A medida que pasan los días, los peregrinos que viajaron a Madrid para asistir a la Misa que presidió el Papa León XIV en la plaza de Cibeles van asimilando la experiencia vivida. Esto es lo que les ocurre a Justo Inguanzo y Mari Cruz Lorenzo, delegados diocesanos de Familia y Vida. Para ambos, la primera vez que asistían a un encuentro con el Santo Padre.
Como explica Justo, “en el viaje a Madrid no hemos tenido un lugar de recogimiento concreto, simplemente oraciones durante el viaje, como el rezo del rosario… Pero sí que se notó la presencia del Espíritu de Dios. Y es que, a pesar de no conocernos, tanto en el viaje durante como la estancia, no extrañamos nada. Parecía como si nos conocíamos desde hace años. Y es que tenemos un mismo espíritu, nos sentimos unidos. Desde el respeto, cada uno aportó aquello que tenía y que le hace diferente. Y en esta unidad hemos crecido también en la Fe. Al final somos hijos de un mismo Dios, y eso nos hace luchar por un mismo objetivo: cambiar nuestra sociedad y hacer prevalecer en ella el amor y la paz”.
Confirma que en Madrid “participamos de una Iglesia que sale de la local, de la diocesana, de la nacional, para llegar a la Iglesia Universal. Y fue entonces cuando nos dimos cuenta de que nuestra Iglesia es muy grande, y tomamos conciencia de lo pequeños que somos. Pero gracias a infinidad de granos de arena se forma una playa”, asegura.
Reconoce que, en Madrid, “disfrutamos con las palabras del Papa, que nos dijo cosas como: ‘Reviste particular importancia la Familia, realidad humana primera y fundamento natural de la comunidad. En el hogar se entrelazan las generaciones y se transmite una memoria viva que da continuidad interior a la sociedad. Allí donde la familia es sostenida, se fortalece también la estabilidad espiritual y social de las naciones. La familia será siempre la primera escuela de humanidad en la que se aprende, antes que, en cualquier otro lugar, la gramática elemental de la convivencia: recibir la vida, cuidar al otro, perdonar, servir y pertenecer’. Esto nos interpeló especialmente”.
“También nos hizo reflexionar”, añade, “cuando dijo: ‘Hacer que lo posible sea justo y lo legal sea verdaderamente humano. La tecnología, en sí misma, no es neutral, cuando toma el rostro de quien la financia. Si la vida deja de ser reconocida como valor fundamental, ¿dónde vamos a llegar? Toda vida humana debe de ser custodiada desde la concepción hasta su ocaso natural. El bien común es la forma social de la dignidad humana’”.
Y es que, afirma, “con frases como estas, León XIV nos ha dejado un mensaje profundo, intenso y lleno de trabajo a la delegación de Familia y Vida, a la cual representamos y servimos”.
Por eso, concluye manifestando: “damos gracias al Santo Padre por estas palabras, y a nuestro Señor Jesús por habernos ayudado a salir de nuestra zona de confort y enviarnos a vivir esta experiencia”.
————————————————————————————————————————————————————————————
El anterior contenido fue publicado en: