CATÓLICOS EN FERROL – El P. Adolfo Lamata preside el acto de inauguración del curso del ITVR y la Escuela Regina Apostolorum

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Nuestro Superior Provincial, P. Adolfo Lamata, presidió ayer en Madrid el acto de inauguración del curso académico 2026-2027 del Instituto Teológico de Vida Religiosa (ITVR) y de la Escuela Regina Apostolorum (ERA), dos obras de la Provincia al servicio de la vida consagrada, y declaró oficialmente abierto el nuevo curso.

En su intervención, el P. Lamata expresó el compromiso de los Misioneros Claretianos de seguir caminando junto a las comunidades de vida consagrada mediante el acompañamiento espiritual, la iluminación doctrinal y el asesoramiento jurídico, “en el seno de la Iglesia y en camino con todos ustedes y las instituciones a las que pertenecen”, a las que agradeció sinceramente la confianza depositada en la institución.

Al tiempo, el misionero tuvo un agradecimiento particular hacia quienes han hecho posible esta andadura y, de modo especial, hacia el director saliente, P. Antonio Bellella. De cara al nuevo curso, manifestó los mejores deseos para el P. Antonio Sánchez Orantos, que asume la continuidad al frente de “esta labor que nos es tan propia”.

Gracia y responsabilidad ante un tiempo nuevo

El Provincial describió el comienzo de curso como “gracia y responsabilidad”: gracia, porque el Señor concede un nuevo tiempo para crecer en sabiduría, profundizar en la vocación y fortalecer la misión; responsabilidad, porque la formación teológica no es una acumulación de conocimientos, sino una respuesta a la llamada de Dios a servir mejor a la Iglesia y al mundo.

Buena parte de sus palabras estuvieron centradas en el momento cultural y tecnológico presente. Ante una inteligencia artificial que está modificando el modo de aprender, comunicarse y decidir, afirmó que la teología está llamada a ofrecer “una reflexión sapiencial que ayude a discernir qué significa seguir siendo auténticamente humanos”. En ese horizonte citó la encíclica del papa León XIV Magnifica humanitas: “La magnífica humanidad que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos”. La cuestión fundamental, señaló, no es solamente el avance de la tecnología, sino el tipo de humanidad que se desea construir. Así, a juicio del P. Adolfo, cada generación deberá decidir si el progreso se pondrá al servicio de la comunión entre las personas o terminará alejándolas unas de otras.

A esa tarea de decisión quieren contribuir el ITVR y la Escuela Regina Apostolorum, formando hombres y mujeres consagrados “capaces de pensar con profundidad, discernir con sabiduría y servir con generosidad”. La vida consagrada, añadió el religioso, sigue ofreciendo un testimonio profético que recuerda al mundo que la dignidad humana nunca puede reducirse a criterios de eficiencia, utilidad o productividad. Cerró su intervención confiando el curso a la acción del Espíritu Santo, fuente de sabiduría y discernimiento.

La lección inaugural, a cargo del P. Teodoro Bahillo

La lección inaugural del curso fue impartida por el P. Teodoro Bahillo Ruiz, vicario provincial y secretario de esta provincia, con el título Germen y madurez: el discernimiento eclesial de las asociaciones in itinere.

El P. Bahillo abordó una cuestión de plena actualidad eclesial, el cómo discierne la Iglesia la autenticidad de los nuevos carismas que todavía están en camino. Comenzó con la imagen evangélica de la semilla, “una promesa, no una certeza”, para recordar que toda forma de vida consagrada hoy consolidada fue antes un brote pequeño y frágil cuya autenticidad debía ser discernida. Basta recordar a san Benito en su cueva, a san Francisco antes de ver reconocida una Orden, a santa Teresa de Jesús con una reforma mirada durante años con cautela, o a santo Domingo y san Antonio M. Claret acompañados al principio por solo unos pocos.

Sobre ese fondo situó el tema de las asociaciones in itinere en el corazón mismo de la eclesiología, una máxima que versa entre la relación entre la libertad creadora del Espíritu Santo y la responsabilidad discerniente de la Iglesia. Recordó que en las últimas décadas han nacido numerosas fundaciones, comunidades y movimientos de fuerte vitalidad espiritual, notable atractivo vocacional y considerable capacidad apostólica, con trayectorias muy distintas. Algunas han alcanzado una fecunda estabilidad institucional, otras han atravesado crisis importantes y hay también quienes han sido objeto de profundas intervenciones eclesiales. El camino entre el nacimiento de un carisma y su reconocimiento definitivo, subrayó, rara vez es lineal.

De ahí, concluyó que el discernimiento de los carismas no es una tarea secundaria, sino una de las responsabilidades fundamentales de la Iglesia. La Iglesia no crea los carismas, pero tiene el deber de reconocerlos, de corregirlos cuando es necesario y, en ocasiones, de declarar que un determinado proyecto no manifiesta los signos suficientes de autenticidad eclesial.

Un curso «más allá del desierto»

Por su parte, el misionero al frente del ITVR y director de la ERA, P. Antonio Sánchez Orantos, presentó el marco del curso invitando a atravesar el desierto de la actual transformación de la vida religiosa “sostenidos por la promesa de Dios”, con una esperanza activa y una creatividad nacida de la escucha de la sabiduría divina y no de la ansiedad por sobrevivir. Pidió al claustro y a los alumnos un compromiso renovado con la calidad académica, llamó a un uso responsable y crítico de la inteligencia artificial en el estudio y la docencia, y reafirmó la tarea del Instituto de acompañar los procesos vitales de las personas consagradas.

La jornada se había abierto con la celebración de la Eucaristía, presidida por nuestro superior mayor, el P. Adolfo, en la memoria de santa Teresa del Niño Jesús, en la que se invitó a vivir el curso desde la sed de Dios: «Si alguno tiene sed, que venga a mí y beba» (Jn 7,37).

 

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