Fundada en 1991, la Real Hermandad y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Salud y Soberano Poder y de Nuestra Señora de la Consolación Madre de la Iglesia de Santander es la segunda más joven de las penitenciales que procesionan este año. Como explica su anterior hermano mayor, Ignacio Carreras, “se fundó en la parroquia de Consolación. Y la fundamos porque queríamos dar testimonio público de nuestra fe en la calle, queríamos ofrecer una catequesis pública. Y hacerlo en la calle Alta, donde no había ninguna cofradía penitencial. Así que la fundamos con esa doble intención: promover la catequesis y la caridad tanto dentro como fuera de la parroquia”.
Su titular es el Cristo de la Salud. “Es el paso principal -señala-, el Cristo de la Salud en su segunda caída. Y con él desfilamos el Jueves Santo y el Viernes Santo en las procesiones generales”. Una imagen de 1992, que se encargó para la cofradía. Es una talla de Fernando Cruz Solís, apunta. “Se trata de un Cristo caído, arrodillado en el suelo, en la segunda caída. Lleva la cruz a cuestas, pero solamente el palo horizontal, que se llama Patibulum, que va sujeto a los dos brazos”, puntualiza.
El primer año, la imagen fue sacada a hombros. “Pero era muy pesada. Es una talla grande, toda de una pieza, en madera policromada. Desde el segundo año, saca en un paso a ruedas, y hace unos 4 años se hizo una nueva carroza. Durante todo el año permanece expuesta a la veneración popular en la iglesia de Consolación gozando de una gran devoción en toda la calle Alta y de distintos lugares de Santander”.
Procesión propia
“Nosotros tenemos una procesión propia”, comenta. “Es un desfile en el que salimos solos, en la noche del Jueves Santo, después de la general. Partimos a las 12 de la noche desde nuestra parroquia, con el Santísimo Cristo de la Paz, la imagen es portada por miembros de la Cofradía a hombros, hasta la catedral”.
Confiesa que es una procesión “muy emotiva, sobre todo por el silencio que nos acompaña, solo roto por las dos campanas que van tocando indistintamente como ‘clamor o doble’ que es una tradición solemne y lenta utilizada para anunciar una muerte, el traslado del cuerpo o invitar a una oración”.
“Bajamos procesionando por la rampa Sotileza, calle Cádiz, hasta la catedral. A las puertas nos espera el señor obispo. Una vez dentro, damos vuelta por el claustro, alumbrados por unos faroles que portamos en la mano. Nos recibe un coro, que entonan música sacra. Luego nos dirigimos ante el Monumento, para hacer una oración, y escuchar las palabras que nos dirige el obispo. Y, después, volvemos a Consolación”. “Lo cierto es que cada vez nos acompaña más gente”, asegura.
Salidas procesionales
Además de esta propia, que tiene lugar en la noche del Jueves Santo, la cofradía participa en los desfiles procesionales generales del Domingo de Ramos, Jueves y Viernes Santo, acompañados con su imagen titular del Cristo de la Salud en su segunda caída, y en el Domingo de Resurrección.
Los 75 miembros de la cofradía visten “hábito blanco, guantes blancos y capa y capuchón granate. Llevamos en la cintura una faja ancha de esparto, que es lo que nos caracteriza, además del medallón con el escudo de la Cofradía”, que es una corona de espinas y en su interior la Santa Cruz inclinada 45 grados a la izquierda. Encima, la corona Real.
En la salida del Jueves Santo por la tarde, desde hace 5 años, les acompaña la Agrupación Musical Virgen de la Amargura. En la del Viernes, sin música, la sección infantil desfila acompañando el paso del Cireneo. “No es nuestro -remarca-, sino de la Cofradía de la Inmaculada perteneciente a los padres Carmelitas. Pero hace unos diez años nos pidieron que lo sacásemos nosotros. Y eso hacemos. Nuestros pequeños, la sección infantil de la cofradía, van a ambos costados del paso. Y le seguimos la sección de adultos con nuestro Cristo. Así que vamos todos unidos”, concluye.
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