CATÓLICOS DE ASTURIAS – Una radio por la dignidad, en Santo Domingo

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En la foto, el P. Gullón, a la derecha, con un grupo de voluntarios ante Radio Seibo

 

El pasado lunes, 27 de julio, como siempre en torno a la festividad de San Melchor de Quirós, que se celebra el día 28, un grupo de misioneros asturianos y de colaboradores de la Delegación episcopal de Misiones, acompañados por el Arzobispo de Oviedo, Mons. Jesús Sanz Montes, se reunieron para celebrar una jornada de convivencia, que en esta ocasión tuvo lugar en el Santuario de Nuestra Señora del Acebo (Cangas del Narcea), con motivo de su Año Santo.

Entre ellos se encontraba el padre Miguel Ángel Gullón OP, religioso dominico asturiano, natural de Colunga, que vive y trabaja en la República Dominicana. Su labor es variada y tan peculiar como que, entre sus obligaciones, se encuentra la de dirigir una emisora de radio: Radio Seibo. En realidad no es tan original como pudiera parecer. En muchos territorios de misión una radio puede suponer una herramienta de evangelización y ayuda tan potente como un ejército de misioneros. Quizá no tanto, pero lo cierto es que la radio ofrece compañía, ofrece información –fundamental–, y ofrece ayuda de mil maneras posibles. Y tener un pequeño aparato de radio en casa es bastante común, incluso donde no llegan otras tecnologías.

El P. Gullón, a la izquierda del Arzobispo, en el encuentro de misioneros el pasado lunes

La visión de poner en marcha una radio la tuvieron los propios dominicos que estaban en la zona, en los años 70 del pasado siglo. La emisora recibe el nombre de la provincia en la que se encuentra, el Seibo, situada en la zona oriental del país. Una región predominantemente agrícola, con campesinos que viven del cultivo de la caña de azúcar. «El lema de la radio es En sintonía con la dignidad«, explica el propio misionero. «Siendo fieles a la herencia que dejó la primera comunidad dominica que llegó a la isla, hace 500 años, cuando defendieron que los hombres que allí habitaban tenían una dignidad, en contra de lo que sostenían los gobernantes, que aseguraban que los nativos no tenían alma racional». «Intentamos seguir esa estela –explica– luchando por la dignidad, y las tres «T» que la sustentan: tierra, techo y trabajo. Y por ello acompañamos a las familias de la provincia de El Seibo y de toda la isla, porque hay mucha población en la zona, tanto haitiana como dominicana».

«Ya desde el año 1510 los dominicos levantaron la voz al ver la situación de violación de la dignidad de los indígenas», recuerda el padre Miguel Ángel, mencionando también a la Escuela de Salamanca, de la que se están celebrando sus 500 años de historia, donde el también fraile dominico Francisco de Vitoria «tomó el testimonio de sus hermanos dominicos y elevó la voz en Valladolid para apoyar a fray Bartolomé de las Casas en su controversia con Ginés de Sepúlveda, abogado de la Corona, que decía que quienes allí vivían no tenían alma. El propio Papa León XIV lo ha recordado en el Congreso durante su visita apostólica a España: la Escuela de Salamanca, dominicos y jesuitas, hablaron de justicia, de dignidad y sentaron las bases del actual Derecho Internacional defendiendo, entre otras cosas, los derechos naturales de los indígenas».

Pero, además de la radio, son muchos los proyectos que los dominicos llevan a cabo en la provincia, y todos como «familia dominica», puesto que trabajan junto a las religiosas Dominicas del Rosario, los laicos y los frailes. «Sólo nos faltan las monjas de clausura», dice.

«Las Dominicas tienen una escuela, El Rosario, con 800 niños y niñas. Además, llevamos conjuntamente un Centro de Salud, creado hace 20 años, donde se da servicio de Medicina General, Ginecología, Pediatría, Laboratorio de Análisis, Farmacia y recientemente hemos puesto un banco de sangre porque la sangre allí se comercializa y hay que salir lejos a comprarla. Nuestro próximo objetivo es instalar un escáner», explica el misionero asturiano. La salud es una necesidad básica en la zona, más cuando varias medidas gubernamentales han dictado que no se reciba a los descendientes de haitianos, incluso aunque hayan nacido en el país. «En los hospitales públicos no se les recibe y si lo hacen, allí mismo los detienen para devolverlos a Haití», explica. «Nosotros en este centro de salud acogemos a todos, independientemente de su culto religioso y procedencia».

El proyecto «Virgen de Covadonga»

Creado hace años, el proyecto agropecuario «Virgen de Covadonga» ofrece trabajo tanto a dominicanos como a haitianos y produce hortalizas varias. «Hace un año justo creamos una alianza con la FAO y la ACNUR de Naciones Unidas para  tener piscicultura y producciones de pequeños vegetales para muchachos y muchachas descendientes de haitianos. Tenemos también ovejas, gallinas y el sueño de, aprovechando la fuente subterránea de agua, poder instalar una planta potabilizadora para comercializar el agua y sostener así todos los proyectos de la misión».

Con una familia, en Santo Domingo

Entre estos proyectos está la radio, creada hace ahora 54 años y con programas diversos como La palabra de Dios hoy, donde se lee el Evangelio y reflexiones de personas que las envían por escrito o por Whatsapp. «También hay espacios para jóvenes y para niños, es una emisora abierta», explica. «La radio nació para que las personas pudieran escuchar los mensajes, las noticias y para que fuera también compañía de las personas», en un territorio complejo donde no siempre es fácil llegar a todas las poblaciones.

«Hoy en día ya tenemos hasta Unidades Móviles para salir a comunicar lo que está pasando», explica el padre Gullón. La radio trabaja en conjunto con otras emisoras católicas en el país y lleva a cabo una importante labor de denuncia, especialmente en el acompañamiento a las familias dominicanas desalojadas de sus tierras. «Hay una compañía azucarera llamada Central Romana, cuyos dueños, por cierto, son descendientes de asturianos, de Noreña que después fueron a Cuba y luego a Estados Unidos, que cada cierto tiempo desaloja a grupos de familias para hacerse con más tierra», dice. La última vez, hace tan solo once meses, a las cinco de la mañana. «Se destruyeron sesenta viviendas de familias muy humildes, donde vivían niños que comenzaban esos días la escuela», explica, destacando que en Ginebra los dominicos tienen «una oficina ante las Naciones Unidas y las denuncias están puestas, porque queremos que, todo lo que se hace durante la noche, con cobardía, se sepa a la luz del día, para que la dignidad sea valorada y respetada».

Y es que la denuncia es fundamental. De hecho, gracias a esas Unidades Móviles han llegado a ir de madrugada para retransmitir en directo cuando iban a destruir las casas de las familias, pero «no nos queremos quedar sólo en eso.Intentamos acompañar y sobre todo, compartir su vida», explica el misionero, que recuerda que la labor sale adelante gracias también a benefactores españoles, entre los que se encuentran muchos asturianos: la Delegación de Misiones de la diócesis o parroquias asturianas como Ribadedeva, Caravia, Colunga o La Isla, además de la colaboración de numerosas ONG».

 

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