El Papa León XIV ha publicado –y presentado personalmente– esta semana su primera Encíclica: «Magnifica Humanitas», en la que manifiesta la visión ética y moral de la Iglesia ante la actual revolución tecnológica, marcada por la revolución de la Inteligencia Artificial. El texto consta de una introducción, cinco capítulos, una conclusión y analiza temas tan interesantes y profundos como los riesgos del poder tecnocrático o la paz, el trabajo la justicia social. Desgranamos las ideas fundamentales de la misma y el contexto en el que ha sido presentada con el sacerdote D. David Cuenca, Director del Instituto diocesano de Teología y Pastoral San Juan Pablo II y profesor en el Seminario de Moral Social.
León XIV ha sido el primer Pontífice de la historia en presentar una encíclica personalmente. ¿Es este un gesto casual?
Yo creo que nada es casual en la Iglesia. Este es un documento de primer orden magisterial, es decir, se trata de la enseñanza personal de un Papa que es el encargado de guiarnos, de unirnos en la caridad, no sólo a los miembros de la Iglesia sino también a todas las personas de buena voluntad. Precisamente el Papa León XIV lleva el nombre del que fue el primer Papa podríamos decir, del «mundo social», que fue León XIII, que escribió esa gran primera Encíclica social: Rerum Novarum. Creo que el Papa la ha querido presentar personalmente porque quiere dejar marcada su impronta. Es decir, quiere dejar claro que esta encíclica va a ser un hito, una guía, un faro en los próximos años de por dónde debe de caminar la Iglesia en el ámbito social.
David Cuenca
Tampoco la fecha elegida es casualidad
Sí. Esta Encíclica se escribe en el 135 aniversario de la Rerum Novarum de 1891. A lo largo de la historia, en estos 135 años, todos los Papas en fechas señaladas han escrito también encíclicas sociales adecuándose al tiempo, a las circunstancias de cada momento, de cada lugar, para dar criterios actuación ante los problemas básicos de la sociedad en aquellas épocas. Un problema básico que estamos encontrando hoy en día es esta cuarta «Revolución Industrial», que así parece ser que se está denominando, que tiene que ver con la Inteligencia Artificial.
El hecho de que haya sido la Inteligencia Artificial (IA) el tema fundamental de la Encíclica ha sorprendido mucho, es un ámbito más bien técnico sobre el que podría pensarse que la Iglesia tiene poco que decir
Claro, pero la Iglesia vive en el mundo, vive en medio de la sociedad y tiene una palabra para todos los que vivimos en este mundo y sobre todo para ayudarnos a reorganizar esa escala de valores que a veces perdemos entre tanto dato y tanta noticia.
¿Qué peligros fundamentales señala el documento respecto a la IA?
El documento, como todo documento papal, esta muy organizado y sistematizado. Parte de una dicotomía, como una interpelación a la conciencia de la humanidad, nuestra conciencia como hombres y mujeres de este mundo. ¿Qué pretendemos? ¿Levantar una torre de Babel donde no haya ningún tipo de límite marcado, donde se sacrifica a los más débiles? ¿Donde hay una uniformidad de ideas, un lenguaje único que reduce a las personas a meros datos, matemáticos o algoritmos que nos deshumanizan o queremos construir una ciudad donde Dios y la humanidad caminen juntos?
En el documento se reconoce que la inteligencia artificial necesita unos criterios claros, que el centro sea siempre el bien de la persona humana, que tenemos unos límites que nos llevan precisamente a reconocer a Dios y al prójimo. Al final, no hay una crítica exacerbada a la IA, sino que lo que hace es intentar ponerla en su lugar. Por un lado quiere desenmascarar y desarmar la inteligencia artificial, porque habla de que hay unos nuevos monopolios que quieren concentrar este poder tecnológico en manos privadas, haciendo muy difícil su orientación o contribución al bien común. Y también sacarla de la lógica de la competencia que sea discutible u objeto de debate. No se trata de renunciar a la tecnología, porque está muy bien, sino de impedirle el dominio sobre lo humano.
