CATÓLICOS EN MADRID – ¿Qué haces y qué estás dispuesto hacer?Fernando Gallego

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La mayoría de nosotros, por no decir todos, hemos empezado este tiempo de vacaciones que -como ocurre en casi todos los inicios- está lleno de ilusión y deseos y es una cosa muy buena tener deseos y deseos buenos, pero lo primero es preguntarse: ¿Qué tal ya llevas los primeros días de vacaciones? ¿Ya te has dejado arrastrar por la rutina veraniega? Levantarse, horas interminables en la playa o en la piscina, siestuqui y acostarte a horas desconocidas durante el curso.

La verdad es que tenemos derecho a descansar, abandonar los libros y cuadernos y disfrutar de estos días libres, pero ¿Debe ser ese nuestro planteamiento? ¿Tenemos que dejarnos llevar por esas rutinas? Lo primero que tenemos que ser conscientes es que, en verano, como en cualquier época del año, no perdemos nuestra condición de ser hijos de Dios. Debemos disfrutar y pasarlo bien, pero sin perder ni nuestra identidad o dignidad de ser hijos de Dios. Esto es, y ya nos adentramos en los deberíamos hacer, no perder la vida de la Gracia.

Dios vive en cada uno de nosotros, también en vacaciones. Dios no se ha ido a navegar a Sanxenxo o subir las montañas de los Alpes. Él sigue queriendo tener su morada en el corazón de cada uno de sus hijos, es decir, en el tuyo y eso supone custodiar la presencia de Dios. Por eso es bueno preguntarse si al plan que hoy voy hacer puede venir Dios conmigo.

En esto no podemos engañarnos pensando que seguramente no va a pasar nada porque sabemos que el mal es muy listo y quiere engañarnos. Lo peor no es que el mal nos engañe, sino que nos engañemos nosotros mismos. Es una pena que, en ocasiones, juguemos al escondite con nosotros por ser incapaces de enfrentarnos a la verdad: ese plan no es para mi o ese plan sería muy bueno para mí, pero me da pereza.

De todos modos, no podemos olvidar que, si caemos o tropezamos en los días de verano, todo tiene solución porque Dios siempre nos espera para poder perdonar nuestros tropiezos. No dejemos el sacramento de la penitencia. En alguna ocasión puede que cueste un poco más porque es más difícil localizar un sacerdote y entonces habrá que poner más medios y valorar lo que tenemos durante el curso: ¡Que suerte, Jesús, que siempre estés disponible durante al año para perdonarme! Serán estas confesiones puntos de inflexión para seguir creciendo.

Por eso, ha llegado el momento de preguntarse ¿Qué me gustaría hacer este verano? Ya hemos dicho que descansar, pero ¿Solo eso? Quiero proponerte un reto: ¡Crecer como hija de Dios!, cultivar tu trato con Dios y con los demás. Es decir, ser capaz de amar a Dios y a los demás con más intensidad.

¿No crees que sería una pena que ahora que tienes más tiempo descuidaras tu vida interior? Como hemos dicho antes con la confesión es verdad que hay circunstancias más desfavorables, pero otras que no lo son. Tienes más dificultad para encontrar un Sagrario o un sacerdote, pero a la vez tienes mucho más tiempo disponible.

La gran pregunta es ¿Qué estas dispuesto hacer para cuidar tu trato con Dios? Pero no sólo eso, sino también tu trato con los demás. Ahora vas a estar más tiempo con tus padres o hermanos y en un ambiente diferente con tus amigas y amigos ¿Cómo los vas a tratar? Hay personas que en verano sólo piensan en su sofá y en hablar con su móvil. Dan algo de pena cómo se le van días enteros sin haberlos aprovechado. Días que nunca más volverán. Es un gran momento para hacer planes diferentes con la familia, enriquecer y profundizar en la amistad con las amigas. Preguntarse ¿Qué puede hacer hoy por los demás?

Cada día es una oportunidad que nos da Dios para amar. Es decir, levantarse del sillón y preguntar ¿En qué te puedo ayudar? No podemos olvidar que no sólo estamos de vacaciones nosotros, sino los demás. Hay ocasiones que algunos padres dicen ya en los primeros días de Julio: ¡Ojalá llegue pronto septiembre porque sólo hago de taxista con mis hijos! Todos tienen derecho a descansar y tus padres los primeros

Cuidarse como hijo de Dios supone cuidarse también humanamente. Es decir, aprovechar para mejorar en tu formación humana o profesional. Hay personas, como me contaba una chica en junio, que se han propuesto aprender a tocar la guitarra u otra que se iba ir unos días a Alemania para mejorar su alemán: ¿Tú, qué vas hacer? Si a lo mejor no tienes ningún plan te aconsejo por lo menos uno que está al alcance de todos: leer un buen libro.

No quería terminar sin darte el consejo de los consejos para este verano. Vas a ver que no es nada nuevo, pero es que siempre es útil y conveniente: cuida tu oración. En esos momentos, si eres sincera contigo misma y con Dios, te darás cuenta de cómo vas y cómo van trascurriendo estos días. Apreciarás que Dios te ama cada día y que espera mucho de ti. Muchas veces nos quejamos de cómo está el mundo, pero no podemos olvidar que somos los hombres quienes cada día construimos que sea mejor o peor. Puede que no te salga una oración muy profunda, pero siempre te puede salir una oración vocal. Quien no reza al final se da cuenta de que ha abandonado a Dios.

¡Que suerte tenemos de poder descansar y disfrutar de estos días tan estupendos que nos permiten tantas cosas! Agradezcamos esto al Señor aprovechándolos

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