El obispo presidió en Alba de Tormes la misa pontifical en honor a la patrona de la diócesis, donde invitó a recuperar “una espiritualidad profunda que nos haga mirar al mundo con los ojos de Dios” y pidió rezar por la salud del papa León XIV
SERVICIO DIOCESANO DE COMUNICACIÓN
La confianza en Dios que marcó la vida de Santa Teresa de Jesús y su amor a la Iglesia centraron la homilía del obispo de Salamanca, Mons. José Luis Retana, durante la misa pontifical celebrada este jueves, 15 de octubre, en la iglesia de la Anunciación de Alba de Tormes, con motivo de la fiesta de la patrona diocesana.
El templo, donde descansan los restos de la Santa, se encontraba repleto de fieles y devotos, entre los que se encontraban los jóvenes salmantinos que están realizando la etapa propedéutica, de discernimiento de su vocación sacerdotal, acompañados por su rector, Fernando García Gutiérrez. A la celebración asistió también una amplia representación de autoridades civiles, políticas y religiosas.
Junto al obispo concelebraron el religioso reparador, Manuel Briñón, encargado de predicar la novena de este año; el párroco de Alba, Emilio Vicente de Paz; sacerdotes diocesanos, carmelitas descalzos y religiosos del Sagrado Corazón de Jesús.
Durante la eucaristía, Mons. José Luis Retana tuvo especialmente presente al papa León XIV, tras la intervención quirúrgica a la que fue sometido el pasado 13 de octubre y pidió a los fieles que sigan rezando por su salud y pronta recuperación.
“No se trata de hacer más cosas, sino de ser de otra manera”
El obispo comenzó su homilía con una mirada a la experiencia personal de Santa Teresa, a quien presentó como una mística que “sólo habla de lo que conoce por experiencia”. Precisamente ahí situó la actualidad de su testimonio, marcado por su profunda relación con Jesucristo, que fue el centro de toda su vida.
Para mostrar hasta dónde llegó ese camino de conversión, Mons. Retana se detuvo en el autorretrato que Teresa dejó escrito en mayo de 1581, a sus 66 años, un año antes de morir. En él, señaló, encontramos a una mujer “serenamente dueña de sí misma, en una armoniosa relación con los demás, en plena sintonía con Dios, mirando su futuro en paz”. Esta actitud fue identificada por el obispo con la verdadera sabiduría.
Pero alcanzar esa serenidad le llevó toda una vida, como recordó el obispo: “Teresa necesitó una conversión progresiva. No cambió primero el mundo; cambió su corazón”. Y, desde ahí, comenzó una nueva forma de afrontar la realidad”.
A partir de esta experiencia, Mons. Retana invitó a los fieles a revisar la manera de vivir actual, tan centrada en la actividad, la eficacia y los resultados. Frente a esa preocupación constante por hacer, recordó que “la verdadera transformación no nace del activismo, sino de un corazón convertido. No se trata de hacer más cosas, sino de ser de otra manera“.
El obispo de Salamanca advirtió que “la crisis de nuestro mundo no es solo social, sino espiritual”, porque se ha roto la relación con Dios, con los demás y con la creación. Ante una sociedad obsesionada por el poder, el éxito y la visibilidad, destacó que Teresa propone la pobreza y la humildad, no como una renuncia triste, sino como una forma de libertad y un camino hacia la verdad.
La oración, una amistad que le ayudó a confiar en Dios
Mons. Retana recordó que Teresa de Jesús tuvo que afrontar numerosas dificultades a lo largo de su vida, desde la muerte de su madre y las enfermedades que padeció hasta las limitaciones de su época y sus propias luchas interiores que marcaron su experiencia de fe.
La propia Teresa reconoció esa lucha en sus escritos: “Por una parte me llamaba Dios; por otra yo seguía al mundo”. Durante más de veinte años vivió lo que ella misma describió como un “mar tempestuoso”, del que pudo salir gracias a “estar arrimada a esta fuerte columna de la oración”.
Para Teresa, explicó el obispo, la oración era una relación de amistad con Dios, en la que fue aprendiendo a poner toda su confianza sin perder su propia autonomía e identidad. Desde su ejemplo, recordó que la fe cristiana es, ante todo, un encuentro personal con Jesucristo que hay que vivir y comunicar sin vergüenza ni miedo.
Y resaltó las palabras de Santa Teresa de Jesús, “En tiempos recios, amigos fuertes de Dios”, que consideró muy oportunas para animar hoy a los cristianos a no conformarse con una vida mediocre, sino a crecer en su amistad con Cristo y a llevar su amor a los demás.
La confianza sin reservas en Dios fue, según destacó Mons. Retana, uno de los rasgos fundamentales de la Santa. Cuando descubría cuál era la voluntad del Señor, nada la detenía. De esa confianza nacieron sus firmes convicciones, su valentía y su perseverancia. Por ello, insistió: “Necesitamos también nosotros una enorme confianza en Dios, sencilla y evangélica en estos tiempos de incertidumbre”.

Vivir la Iglesia desde el amor y la comunión
La última parte de la homilía estuvo dedicada al amor de Santa Teresa a la Iglesia. Mons. Retana recordó que vivió tiempos de profundas dificultades y tensiones eclesiales, pero su respuesta no fue apartarse de ella, sino trabajar por su renovación desde la oración y la entrega. “Santa Teresa nos invita a trabajar dentro de ella, en ella y por ella”, afirmó el obispo, que recordó que “el amor a Jesucristo, el seguimiento, se hace misión, se concreta y se prolonga en el amor a la Iglesia”.
También reconoció que la Iglesia es santa, pero que sus pecados hieren. Ante esa realidad, señaló que “no es lo mismo vivirlos desde la condena y la agresividad que desde el desvelo por algo que considero mío”.
Recordó, además, que Teresa de Jesús vivió intensamente las crisis eclesiales de su tiempo y llamó a quienes servían a Dios a permanecer unidas y sostenerse mutuamente. Ese amor a la Iglesia la acompañó hasta el final de su vida, cuando, en brazos de Ana de San Bartolomé, pronunció aquellas palabras: “En fin, Señor, muero hija de la Iglesia“.
Desde ese ejemplo, Mons. Retana invitó a confiar en el Espíritu Santo que continúa guiando y acompañando a la Iglesia, también en medio de las dificultades del mundo actual. “El Espíritu está en la Iglesia y no la abandona, produce santos y no deja de renovarla continuamente”, señaló.
Antes de concluir sus palabras animó a recuperar “una espiritualidad profunda que nos haga mirar al mundo con los ojos de Dios”, capaz de descubrir y “valorar todo lo bueno que hay a nuestro lado”, pero también reconocer a aquello que necesita cambiar y transformarlo desde el mensaje de Jesucristo.
Asimismo, invitó a dar gracias por la vida y la obra de Santa Teresa y a pedir, por su intercesión, que “seamos testigos alegres de la fe que profesamos en medio de nuestros ambientes”, en comunión con la Iglesia “y atentos a sus necesidades”.
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