CATÓLICOS DE ASTURIAS – 17 de mayo: Día de la Iglesia Diocesana. «La bendición del compartir»

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Este domingo celebramos el Día de la Iglesia diocesana, una jornada que, cada año, nos recuerda la importancia de ayudar en el sostenimiento de nuestra Iglesia más cercana. El lema de este año es «La bendición de compartir», que incide también en la solidaridad entre las parroquias con más habitantes y por tanto, con más medios, y aquellas más empobrecidas. Nuestra diócesis cuenta con 932 parroquias, muchas de ellas situadas en zonas rurales muy poco habitadas que suponen un tesoro espiritual para los fieles pero además, en muchas ocasiones, también son un tesoro artístico e histórico. ¿Cómo se mantienen? Hablamos con el Director del Secretariado de Obras Diocesanas del Arzobispado, el arquitecto Daniel Cortizo.

Si tuviera que describir los templos de nuestra diócesis con toda la variedad estilística e histórica que tienen, ¿cómo nos lo contaría? 
Efectivamente tenemos  un elenco de templos de muy distintas épocas. Desde el Prerrománico, donde estos templos se fueron construyendo bajo ese singular arte asturiano reconocido mundialmente, pero luego tenemos una buena cantidad de templos del Románico o el Gótico, con esa influencia que vino de Europa a través del Camino de Santiago. Y sobre todo tenemos diseminado por todo el territorio un montón de iglesias que pertenecen a ese Barroco que denominamos «Barroco rural asturiano», un Barroco sencillo y que es el que está más presente en nuestro territorio. También tenemos algunos ejemplos magníficos de arquitectura Renacentista, muy pocos pero algunos muy buenos y no podemos olvidar algunos ejemplos de arquitectura moderna. De hecho, el registro del Docomomo, que reconoce los valores de arquitectura del movimiento moderno, recoge entre ellas cuatro iglesias: tres en Oviedo y una en Avilés, concretamente la iglesia parroquial de San Pablo, de Efrén García. En Oviedo, la de San Pablo de La Argañosa, de Ignacio Castelao; la iglesia de San Juan Bautista en la Corredoria y la de Santiago de Godos, edificadas bajo el proyecto de Juan Vallaure.

Y haciendo una valoración general, ¿en qué estado diría que se encuentran nuestros templos?
En general tenemos una conservación aceptable. Es verdad que es desigual, especialmente en la zona rural, pues el mantenimiento es complicado. Cada vez hay más despoblación, menos gente y luego los sistemas de mantenimiento no son los de antes. Ya se sabe que antiguamente siempre había un paisano en el pueblo que se subía a retejar todos los años. Esto ahora es imposible, entre otras cosas por razones de seguridad y las labores de mantenimiento son muy costosas y complejas.

¿Cuáles son los principales problemas que sufren sus estructuras? En este aspecto aquí el clima tiene mucho que decir.
Sí, por supuesto. En especial, todos sabemos que  la parte que más sufre y que más pronto se deteriora siempre es la cubierta. Tenemos en general estas iglesias que pertenecen al ámbito rural, templos que están cubiertos con una estructura de madera tradicional, con una teja que, en la mayoría de los casos, se mueve  con la acción del viento, las lluvias penetran y se producen filtraciones que afectan a los elementos estructurales en algunos casos. Todo esto requiere un mantenimiento constante y no siempre es fácil ofrecerlo.

¿Cómo trabaja la diócesis en el mantenimiento de los templos?
Bueno, la diócesis no deja de ser una red de parroquias. Es cada una de las parroquias la que tiene que asumir la responsabilidad de este mantenimiento, esta conservación de sus templos. Cuentan para ello con el asesoramiento, por supuesto, del Arzobispado que lo que hace, de alguna manera, es centralizar esta supervisión de las labores de conservación de los templos. Para ello cuenta con la Oficina Técnica, en la que ofrecemos un asesoramiento a las parroquias, además de en algunos casos también incluso la redacción de proyectos o la dirección facultativa de las obras.

Daniel Cortizo

¿Qué pasos tienen que dar los párrocos para solicitar las obras?
Los pasos que cualquier ciudadano tiene que dar a la hora de enfrentarse a una obra: tiene que solicitar licencia municipal, por ejemplo y en algunos casos, la mayoría, tienen que solicitar también la autorización en otras instancias como la Consejería de Cultura, etcétera. En cuanto al Arzobispado, pues tenemos un sistema de autorización de obras. Hay una comisión, a este efecto, a la que se dirigen los informes de la Oficina Técnica y también de la Oficina de Bienes Culturales para su aprobación y los párrocos tienen que completar un formulario y con él y con unos presupuestos de obras se lleva a la Comisión para su autorización y se tramita la subvención que está establecida por el Arzobispado.

