El Evangelio de este domingo invita a reconocer en la compasión de Dios la fuerza para perdonar y construir comunión, una llamada que Mariano Montero vincula con lo que la Diócesis de Salamanca se dispone a vivir del 17 al 20 de septiembre en la XVIII Semana de Pastoral

Este título parece una receta, ¿verdad? Pues tiene que ver con el Evangelio de este domingo y con lo que vamos a vivir esta semana como Iglesia de Salamanca.
La primera escena evangélica nos mete de lleno en el tema de fondo. Pedro pregunta: “¿Cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano, hasta siete veces?”. No lo dice porque sean exactamente siete, sino en el sentido bíblico de ese número, que significa “plenitud”; es decir, “muchas muchas veces”. Jesús, para que le quede más claro, responde: “Hasta setenta veces siete”, que traducido a nuestro lenguaje coloquial sería: “Todas las que hagan falta”; o, dicho con la jerga de los jóvenes: “Hasta el infinito y más allá”… Y esto sí que nos descoloca a todos, porque, con la mano en el corazón: ¿quién puede perdonar “hasta el infinito”?
En la parábola del evangelio de hoy, Jesús lo aclara: solo Dios puede. Como aquel Señor que perdonó a un hombre que le debía 10.000 “talentos”, que era una cantidad desorbitada (no había tanto oro en toda Palestina). Es decir, era una deuda impagable que nadie -solo Dios- podría cancelar. El Señor siente compasión y le perdona… Pero el hombre perdonado, luego no fue capaz de perdonar a su compañero la pequeña cantidad que le debía. Los dos endeudados suplicaron lo mismo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”. Pero quien había recibido la paciencia compasiva del Señor, no la tuvo con su hermano. La enseñanza es: solo el cristiano que asume con conciencia y agradecimiento lo que Dios Padre hace con él, será capaz de hacer lo mismo con sus hermanos, familiares y vecinos.
Jesús hoy nos viene a decir lo que dijo a la samaritana: “Si conocieras el don de Dios”… Tus relaciones serían más pacientes y compasivas, tu práctica de perdonar y dar otra oportunidad se multiplicaría, tu vida no sería un combate sino un compartir… La vivencia agradecida de la presencia de Dios en mi corazón es lo que me capacita para aprender “hasta el infinito” la comunión fraterna a la que estamos llamados. A ejemplo de nuestro Maestro y Señor: una escucha compasiva, una palabra que no pasa cuentas, una mirada que no juzga, una cercanía que no invade, una conversación sin máscaras, un perdón sin límites, un abrazo sin condiciones… “Lo que parece imposible para nosotros, es posible para Dios”. ¿Podremos caminar con esta fe?
Todos tenemos la oportunidad de hacerlo, en estos días que vienen, en la Semana Diocesana de Pastoral, completamente a tono con el mensaje evangélico. Mirad: La primera novedad es que empezaremos el jueves por la tarde con un retiro espiritual, permitiendo antes que nada que entre dentro de nosotros el Dios compasivo, que nos capacita para vivir como hermanos. Y la segunda novedad es que el sábado estamos llamados a vivir una experiencia sinodal –“caminar juntos”– para dar a luz las Orientaciones Pastorales Diocesanas que nos guiarán este curso, en diálogo y discernimiento compartido, con la diversidad y riqueza de todos los que somos Iglesia en Salamanca.
Pero ¿qué tiene que ver esto con el “fomo”? Esta es una expresión coloquial de los jóvenes de hoy. “Me da fomo” significa que siento que estoy a punto de perderme algo importante y valioso que va a pasar en relación con otros. Así que esto va para ti, si es que no te has inscrito: ¡Que el fomo te movilice!
Decídete a vivir todas tus relaciones desde la presencia de Dios en tu vida, y no te pierdas la oportunidad de participar en esta Semana Diocesana de Pastoral. Infórmate, inscríbete (este domingo es el último día) y disfruta del menú: “Dios compasivo, comunión diocesana y fomo movilizador”.
Mariano Montero, sacerdote Adsis, párroco de Santa Marta de Tormes
La comunión marcará el inicio del nuevo curso pastoral de la Diócesis de Salamanca
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