió a los participantes compartir un tiempo de encuentro fraterno, fortaleciendo los lazos de comunión entre los capellanes que desarrollan su servicio pastoral en el ámbito castrense.
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