La diócesis de Valencia ha celebrado este jueves la festividad de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote con una jornada de encuentro y fraternidad sacerdotal en el Seminario Mayor de Moncada, presidida por el Arzobispo de Valencia, Mons. Enrique Benavent, y marcada por el homenaje a los presbíteros que este año cumplen 25, 50 y 60 años de ordenación sacerdotal.
La celebración ha reunido a sacerdotes de distintas generaciones que han compartido recuerdos, experiencias y reflexiones sobre el ministerio vivido durante décadas en parroquias, comunidades, misiones y distintos ámbitos pastorales.
La jornada ha comenzado con la acogida y el rezo de la Hora Intermedia, seguido del acto de homenaje a los sacerdotes homenajeados y de la ponencia “El ser y misión del sacerdote en la Iglesia local”, impartida por José Vidal Talens. Posteriormente ha tenido lugar la celebración de la eucaristía y una comida de fraternidad.
Esta fiesta sacerdotal fue instituida por el venerable Arzobispo José María García La Higuera, y según Mons. Benavent, «ha arraigado hasta el punto de que moldea la espiritualidad sacerdotal del presbiterio diocesano, es una jornada de oración por la santificación de los sacerdotes. Seamos, santos, inocentes, sin mancha, para que cuando termine nuestra peregrinación y misión en este mundo, lleguemos a ser, como Cristo, encumbrados sobre el cielo, que lleguemos realmente a la meta de nuestra santidad».
El Arzobispo ha afirmado que «reflexionar sobre la identidad sacerdotal no es una afirmación ideológica. Nuestra identidad nos configura a Cristo, y eso significa que nuestra vida espiritual no tiene otro objetivo más que dejarnos transformar para que Él resplandezca en nuestra vida».
Mons. Benavent ha expresado que «este objetivo espiritual nos debe llevar a pensar que solo podemos encontrar la paz y la alegría en nuestro deseo de entregar la vida buscando únicamente la salvación de todos, porque el salvador del mundo es Cristo y no nosotros los salvadores del mundo. Vivir así es lo que nos da paz y lo que conserva la alegría en la vivencia de nuestro ministerio, a pesar de las dificultades que puedan aparecer.»
El Arzobispo ha enfatizado que «si profundizamos en esta identidad cristológica de nuestro ministerio, no lo viviremos con un formalismo, sino desde una profundidad espiritual. Todas las contraposiciones entre el sacerdocio antiguo y el nuevo son como una invitación a no quedarnos en lo externo. En la medida en que profundicemos en nuestra relación con el Señor, estaremos profundizando en nuestra identidad sacerdotal».
Al respecto ha añadido que «es también una invitación a profundizar en nuestra vida sacerdotal. Nuestro ser sacerdotes no es solo, ni en primer lugar, trabajo o misión. Vivimos en una cultura que imprime un ritmo a nuestra vida, que nos arrastra con demasiada frecuencia al activismo. Un sacerdote que se deja llevar por esta dinámica fácilmente acaba en el agotamiento exterior y, a menudo, en un vacío interior. Nuestra vida sacerdotal es más decisiva para el pueblo de Dios que el trabajo sacerdotal. No es para que vivamos el ministerio con autoridad para decir quién es buen cristiano y quién no lo es, sino que también nosotros estamos llamados cada día a ser mejores cristianos. Sólo quien vive su vida sacerdotal con humildad puede vivir su ministerio con caridad pastoral».
El Arzobispo ha profundizado en el sentido de la misión, que «no tiene como meta el éxito inmediato, sino en el fruto a largo plazo. Pero para vivir con esta esperanza, a veces tenemos que morir a nosotros mismos. Nuestra misión no es sólo trabajar por la Iglesia, sino a menudo sufrir por la Iglesia» y «superar miras humanas en nuestro ministerio».
Edgar Esteve: “Cada destino, cada comunidad y cada persona forman parte de estos 25 años de ministerio”
“Celebrar estos 25 años de ministerio supone, ante todo, una acción de gracias”. Así lo ha expresado el sacerdote Edgar Esteve, uno de los presbíteros que este año conmemoran sus bodas de plata sacerdotales en la diócesis de Valencia, durante la celebración de la festividad de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote en el Seminario Mayor de Moncada.
Ordenado en 2001 junto a la promoción conocida entonces como “los primeros sacerdotes del tercer milenio”, Esteve ha recordado con humor y emoción los años de seminario, “con toda nuestra juventud” y “muchísima ilusión”, antes de ser enviados “al monte de la vida pastoral”.
En su intervención ha evocado anécdotas de la etapa formativa, a los compañeros de curso y también a quienes compartieron camino y ya no están. Pero, sobre todo, quiso subrayar los pilares que, a su juicio, han sostenido estos 25 años de ministerio: “fidelidad a la Iglesia” y “profunda libertad interior”.
El sacerdote ha destacado igualmente la importancia de las comunidades parroquiales, las familias, los amigos y los compañeros del presbiterio en el ejercicio diario del sacerdocio. “Las personas con las que contactamos cada día nos hacen mejores personas y también mejores sacerdotes”, afirmó.
Pese al paso del tiempo, ha asegurado que tanto él como sus compañeros mantienen “ganas de trabajar, de acompañar y de hacer cosas”, además de una “visión optimista de la Iglesia y del ministerio”.
