CATÓLICOS EN CANTABRIA – Jueves Santo, Día del Amor Fraterno

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Este 2 de abril, Jueves Santo, la Iglesia celebra el Día del Amor Fraterno.

En esta jornada, la Iglesia conmemora la Última Cena, en la que Jesús instituyó la Eucaristía y el Orden Sacerdotal. Y enseñó el mandamiento del amor fraterno a través del gesto del lavatorio de pies a sus discípulos.

Hoy, nuestra diócesis nos invita a tener un gesto de amor fraterno hacia nuestros hermanos más necesitados. Por eso, en el momento del ofertorio, en la celebración de la Cena del Señor en nuestras parroquias, se entregarán las huchas que se distribuyeron al inicio de Cuaresma. Enmarcadas en la dinámica ‘Ayuna, Comparte y Ora’, el dinero recaudado irá destinado a los siguientes proyectos:

En nuestra diócesis:

Residencia sacerdotal Virgen Bien Aparecida: ubicada en Corbán, se abrió hace 15 años, para sacerdotes jubilados con necesidad de atención. En la actualidad hay 20 residentes.
Proyecto Noray, de Cáritas Diocesana de Santander: trabaja con infancia en situación de vulnerabilidad, en el Barrio Pesquero. Acompañan a los menores y a sus familias con el objetivo de frenar el proceso de transmisión intergeneracional de la pobreza.
Proyecto Hombre. Es un proyecto de integración sociolaboral para personas con problemas de adicciones. Apuestan por la inserción social y laboral de personas desfavorecidas ofreciendo itinerarios personalizados.

En países de misión:

Centro Zagal, de la Congregación Terciarios Capuchinos, en Costa de Marfil: centro de día destinado a la protección, formación y acceso al empleo de  niñas y jóvenes entre 13 y 25 años en riesgo de exclusión social.
Centro parroquial Higüey, en República Dominicana, para que la comunidad parroquial disponga de un lugar seguro, saludable y digno donde formar a la infancia, acompañar a las familias y sostener la vida comunitaria y de fe.

Proyecto Noray

Noray es uno de los proyectos diocesanos seleccionados para este año. Carlos Fernández San Julián, trabajador social del mismo, explica que «el proyecto Noray se enmarca en un programa más amplio, que es el de familias de Cáritas Diocesana de Santander, que tiene como objetivo contribuir al desarrollo integral de aquellas familias que se encuentran en situación de exclusión o vulnerabilidad. En concreto, Noray es un proyecto de infancia, para menores de 7 a 12 años».

Ubicado en la parroquia Nuestra Señora del Carmen del Barrio Pesquero, «nuestro objetivo es facilitar el desarrollo integral de estos niños vulnerables mediante actividades de apoyo escolar, y de ocio y tiempo libre. Todo ello como una forma de mitigar ese proceso de transmisión intergeneracional de la pobreza».

«Trabajando con las familias de estas zonas, tanto del Barrio Pesquero como de la calle Castilla-Hermida, nos damos cuenta de que su precariedad, tanto económica como social, de exclusión, se heredarán. Por eso, trabajamos para intentar frenar o paliar esa transmisión», insiste.

«Atendemos a 18 niños de 16 familias. Y lo hacemos con la ayuda de 12 voluntarios, que dedican su tiempo y sus conocimientos a estas familias y a sus niños. Yo me encargo del apoyo logístico, de la orientación psicoeducativa, pero el pilar son los voluntarios«, afirma.

«Otro pilar -añade- son los propios niños, las familias y la comunidad, porque el proyecto, que lleva funcionando un año y dos meses, está bastante asentado en la zona. En el barrio, todo el mundo conoce Noray. Y creo que eso es un éxito», asegura. «De hecho, tenemos lista de espera». Y es que «no podemos atender a más niños porque no tenemos suficientes voluntarios, a pesar de que el número es considerable».

Carlos reconoce que «estamos muy agradecidos a las contribuciones que nos llegan desde distintas parroquias. Un dinero que se usa sobre todo para comprar algún tipo de material didáctico o de ocio y tiempo libre que los niños puedan necesitar». «Pero -incide- la base de todo está en los voluntarios. Ese es el pilar», concluye.

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