Mons. José Luis Retana presidió este domingo la eucaristía en el monasterio de las Franciscanas Descalzas de Salamanca, en la celebración de los 800 años del tránsito del santo de Asís
SERVICIO DIOCESANO DE COMUNICACIÓN
El obispo de Salamanca, Mons. José Luis Retana, presidió este domingo, 4 de octubre, la eucaristía con motivo de la festividad de san Francisco de Asís en el monasterio de las Franciscanas Descalzas de Salamanca. Una celebración que este año adquiere un significado especial al cumplirse 800 años del tránsito del santo de Asís, fallecido en 1226.
En su homilía, el prelado puso el acento en la vigencia del mensaje de san Francisco para la sociedad actual. “Celebramos los 800 años de su tránsito, no como un recuerdo del pasado, sino como una provocación para el presente”, afirmó, recuperando también una de las últimas expresiones atribuidas al santo: “Comencemos, hermanos, porque hasta ahora poco o nada hemos hecho”.
Mons. José Luis Retana recordó que la humanidad vive un tiempo de grandes avances y logros, pero también de profundas contradicciones, con “guerras que no cesan, desigualdades crecientes, fragmentación social, soledad interior”. Frente a esta realidad, situó la fraternidad como una de las grandes tareas pendientes: “El gran problema de nuestro tiempo es la falta de fraternidad”. Una fraternidad, precisó, que no puede quedarse en una idea romántica, sino que debe traducirse «en estructuras, relaciones y decisiones reales».
“No se trata de hacer más cosas, sino de ser de otra manera”
El obispo se detuvo también en la conversión de san Francisco y, especialmente, en su encuentro con el leproso, que definió no como un simple gesto moral, sino como “una transformación profunda de la mirada”. Francisco, explicó, “no cambió primero el mundo; cambió su corazón”, y desde esa conversión comenzó una nueva forma de afrontar la realidad.
Una experiencia que, a juicio del prelado, interpela especialmente a una cultura centrada en el hacer, la eficiencia y los resultados. “La verdadera transformación no nace del activismo, sino de un corazón convertido“, señaló, para advertir que “no se trata de hacer más cosas, sino de ser de otra manera”.
Esta conversión alcanza también a la relación con la creación. Mons. Retana vinculó la experiencia de san Francisco con la llamada a una “conversión ecológica“, recordando que la crisis contemporánea no es únicamente ambiental o social, sino también espiritual. El santo de Asís, indicó, vivió una relación de armonía con todo lo creado al reconocerse criatura y no dueño de cuanto le rodeaba.
Una fraternidad concreta
La fraternidad ocupó buena parte de la reflexión del obispo. Ante una sociedad “fragmentada, polarizada y muchas veces violenta”, señaló que Francisco propone una relación con los demás basada en reconocer al otro como hermano: “No se trata solo de tolerar, sino de acoger y de construir juntos”
El prelado aludió también a la paradoja de una humanidad cada vez más interconectada y que, al mismo tiempo, experimenta con fuerza el aislamiento y la fragmentación. Los conflictos armados, las crisis migratorias y la polarización política, social y cultural muestran, según indicó, que la fraternidad continúa siendo «una tarea pendiente a escala global».
En este contexto, insistió en que la propuesta de san Francisco no constituye “una utopía ingenua“, sino una alternativa que puede orientar las relaciones sociales, políticas y culturales. Una fraternidad que debe hacerse concreta en la vida cotidiana mediante “gestos reales de reconocimiento, acogida y cuidado del otro”.
“Comencemos”
Mons. Retana cerró su reflexión recuperando nuevamente una palabra de san Francisco: “Comencemos”. Una invitación que, explicó, no significa partir de cero, sino “volver al origen. Volver al Evangelio, volver a lo esencial, volver a la experiencia de un Dios que ama y transforma”.
“Francisco no busca admiradores, sino discípulos”, afirmó el obispo, quien animó a recorrer interiormente el camino del santo y a dejarse transformar por Dios para vivir en fraternidad. Porque, recordó, “el Evangelio nunca se agota”, “la conversión nunca termina” y “el amor siempre puede crecer”.
La celebración concluyó con la veneración de la reliquia de san Francisco de Asís, tal y como estaba previsto en los actos organizados con motivo de su festividad y del VIII centenario de su tránsito.

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