“Soy muy afortunado”, ha concluido Esteve, que definió el sacerdocio como la certeza de estar “viviendo lo que Dios ha pensado” para su vida.
JM Taberner: “debemos valorar el mundo laical, aunque nos cueste entenderlos y seguirlos, porque tienen tanto derecho como nosotros a vivir los tiempos que les toca vivir”
José María Taberner, en representación de los sacerdotes que cumplen 50 años de sacerdocio, ha recordado el contexto en el que recibieron la ordenación, marcado por profundos cambios sociales, políticos y eclesiales, “un tiempo en el que casi todo estaba patas arriba, incluida la identidad sacerdotal”.
Taberner ha subrayado la importancia de la fraternidad sacerdotal como una gracia que sostiene la vida y el ministerio de los presbíteros. “La mayor parte de los años de mi vida sacerdotal, he podido disfrutar de una sana fraternidad sacerdotal que a mí me ha cuidado, me ha acompañado y me ha mantenido en menos errores, en equivocarme menos veces”. Y ha señalado que la identidad de los sacerdotes no sólo reclama la relación con el Obispo y con los hermanos sacerdotes, sino también la relación con los fieles laicos. “A veces se produce un rechazo ante los nuevos movimientos por sospecha, por desconocimiento o por falta de confianza en la fe y en la corresponsabilidad del laicado. Creo que nosotros no somos quién para parar eso. Tenemos que estar ahí, por supuesto, acompañarlos, pero el espíritu sigue soplando hoy como hace 50 años”. En este sentido, ha invitado a los sacerdotes a «reconocer y valorar el mundo laical, aunque a veces nos cueste entenderlos y seguirlos, porque ellos tienen tantos derechos como nosotros a vivir los tiempos que les toca vivir”.
El sacerdote también ha compartido algunas experiencias personales que han sostenido su vida espiritual, como los retiros en monasterios de vida contemplativa y la devoción a la Virgen bajo distintas advocaciones y ha insistió en que “la vocación sacerdotal debe custodiarse y crecer desde la conversión, el servicio, la escucha”.
Manuel Piquer SJ: “Doy gracias a Dios porque todavía puedo seguir sirviendo”
Entre los sacerdotes homenajeados por sus 60 años de ministerio ha intervenido también el jesuita valenciano Manuel Piquer, de 92 años, que ha ofrecido un emotivo testimonio marcado por la misión, el mar y su larga experiencia pastoral en Brasil.
Piquer, que abandonó Valencia siendo muy joven y pasó gran parte de su vida fuera de España, ha recordado cómo llegó incluso a embarcarse durante tres años como marinero profesional para atender espiritualmente a trabajadores del mar. “Recorrí toda la costa de África, el Mediterráneo y el Atlántico”, ha explicado.
Posteriormente fue destinado al Sertão brasileño, donde conoció de cerca la pobreza extrema y las consecuencias de la sequía, antes de trasladarse a Recife, donde trabajó junto al arzobispo Hélder Câmara y desarrolló una intensa labor pastoral y universitaria vinculada a la filosofía social.
Actualmente continúa colaborando en la Catedral de Valencia, especialmente en el ministerio de la confesión. “Doy gracias a Dios porque todavía puedo seguir sirviendo”, ha señalado.
Pese a las enfermedades, Piquer ha asegurado vivir esta etapa con serenidad y gratitud. “Tengo 92 años y todavía no sé qué quiere Dios de mí”, ha afirmado con humor y emoción.
Vidal Talens: «En la crisis de fe que vivimos, debemos rodearnos de laicos con pasión evangelizadora»
En el acto el sacerdote José Vidal Talens ha ofrecido la ponencia ‘El ser y misión del sacerdote en la Iglesia local’, en la que ha destacado que “el sacerdote sin la comunidad eclesial y sin la comunidad a la que sirve no es nada, puesto que no es sacerdote para si solo y representa a Jesucristo delante de los fieles a los que sirve”. Vidal ha destacado la importancia de la “prioridad evangelizadora” a la hora de llevar a cabo la misión pastoral y ha destacado la importancia de la comunión sacerdotal: “tiene que haber un nuevo modo de vivir el sacerdocio en el que el sacerdote no trabaje solo sino en equipo y comunión con otros sacerdotes teniendo en cuenta que unidad sacerdotal no es lo mismo que uniformidad. Tampoco debe olvidar la vida de oración y la importancia de la Palabra de Dios”.
El sacerdote también ha destacado la importancia de la colaboración de los laicos y que no podemos “olvidar la secularización y la crisis de fe que vivimos, en la que debemos rodearnos de laicos con pasión evangelizadora”. “Algunos estudios hablan de que un acercamiento a los jóvenes, pero si vienen a las parroquias y no ven esa pasión evangelizadora irán a otras ofertas que hay en el mundo y elegirán otras cosas fuera de la Iglesia en lo que hoy podemos definir como supermercado espiritual”, ha explicado.
Asimismo, durante la mañana, la residencia sacerdotal Betania ha acogido también la celebración de la festividad de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote con una eucaristía presidida por el obispo auxiliar de Valencia, Mons. Arturo García, junto a sacerdotes mayores y dependientes de la diócesis.
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