El Papa habla de esa «cuarta revolución industrial» y de las desigualdades que se están dando en el mundo a pesar de ese desarrollo, poniendo el foco en la pobreza y en las personas más desamparadas.
Sí, el Papa viene a decir que el verdadero progreso nace siempre de «un corazón que esté abierto al otro», no de un algoritmo matemático o de una inteligencia que no sea humana. El Papa reconoce que en la humanidad tenemos un principio común, pues estamos creados a imagen y semejanza de Dios, que esa imagen es la de Jesucristo, que estamos abiertos unos a otros y que lo más importante siempre es el diálogo, la diplomacia y el perdón, que son mucho más eficaces para la construcción de cualquier avance tecnológico. Todos estamos llamados a custodiar la humanidad, eligiendo la lógica de la paz por encima de la fuerza, actuando con verdad, sobriedad, proximidad, cuidado. Todos estos son adjetivos que utiliza el Papa, que es por donde tiene que ir el nuevo lenguaje en la Iglesia, contemplando de alguna manera el rostro de Jesús en una «Magnífica Humanidad» que está por encima también de la era de la IA.
Más que los avances de la ciencia, lo importante es centrarse en el rostro humano que pide ser mirado. Debemos de cuidar más nuestras relaciones con ternura, con atención, con bondad. A mí se me ocurría el ejemplo de que, a veces, utilizamos la IA para hacer unos vídeos preciosos y mandárselos a nuestros seres queridos, pero luego no somos capaces de dedicarles un tiempo cuando están en el hospital enfermos o en una residencia porque están ancianos. O incluso preferimos ir al Chat GPT que crear desde lo más profundo del arte una buena música, una buena obra de arte pictórica, escultórica o arquitectónica. Al final lo profundo, la creación, la humanidad va a estar siempre por encima de un algoritmo.
Terminamos con una curiosidad y es que hay una frase de Tolkien que, en la obra El Señor de los Anillos pronuncia el mago Gandalf y que el Papa ha querido recoger. Parece más bien un «consejo» que el Pontífice nos quisiera trasladar.
Sí, a mí también me ha llamado mucho la atención. El Papa es, además de Teólogo, Matemático y pertenece a una orden religiosa, como son los agustinos. Esta obra tiene un gran trasfondo antropológico-cristiano. Es decir, percibe claramente el tema de la redención. Tiene un fondo muy cristológico, una cosmovisión de la vida muy cristológica. Y de hecho, lo que toma el Santo Padre del Señor de los Anillos, que puede verse en la tercera parte, «El retorno del rey» y que, por cierto, no aparece en la película sino sólo en el libro es, para mí que doy clase de Moral Social, la mejor definición que he leído sobre el principio de «Sostenibilidad», que el Papa le da otro nombre en la Encíclica y lo llama «Desarrollo Humano Integral». Que al final es el cuidar sin dominar el mundo que Dios ha puesto en nuestras manos, el cuidado de la Casa Común contribuyendo al Bien Común. Es decir, hacer fructificar lo que Dios ha puesto en nuestras manos sin degradarlo y dejar un futuro mejor para las próximas generaciones. Y dice: “No nos atañe a nosotros dominar todas las mareas del mundo, sino hacer lo que está en nuestras manos por el bien de los días que nos ha tocado vivir. Extirpando el mal en los campos que conocemos y dejando que los que vengan después tengan una tierra limpia para la labranza”. Ese es el principio de Sostenibilidad, que centra a la Humanidad, recordando que no todo hay que dejarlo en manos de los algoritmos. Por eso se llama Magnífica Humanidad. El tiro está centrado en la dignidad del ser humano creado en magnitud y similitud de Dios unido al cuidado de la Casa Común que Dios ha puesto en nuestras manos, que enlaza con Laudato si de Francisco y con Benedicto XVI de la Ecología Integral pero desde la Humanidad, desde nosotros mismos.
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