CATÓLICOS EN MADRID – El mensaje de Fátima nos enseña el secreto de cómo conseguir la Paz temporal en este mundoSin Autor

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En la carta que la hermana Lucía escribió al Santo Padre Pío XII el 2 de diciembre de 1940 se puede leer este extracto: “En 1917, en la parte de las apariciones que hemos denominado el Secreto, la Santísima Virgen reveló el fin de la guerra que entonces afligía a Europa y anunció otra futura, diciendo que para impedirla vendría a pedir la Consagración de Rusia a su Inmaculado Corazón y la Comunión Reparadora en los Primeros Sábados, prometiendo, si atendiesen a sus peticiones, la conversión de esa nación y la paz”.

La Consagración se pidió el 13 de junio de 1929 y solo se consiguió terminar de hacer bien el 25 de marzo de 1984 por San Juan Pablo II con todos los obispos en comunión.

Lo habían intentado Pío XII, Pablo VI y Juan Pablo II en 1982, pero ninguna de estas tres había cumplido con todos los requisitos: faltaba tener en la Consagración a todos los obispos en comunión con el Papa.
Por ello Juan Pablo II se encargó de que se fuese convocando a todos los obispos, hasta que por fin consiguió que todo el episcopado del mundo se uniese a la Consagración de 1984 y Lucía le dijo al pontífice que era válida.

El padre Kondor, postulador de la causa de Francisco y Jacinta, le preguntó a la hermana Lucía cómo podríamos comprobar que había sido aceptada y qué efectos tendría en la historia, y ella contestó: “Miren al este”.

A partir de ese momento se empezaron a producir una serie de acontecimientos, como la promoción de un político en la Unión Soviética, Gorbachov, que acabó siendo presidente ruso y provocó la perestroika, con la caída del muro de Berlín.

Este mensaje potentísimo para la Paz en la dimensión profética de Fátima no ha sido nunca fácil de llevar a cabo. Para conseguir la Consagración hicieron falta casi 55 años. Sabemos, por lo que dijo la Virgen, que de haberla hecho a tiempo nos habríamos ahorrado la Segunda Guerra Mundial y todos los errores que se han esparcido por el mundo desde la Unión Soviética.
Aun así el cielo actuó, tal y como había prometido.

Once mensajes

El Papa Pablo VI había renovado la Consagración del mundo de Pío XII el 21 de noviembre de 1964, y esta vez sí consagró a Rusia. Lo único que faltaba era hacerlo en comunión con todos los obispos. En 1984 el Papa, esta vez como Juan Pablo II, finalmente culminó lo que estaba sin terminar y además dejó claro que, aunque no le dejaron nombrar en alto a Rusia por problemas diplomáticos, él sí lo había gritado en su corazón.

Cien años después, la comunión reparadora de los primeros sábados, que era condición sine qua non pedida junto a la Consagración para la Paz, ha quedado un poco en el olvido. Quizás porque nos hemos preocupado más de si lo que tenían que hacer otros estaba bien hecho y hemos dejado de hacer lo que se nos pidió hacer a todos.

Además, el mensaje del 10 de diciembre de 1925 en Pontevedra (España), donde se pide la Comunión Reparadora, es el único de todo el mensaje aprobado de Fátima que trasmite Nuestro Señor acompañando a Nuestra Madre. ¿No querrá el cielo, con este hecho tan significativo, recalcar su gran importancia para nosotros a la vez que dejar claro que es voluntad de Dios?

Recordemos que el mensaje aprobado de Fátima, el que es público para la Iglesia, se compone de once mensajes que se dan a lo largo de trece años (1916-1929):

• Los tres del ángel en Aljustrel en 1916.
• Las seis apariciones de la Virgen desde el 13 de mayo al 13 de octubre de 1917 en Fátima.
• La aparición del 10 de diciembre de 1925 en Pontevedra pidiendo la Comunión Reparadora por medio del Niño Jesús y la Virgen de Fátima.
• La aparición del 13 de junio de 1929 donde la Virgen le pide a Lucía la Consagración de Rusia. En esta última aparición Lucía tiene una visión de la Santísima Trinidad en la capilla de Tuy encima del altar. No he oído hablar de otra visión de la Santísima Trinidad aprobada por la iglesia.

Así que lo único que nos falta por llevar a cabo para la Paz del mundo, prometida en Fátima en su dimensión profética, es la Devoción de los Primeros Sábados de mes, la Comunión Reparadora.

¿Cómo se anunció la Comunión Reparadora?

La Venerable Hermana Lucía nos cuenta cómo sucedió esta aparición de Pontevedra:

“Era el día 10 de diciembre de 1925. Estaba en mi habitación, cuando de repente se ilumina; era la luz de la querida Madre del Cielo que venía con Jesús Niño en una nube luminosa. Nuestra Señora, como queriéndome infundir coraje, me pone dulcemente su mano maternal en el hombro derecho, mostrándome al mismo tiempo Su Corazón Inmaculado que trae en la otra mano, rodeado de espinas; el Niño Jesús me dice: ‘Ten compasión del Corazón de tu Madre Santísima, que está cubierto de espinas que los hombres ingratos en todo momento le clavan, sin haber quién haga un acto de reparación para arrancárselas’.
» Enseguida dijo Nuestra Señora: ‘Mira, hija mía, mi Corazón rodeado de espinas, que los hombres ingratos continuamente me clavan con blasfemias e ingratitudes. Tú al menos procura consolarme y di a todos aquellos que durante cinco meses, en el primer sábado, se confiesen, recibiendo la Sagrada Comunión, recen el rosario y me hagan quince minutos de compañía, meditando los misterios del Rosario, con el fin de desagraviarme, que yo prometo asistirles en la hora de la muerte con todas las gracias necesarias para la salvación de sus almas’”.