¿Cuál es la inversión que hace la diócesis cada año para el mantenimiento de sus templos?
La inversión en los últimos cinco años viene a ser de una media de unos 2,6 millones de euros. El último año, que ha sido un poco extraordinario en este sentido, hemos alcanzado la cifra de 3,3 millones de euros.

¿Es sencillo para los templos conseguir subvenciones?
La subvención que tienen a disposición del Arzobispado, la de diócesis, es una subvención muy sencilla de obtener. Hay un sistema y se financia hasta el 25 % con unos topes, en este caso para templos sería de 15.000 euros y esta subvención simplemente con rellenar el formulario y cumplir todos los trámites oportunos en el Arzobispado, se lleva a la Comisión, se autoriza y se concede la subvención. Es una ayuda que es bastante importante. Además de esto, pueden acudir, en la mayoría de los casos, si tienen una alta protección cultural reconocida por la Administración Pública, a las subvenciones ordinarias que todos los años convoca el Principado. Estas subvenciones  son en régimen de concurrencia competitiva y pueden alcanzar del orden de los 15.000 euros.

¿Alguna obra especial últimamente? 
La Iglesia no solamente tiene templos sino que tenemos casas rectorales y otra serie de instituciones. Un ejemplo es la Librería Diocesana. En Oviedo en los últimos años la Librería Diocesana se ha  trasladado al bajo de la parroquia de Santirso, en la Plaza de la Catedral, haciendo una obra de adecuación que creo que ha sido de gran éxito. Hemos hecho también una adecuación de la Librería Diocesana en Gijón. Además, hay otras obras especiales como la del Seminario, una obra importante en la que se renovó todo un pabellón para acoger la nueva residencia de los seminaristas. Centrándonos en templos, destacaría la renovación de la cobertura del Conventín de San Salvador, en Valdediós, una obra en la que hubo que hacer un trabajo de investigación importante, una obra muy delicada y que, bueno, yo creo que se logró un éxito con ella.
Pero por otro lado me gustaría hablar de una obra más sencilla, una intervención en parroquia como es, la obra de San Bartolomé de Miranda. Más que una obra, en realidad fue una concatenación de obras a lo largo de varios años. La destaco porque creo que es un ejemplo de actuación. A veces nos vemos ante una envergadura difícil de digerir en las obras que necesita una iglesia. Pero si esto se va planteando en fases, en distintos años, acudiendo a las distintas subvenciones o las distintas convocatorias que salen anualmente, se pueden ir sacando las cosas adelante. Esta es una parroquia en la que, literalmente, entraba el agua a mares dentro en la sacristía. Yo recuerdo que la primera vez que entré, en año 2018, la sacristía estaba completamente abierta y entraba el agua a chorros. Aparte había una afección importante  de carcoma. En fin, una ruina completa. Parecía imposible recuperar esa iglesia y ahora mismo, sin embargo, está a punto de recuperar el culto gracias a estas intervenciones que se han ido haciendo. Se renovó toda la cubierta y se hicieron una serie de actuaciones que van a garantizar la habitabilidad y la funcionalidad del edificio.

¿Próximos retos para la diócesis?
Bueno el principal es fortalecer la fe porque la fe mueve montañas y si es capaz de construir iglesias, cuánto menos de conservarlas. Siempre pienso que es un reto la conservación de las iglesias pero luego, cuando me sitúo delante de una pienso ¿Quién la construyó? Cuando lo hicieron, los recursos seguramente eran mucho más limitados, los vecinos no eran muchos más o a lo mejor eran incluso menos de los que hay ahora y, sin embargo, fueron capaces de levantarla. ¿Qué les movió a enfrentar un proyecto de semejante envergadura? Pues probablemente ese entender que hacer un templo en su pueblo es darle una casa a Dios en su pueblo y de esta manera hacer a Dios su vecino. Yo soy franciscano seglar y siempre pienso que la primera acción que hizo San Francisco de Asís fue justamente reparar iglesias. Ahí está la importancia de tener ese templo que no es un lugar donde se reúne la comunidad, sino que además es la casa de Dios.

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