CATÓLICOS DE ASTURIAS – «La soledad afecta de manera muy clara e intensa al equilibrio y la salud mental»

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Este jueves, 23 de abril, se inauguraba en la parroquia de Santa Olaya de Gijón la segunda edición de su Semana Social, una iniciativa que, en esta ocasión, profundiza en un tema tan de actualidad y más en esta región de Asturias, tan acuciante como es la realidad de la soledad no deseada y la comunicación intergeneracional. La primera conferencia que tenía lugar en el Salón de Actos del Club de Natación Santa Olaya era la de Sebastián Mora, Sociólogo y profesor de la Universidad Pontificia de Comillas, en Madrid. Hablamos con él sobre el tema de su conferencia: «Solidaridad intergeneracional en el siglo de la soledad»

¿Qué entendemos por el término de solidaridad intergeneracional? 
En cierta medida se refiere a cómo, grupos colectivos de distintas generaciones, son afectados por la soledad. Eso sería una primera interpretación y una segunda que hemos abordado tiene que ver con cómo las distintas generaciones nos podemos cuidar unos a otros en nuestras soledades.
Clásicamente veíamos cómo las personas más jóvenes acompañaban la soledad de los mayores, pero ahora, en la realidad que vivimos, la soledad no deseada afecta también a las personas jóvenes y vemos cómo los mayores cuidan de esos jóvenes. La soledad afecta a todas las generaciones, ya no sólo clásicamente a las personas mayores y los jóvenes podemos acompañar la soledad de los mayores y los mayores la soledad de los jóvenes.

La soledad ya no es un mal que afecta solamente a la gente mayor, como en un primer momento podemos pensar.
No. Incluso la percepción de soledad es mayor en las personas jóvenes  que los mayores. Incluso aunque esos mayores no tengan tantas relaciones personales, existen muchos jóvenes que tienen sensación de soledad, aunque vivan entre un montón de gente. Y es un elemento tremendamente novedoso y tremendamente intenso en nuestra sociedad.

Sebastián Mora

¿Y cómo es esto posible? ¿Qué ha pasado para que se haya dado este cambio, precisamente España, un país tan familiar y sociable?
Bueno, yo creo que es una confluencia de distintas dinámicas y tendencias sociales. Yo creo que hay una dinámica en clave más de cultura cívica y es que hemos girado a una moral más individualista, donde el centro soy yo mismo y hay una cierta desvinculación del elemento familiar, colectivo, de la Iglesia. Por otro lado, ha habido y estamos sufriendo una gran transformación socioeconómica que nos lleva a un ritmo de productividad, de tener una dedicación al ámbito laboral más que al ámbito social o relacional. Y en tercer lugar, yo creo que han impactado también mucho las nuevas tecnologías, el mundo digital, donde podemos decir que estamos más conectados pero no más acompañados.

¿Qué problemas pueden venir derivados de la soledad?
Yo creo que en primer lugar hay un deterioro importante de lo que podemos denominar parámetros de salud mental. La soledad afecta de una manera muy clara, muy nítida y muy intensa al equilibrio y a la salud mental de las personas que vivimos en nuestra sociedad. En segundo lugar, afecta a la cultura cívica, a la cultura moral que tenemos  que nos hace enclave individualista renunciar a una comunidad, renunciar a construir sociedad, renunciar a comprometernos con la realidad de los otros. Y en tercer lugar, en clave digamos aristotélica, estamos  haciendo o perdiendo una profundidad importante en la dimensión antropológica. Aristóteles decía que somos personas sociales y cuando no vivimos esa socialización nos volvemos también más superficiales. Es decir, que impacta en la salud mental, impacta en la moral cívica y política de nuestras sociedades e impacta en nuestra dimensión antropológica.

En el fondo, entonces, es como ir en contra de nosotros mismos, de nuestra propia naturaleza.
El Papa Francisco decía en Fratelli Tutti que el individualismo es el virus más difícil de atajar y es un virus porque es, de alguna forma, una enfermedad autoinmune que parece que defendiéndonos a nosotros mismos en realidad nos estamos destruyendo a nosotros mismos.

El centro de escucha San Camilo que en Madrid es muy importante tiene en Asturias ahora su sede en la parroquia de Santa Olaya de Gijón, y pretende precisamente ayudar a paliar este problema de la soledad. También en Cáritas hay iniciativas en torno a este problema. Seguro que en Madrid hay propuestas muy interesantes y novedosas en torno a este ámbito.
Sí, bueno, hay bastantes iniciativas tanto públicas como privadas que tratan de paliar este elemento y lo que está surgiendo de una manera intencionada pero también sin mucha planificación son centros de diálogo y de deliberación pública. Es decir, no simplemente centros de escucha para personas que se puedan sentir más o menos aisladas o con alguna problemática concreta, sino espacios activos donde podamos sentarnos a dialogar y deliberar sin un carácter polarizador y sin tirarnos los vasos a la cabeza. Porque  la soledad evidentemente tiene un componente más físico de tener a alguien al lado, pero también tener un componente de aislamiento en el discurso y la deliberación pública. Y a mí me parece muy interesante que haya parroquias que están teniendo este espacio de deliberación, que simplemente consiste en tomar un café y hablar de alguna temática sin tener que ganar el debate, sin tener que buscar el voto del oponente, sin tratar de convencer al otro, sino exponer las ideas desde lo que somos, sentimos y experimentamos.

Trabajando también por luchar contra esa polarización tan evidente que divide la sociedad.
La sociedad está atravesada por la polarización y está atravesada en lo político, en lo religioso, en lo deportivo, en lo artístico, en lo estético y al final lo importante ya no pretende defender lo nuestro, que legítimamente tenemos el derecho y el deber de hacerlo, sino lo que hacemos es tirar al oponente. Yo muchas veces digo en el ámbito de mi experiencia cristiana católica, que me encuentro a muchas personas que, más que proclamar y predicar al Dios de Jesucristo lo que le interesa es criticar al de enfrente. Y yo creo que eso ni es sano socialmente ni es sano religiosamente.

 

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