CATÓLICOS EN SALAMANCA – La prisión de Topas celebra la Merced con la primera Eucaristía presidida por el obispo de Salamanca

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Mons. José Luis Retana compartió la festividad de la patrona de las personas privadas de libertad junto a los internos, trabajadores y los equipos de Pastoral Penitenciaria y Cáritas diocesana, en una jornada marcada por la escucha, la cercanía y la esperanza

 

SERVICIO DIOCESANO DE COMUNICACIÓN

El centro penitenciario de Topas vivió este jueves, 24 de septiembre, una jornada especial con motivo de la festividad de Nuestra Señora de la Merced, patrona de las personas privadas de libertad. Por primera vez, el obispo de Salamanca, Mons. José Luis Retana, presidió la eucaristía en el centro penitenciario, acompañado por el nuevo capellán, Juan Andrés Martín, el vicario de Pastoral, Andrés González Buenadicha, y miembros de Pastoral Penitenciaria y Cáritas diocesana de Salamanca, así como representantes de la Diócesis de Zamora.

Uno de los internos de Topas coloca el leccionario en el ambón antes de la Eucaristía

Una celebración que rompió por unas horas la rutina de la prisión y que los propios internos llevaban días preparando. Algunos participaron activamente en la liturgia y en el coro. Entre ellos, un joven zamorano de 31 años, que lleva algo más de un año en Topas, reconocía estar “emocionado y nervioso” ante una jornada en la que, sobre todo, agradecía sentirse acompañado: “Toda compañía aquí siempre es bien recibida”.  Para él, la fiesta de la Merced es un día que “nos une a todos”, creyentes o no creyentes, y permite acercarse a la fe, al amor y a la hospitalidad.

Otro interno, natural de Sevilla, explicaba que llevaban varios días esperando la celebración y preparando el coro. Vinculado estrechamente a la Pastoral Penitenciaria, participa en las eucaristías dominicales y en otras actividades que se desarrollan en el centro. Desde su experiencia entre los muros de la prisión resumía en pocas palabras una de las claves de la jornada: “La esperanza no se puede perder”. Una esperanza que, aseguraba, les ayuda a mantenerse “animados y vivos, con ganas de hacer cosas”.

“El pasado no condena el futuro”

Precisamente la esperanza centró buena parte de la homilía de Mons. José Luis Retana, quien recordó que “la cárcel no es un territorio ajeno a la Iglesia” y dirigió un mensaje especialmente cercano a quienes cumplen condena en Topas. El obispo les invitó a no ceder a la desesperanza y recordó que “ningún ser humano coincide con lo que ha hecho” y que la justicia debe ser también un camino de reparación y reconciliación.

“La vida siempre merece la pena ser vivida y siempre hay esperanza para el futuro, incluso cuando todo parece desvanecerse”, señaló el prelado, quien reconoció también el sentimiento de quienes, desde prisión, se sienten juzgados o excluidos y desean volver a ser acogidos por la sociedad después de haber reparado sus errores.

Ante la imagen de Nuestra Señora de la Merced, presentó a María como “madre de la esperanza”, cercana especialmente a quienes atraviesan momentos de sufrimiento y dificultad. Y recordó a los internos que “los errores de la vida no determinan la identidad de una persona” y que “el pasado no condena el futuro”, sino que siempre existe la posibilidad de cambiar, reconciliarse y comenzar de nuevo.

“Dios te ama como eres, pero te sueña mejor”, repitió el obispo antes de encomendar a los internos a la intercesión de Nuestra Señora de la Merced y animarles a seguir mirando hacia el futuro.

Una Iglesia que escucha y acompaña

Al término de la celebración, Mons. José Luis Retana valoró especialmente la comunión vivida entre las diferentes instituciones presentes, Cáritas, Pastoral Penitenciaria y las diócesis de Salamanca y Zamora. Aunque ya había visitado anteriormente el centro, era la primera vez que acudía para celebrar allí la eucaristía.

El obispo situó esta presencia dentro del camino que quiere recorrer la Iglesia diocesana: “La escucha, la atención a las necesidades y la cercanía a los más necesitados”. Para Mons. Retana, este acompañamiento constituye “el mejor modo de decir a la gente que Dios los quiere y los salva”.

Una tarea en la que acaba de asumir una nueva responsabilidad el sacerdote diocesano, Juan Andrés Martín,  nombrado capellán del centro penitenciario de Topas. El sacerdote reconoció que se trata de una experiencia “totalmente inédita” para él, aunque afronta la misión acompañado por el equipo de Pastoral Penitenciaria.

Juan Andrés Martín es el nuevo capellán del Centro Penitenciario de Topas

Su primer contacto con el centro tuvo lugar el pasado 15 de septiembre, cuando pudo conocer al equipo directivo y visitar varios módulos. En esta festividad de la Merced, además de la celebración de la eucaristía, participó junto al resto del equipo en la visita a la enfermería y a diferentes módulos del centro.

Juan Andrés Martín afronta esta nueva etapa “con alegría y esperanza” y con el deseo de ir descubriendo las necesidades concretas de los internos. Además de las celebraciones eucarísticas, se estudiará la puesta en marcha de otras iniciativas, como la celebración de sacramentos o grupos de catequesis y de profundización en la Biblia.

“Acompañamos vidas”

Esa presencia dentro y fuera de la prisión se completa con la labor que desarrolla Cáritas Diocesana. Almudena Iglesias, miembro del equipo de intervención de Cáritas en prisión, explicó que su trabajo se basa fundamentalmente en el acompañamiento individualizado de las personas privadas de libertad, especialmente de aquellas que carecen de apoyos fuera del centro.

Almudena Iglesias, técnico de Cáritas diocesana de Salamanca en el centro penitenciario

“Acompañamos vidas, no solo en prisión, sino antes, durante y después”, señaló. Una atención que cobra especial importancia cuando llega la libertad, porque salir de prisión «no siempre es una buena noticia» si la persona no dispone de una red que la acoja y la sostenga.

Cáritas desarrolla también talleres y actividades grupales que, más allá de sus contenidos concretos, permiten estar cerca de los internos, escucharles y paliar algunos de los efectos de la vida en prisión.

Una labor que también destacó el director del centro penitenciario de Topas, Carlos García, quien calificó de “inestimable” la intervención de las entidades sociales y aseguró que actualmente no se pueden entender los centros penitenciarios sin la colaboración de organizaciones como Cáritas, Cruz Roja o Pastoral Penitenciaria. Su presencia, recordó, no termina dentro de prisión, sino que continúa en momentos como los permisos o la libertad condicional.

La importancia de la escucha

Carlos García, director del Centro Penitenciario de Topas

Para el director, una de las aportaciones fundamentales de Pastoral Penitenciaria es precisamente algo tan sencillo como escuchar. “Muchas veces los internos lo que quieren es hablar”, explicó, convencido de que el objetivo compartido por todos debe ser que, cuando recuperen la libertad, “salgan mejor de lo que entraron”. “Eso es una victoria de todos”.

 

 

Uno de los internos muestra la estampa con la oración a Nuestra Señora de la Merced, entregada por el nuevo capellán al término de la eucaristía.

 

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