Parece posible.
Parece alcanzable.
Sientes que tienes las capacidades, las ganas, el corazón y la disposición para ello.
Y aun así… no sale.
Y entonces vuelves a preguntarte:
”¿Por qué, Señor?”
Porque si era algo bueno… ¿por qué no?
Si podía hacerlo… ¿por qué no?
Si mi corazón estaba dispuesto… ¿por qué no?
Y la respuesta, aunque cueste aceptarla, es esta:
Porque no todo lo bueno es lo que Dios quiere para ti.
Y no todo lo que hoy deseas es lo que más te ayudará a ser quien estás llamado a ser.
A veces algo puede parecer precioso, santo y perfecto a tus ojos… y, aun así, no ser el momento.
O no ser el camino.
O simplemente no ser para ti.
Y eso duele.
Porque nosotros queremos entender.
Queremos tener el control.
Queremos que las piezas encajen cuando nosotros queremos.
Pero Dios ve más lejos.
Muchísimo más lejos.
Él ve personas que todavía no has conocido.
Puertas que todavía no se han abierto.
Versiones de ti que todavía no existen.
Y, sobre todo, ve el corazón en el que te estás convirtiendo.
Porque si somos sinceros…
¿Eres la misma persona que eras hace unos años?
No.
Hay heridas que te han hecho más fuerte.
Hay decepciones que te han hecho más humilde.
Hay puertas cerradas que te han llevado a lugares que nunca habrías imaginado.
Y hay lágrimas que te han acercado más a Dios que muchos momentos de alegría.
Porque hay cosas que solo se entienden después de haberlas llorado delante del Señor.
Y hay cruces que, con el tiempo, descubres que eran el abrazo de Dios llevándote por un camino mejor.
Por eso, muchas veces, el verdadero milagro no es que Dios cambie las circunstancias.
El verdadero milagro es que te cambia a ti en medio de ellas.
Porque si todo hubiera salido siempre como tú querías…
Quizá nunca habrías aprendido a confiar.
Quizá nunca habrías aprendido a soltar.
Quizá nunca habrías descubierto la fuerza que llevabas dentro.
Y quizá nunca te habrías acercado tanto a Dios.
Hay veces que rezamos para que Dios cambie nuestra situación.
Y Él, con infinita delicadeza, empieza a cambiar nuestro corazón.
Hay veces que le pedimos respuestas.
Y Él nos enseña a confiar.
Hay veces que le pedimos certezas.
Y Él nos regala algo mucho más grande: la paz de saber que, aunque no entendamos el camino, Él sí lo entiende.
Porque Dios nunca escribe capítulos vacíos.
Incluso las páginas que más te duelen están llenas de un amor que todavía no eres capaz de descubrir.
Por eso, si hoy estás viviendo algo que no comprendes, tranquilo.
No todo necesita una respuesta inmediata.
No todo tiene que tener sentido ahora.
La fe también consiste en caminar cuando todavía no ves el final del camino.
En seguir rezando cuando no entiendes.
En seguir confiando cuando las cosas no salen como tú habías imaginado.
Porque quizá, dentro de unos años, mirarás atrás y dirás:
“Ahora lo entiendo.”
Ahora entiendo por qué aquella puerta se cerró.
Ahora entiendo por qué aquella persona se fue.
Ahora entiendo por qué aquello que tanto deseaba no salió.
Porque si hubiera salido como yo quería, hoy no sería quien soy.
Y descubrirás algo precioso:
Que Dios nunca te quitó algo bueno para dejarte con las manos vacías.
Te estaba preparando las manos para algo mejor.
Y quizá eso que hoy te duele tanto, un día será una de las razones por las que más le darás gracias.
Porque entenderás que, mientras tú luchabas por no perder algo, Dios estaba luchando por no perderte a ti.
Por eso, la próxima vez que te preguntes:
”¿Por qué me está pasando esto?”
Prueba a preguntarte algo distinto:
“Señor, ¿qué quieres enseñarme con esto?”
Porque cuando cambias la pregunta, muchas veces empieza a cambiar también el corazón.
Y cuando el corazón cambia, descubres algo que vale más que todas las respuestas:
Que puedes no entender el porqué de muchas cosas…
Y aun así, confiar.
Porque no caminas solo.
Y porque, aunque ahora no lo veas, Dios ya está haciendo algo precioso con aquello que hoy tanto te cuesta comprender.
Y si alguna vez vuelves a sentir que todo se derrumba, recuerda esto:
A veces Dios permite que algunos planes se rompan, porque conoce los sueños mucho más grandes que tiene preparados para ti.
Y aunque hoy solo veas una herida, Él ya está viendo la persona hermosa que nacerá de ella.
Alberto Segovia
La entrada ¿Por qué?<br/><span class=”autorcontitulo”><span class=”sinautor”>Sin Autor</span></span> se publicó primero en Jóvenes Católicos.
————————————————————————————————————————————————————————————
El anterior contenido fue publicado en: