CATÓLICOS DE ASTURIAS – Formación Permanente del Clero: «El demonio del mediodía: recuperar la esperanza»

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«El demonio de mediodía: recuperar la esperanza. Signos de esperanza en la vida y misión del presbítero». Este era el título de la charla de Formación Permanente del Clero que tuvo lugar el pasado lunes, 5 de octubre, en el Seminario Metropolitano.

Impartida por el P. Roberto José Gutiérrez ocd, el religioso comenzó su intervención recordando que «ninguna motivación será suficiente para nuestro trabajo pastoral, para reformar nuestra vida, si no arde en los corazones el fuego del Espíritu Santo, ya que Él es el alma de la Iglesia». Por ello –afirmó–, es importante dejarse «renovar por el Espíritu para que tengamos una conciencia más clara de nuestra vocación y de la misión a la que somos llamados, y un renovado entusiasmo evangelizador. De esta manera, seremos testigos de la fe, portadores de la esperanza, en un mundo cansado y agobiado como el nuestro, y servidores del amor de Dios y de los hermanos, en un mundo dividido y violento».

Durante la charla, señaló que existen obstáculos para avanzar en el camino personal y ministerial. Obstáculos que en ocasiones vienen «de afuera», como las dificultades propias del ambiente social, político y económico en el que estamos inmersos y que conllevan grandes pruebas que incluso pueden traer persecución o incomprensiones, pero también existen los obstáculos «de dentro», procedentes de las propias incoherencias, tibiezas o cansancio.

Entre otras muchas cuestiones, el religioso desgranó el concepto de «acedia» un «nombre antiguo, enemigo silencioso de la vida espiritual y del ministerio sacerdotal», que «no hace ruido, no aparece en los titulares», pero que «puede vaciar lentamente el corazón del pastor hasta convertir el ministerio en una simple profesión».

El P. Roberto calificó la acedia como «el mal de la civilización moderna», que ataca tanto dentro como fuera de la Iglesia.

Se trata de un término muy antiguo, «nacido en el monacato cristiano de los primeros siglos, conocido como el demonio del mediodía». Y sin embargo, a pesar de la lejanía en el tiempo, este mal espiritual sigue presente en la actualidad, aunque «adopta formas modernas como la apatía, el vacío existencial, la dispersión y la incapacidad para comprometerse con aquello que da sentido a la vida», explicó. Es una «perdida del deseo de vivir con sentido», dijo, un estado en el que «nada parece motivarnos de verdad, todo nos aburre rápidamente y buscamos constantemente nuevas distracciones sin sentirnos plenamente satisfechos».

Los monjes del desierto, hace más de mil quinientos años, observaban que «hacia al mediodía, algunos experimentaban una profunda inquietud: querían abandonar su vocación, cambiar de lugar o buscar cualquier excusa para hacer otra cosa», explicó el religioso carmelita. «No era cansancio físico –decía–, sino un cansancio del alma». Hoy, sucede lo mismo aunque de otras maneras. «Vivimos rodeados de tecnología, entretenimiento e información. Podemos cambiar de video, de serie, de aplicación o de conversación en cuestión de segundos. Sin embargo, muchas personas sienten vacío, aburrimiento o la sensación de que nada termina de llenar sus expectativas».

La acedia puede atacar también al sacerdote, a pesar de que siga celebrando la eucaristía, predicando y trabajando. Su corazón puede estar «apagándose». «Debemos preguntarnos ¿Cómo está mi corazón? Porque Dios no necesita funcionarios del culto. Necesita pastores enamorados», resaltó.

«¿Cómo es posible que, teniendo tantas opciones, muchas personas se sientan menos satisfechas que nunca? –preguntó–. La respuesta es que la abundancia de estímulos no siempre produce una vida con significado. De hecho, cuando vivimos buscando únicamente placer inmediato o novedades constantes, podemos perder la capacidad de disfrutar de las cosas sencillas y de comprometernos con proyectos a largo plazo», explicó.

Tras una exhaustiva explicación del concepto de acedia, en las Sagradas Escrituras y en los escritos de algunos santos, el P. Roberto finalizó explicando, entre otras cosas que «el remedio» para acabar con ese cansancio es «volver al primer amor». «El sacerdote necesita volver una y otra vez al día de su llamada», dijo, «recordar el primer encuentro con Cristo». Y es que la acedia «siempre convence de que la solución está en cambiar de escenario», pero «el problema viaja con nosotros», dijo. Mencionó la importancia de no caer en el activismo, la rutina espiritual, la pérdida de la alegría o la búsqueda continua de compensaciones.

Y recordó a San Juan de la Cruz y su propuesta de un camino «cuando todo parece oscuro»: «No buscar experiencias. No multiplicar métodos. No perseguir emociones. Permanecer. Permanecer delante del Señor. Como el pobre que no tiene nada que ofrecer. Como el amigo que guarda silencio».

 

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