Sabemos por explicaciones posteriores del Señor a Lucía que en primer sábado hay que comulgar en gracia, meditar durante quince minutos los misterios del rosario y rezar el rosario, todo ello con la única intención de desagraviar el Corazón Inmaculado de María. Pero también nos aclara que la confesión, siempre con la misma intención, puede ser durante el mes, antes del siguiente primer sábado.
Además sabemos que si se nos olvida esta intención al confesar, el Señor ha dicho que tenemos que aprovechar y hacer la siguiente confesión con esa intención. También nos ha dicho que, por causa justa y con permiso del sacerdote, se podría hacer una excepción y cambiar un primer sábado por el domingo siguiente, pero siempre por causa muy justificada.

Importancia para la Paz

En el libro “Cartas da Irmã Lúcia” podemos leer que, en opinión de la vidente, el asunto de los primeros sábados tenía tanta importancia para obtener la paz que el 19 de marzo de 1939 se expresó así en una carta al Padre Aparicio:

“De la práctica de esta devoción, junto con la consagración al Corazón Inmaculado de María, depende la guerra o la paz del mundo. Por eso quise que se difundiera tanto y, sobre todo, porque era la voluntad de nuestro buen Dios y de nuestra querida Madre del Cielo”.

En las memorias, Lucía nos cuenta que Santa Jacinta Marto (pastorcita de Fátima), estando ya muy enferma y antes de ir al hospital, también comentó al respecto de esta dimensión profética para la paz:
“Ya me falta poco para ir al Cielo. Tú te quedas aquí para decir que Dios quiere establecer en el mundo la devoción al Inmaculado Corazón de María. Cuando sea el momento de decirlo, no te escondas. Di a toda la gente que Dios nos concede las gracias por medio del Inmaculado Corazón de María; que se las pidan a Ella; que el Corazón de Jesús quiere que, a su lado, se venere el Inmaculado Corazón de María; que pidan la paz al Inmaculado Corazón de María, que Dios se la entregó a Ella”.

El Mensaje de Pontevedra

Se nos ha dicho que la práctica de esta devoción de los primeros sábados nos alcanza ni más ni menos que todas las gracias necesarias para nuestra salvación y que con ello podemos conseguir la paz para este mundo prometida en Fátima.

Pero también el Señor le explicó a la hermana Lucía que le gustaban más las almas que los hacían con devoción para consolar al Corazón Inmaculado de María.

El mensaje de Pontevedra ocurrió bajo las siguientes circunstancias.

En 1921, Lucía tenía catorce años, era la única vidente viva de los tres y el obispo decide, para su protección, enviarla de incógnito con nombre falso (Dores) a Oporto a un colegio de la Doroteas.

En 1925, a los dieciocho años, terminando el colegio, siente la vocación de irse al Carmelo en Lisieux. Las Doroteas le dicen que mejor se quede con ellas y que no se preocupe, que las hermanas le podrían enseñar francés y todo lo que ella quisiese aprender, por si más adelante se fuese al Carmelo.

Recordemos, en este punto, que la Virgen le pidió a Lucía aprender a leer y escribir para transmitir todo el mensaje.

El noviciado de las Doroteas se encontraba en España, porque en esa época Portugal era laicista y estaban prohibidas las órdenes religiosas.

Así que la Hermana Lucía fue al noviciado de Tuy (España), pero ahí el consejo de las Doroteas decidió que la niña no tenía estudios suficientes, ellas eran maestras y debía irse de coadjutora a la casa-internado de niñas de Pontevedra. Para estas coadjutoras estaba prohibido leer, escribir, estudiar… Se dedicaban a las labores de la casa.

La aparición

En ese momento de cruz, teniendo en cuenta sus planes truncados (lo que ella creía era la voluntad de Dios, como aprender a escribir bien), se le aparece en su celda la Virgen con el Niño Jesús.

Fijémonos en cómo ocurrió:
Lucía estaba de rodillas (posiblemente abatida en su cruz) y, dentro de la descripción del mensaje de los primeros sábados escrito más arriba, dice: “Nuestra Señora, como queriéndome infundir coraje, me pone dulcemente su mano maternal en el hombro derecho, mostrándome al mismo tiempo Su Corazón Inmaculado que trae en la otra mano, rodeado de espinas”.

A partir de ahí empieza a hablar el Niño Jesús y luego la Virgen, pidiendo consuelo al Inmaculado Corazón de María. Así que la Virgen pide consuelo a Lucía, que representa a toda la humanidad, a ti y a mí, y nos dice: “Tú al menos procura consolarme”, mientras nos consuela a nosotros en Lucía.

Qué podemos hacer

Por lo tanto, ¿no será que, para consolar al Inmaculado Corazón de María, nuestra actitud debe ser la de refugiarnos con cariño de hijos en su Inmaculado Corazón de Madre, dejándonos consolar por Ella?

La Virgen nos dijo a todos por medio de Lucía: «Yo nunca te dejaré. Mi Inmaculado Corazón será tu refugio y el camino que te conducirá a Dios»

Atendamos la súplica del Cielo para consolar el Inmaculado Corazón de María, celebrando los primeros sábados de mes, e invitemos a los párrocos a celebrarlos, ofreciendo nuestra ayuda, para que se consiga llegar al mayor número de iglesias posible y así muchos fieles los conozcan y celebren por amor a María, para la salvación de las almas y para alcanzar la promesa profética de la paz del mundo.

Con ello, el cielo no tardará en responder. Porque es un gran misterio, ¡que Dios Se someta a la voluntad de los hombres! Pero Él obra así.

Al final el Corazón Inmaculado de María triunfará!

Enrique de Simón

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