Este domingo la Iglesia celebra el Domund o Domingo Mundial de las Misiones, en esta ocasión con el lema «Uno en Cristo. Unidos en la Misión». Una jornada para volver la mirada hacia la labor de los misioneros en el mundo, llevando la Buena Noticia del Evangelio allí donde más se necesita. Una labor que, en realidad, no corresponde exclusivamente a los misioneros, sino que todos los bautizados están llamados a participar en la misión de la Iglesia con su tiempo, su oración y, en este caso también, sus donativos.
España es uno de los países con mayor número de misioneros en el mundo. En la actualidad, cuenta con 9.482 misioneros de los cuales alrededor de un centenar son asturianos, que trabajan en 33 países diferentes. Es el caso de Sor Alejandrina Solís. Natural de Llanos, en el concejo de Aller, esta Hija de la Caridad que actualmente trabaja en el colegio Patronato de San José (Gijón), ha sido misionera durante muchos años en Guinea Ecuatorial y en el Chad. De hecho, continúa viajando al Chad por temporadas y colaborando con la misión de las Hijas de la Caridad allí. Así nos contaba su experiencia:
Sor Alejandrina, ¿echa de menos la misión?
¿Cómo no la voy a echar de menos? Forma parte de mi vida ya. Yo creo que no es cuestión de los años que puedas vivir allí, sino lo que supone para tu vida. Aunque regreses y vivas aquí, eso siempre forma parte de tu vida porque creo que la misión cambia, nos cambia. A mí, por lo menos, me ha cambiado la forma de entender la vida y de vivirla.
Después de tantos años en África y teniendo esa experiencia profunda de una realidad tan diferente, quizá cuando uno vuelve a España se piensa que estamos todos locos, con estas preocupaciones muchas veces tan superficiales.
Por supuesto. Es difícil que la gente lo entienda porque tu experiencia, la gente no la ha vivido y no tiene por qué tampoco entenderla. Pero una vez que vuelves, aquí te sobra, yo creo, prácticamente todo. Cuando has vivido con lo esencial, cuando has visto que la gente, sin tener muchísimas cosas de las que tenemos aquí, es súper feliz, pienso que la misión me ha enseñado a vivir de otra forma y cuando vuelves todo te sobra aquí. Solo con lo justo ya se puede vivir muy bien.
Ahora está en el Patronato de San José, en Gijón. ¿Le preguntan los niños por la vida en África?
Sí. El colegio Patronato de San José fue, en realidad, mi primer destino. Después de salir del seminario estuve 15 años aquí destinada en el Patronato de San José. Después tuve otro destino en Madrid y luego ya me fui a Guinea. Y cuando he vuelto, pues sí que alguna vez los niños me han preguntado qué diferencia notaba entre los niños de allí y ellos. Y yo les digo: «bueno, yo cuando estoy aquí con vosotros, para mí sois los más importantes». Pero sí que les cuento la realidad de allí. Lo poco que tienen y lo mucho que valoran, por ejemplo, el tema de la educación.
También, por ejemplo, la comida. Hubo un tiempo en que me tocaba bajar al comedor, aquí, y ¡cómo cuesta hacer que los niños coman y que no desperdicien la comida! Y claro, es inevitable que venga a mi mente pues la realidad de niños que no comen en todo el día, un día y otro. Y cuando un niño allí te dice «tengo hambre», es que tiene hambre de verdad porque no ha comido. Aquí, bueno, pues sabes que si no comen lo del mediodía van a comer en casa. Entonces el contraste es muy grande. Aquí tenemos que enseñarles a valorar lo que tienen y que sepan que hay otros niños que no tienen.
Ahora que estamos celebrando el Domund, que me imagino que en el colegio además están también con ello, ¿qué significa para usted esta jornada, habiendo tenido la experiencia de las misiones?
Para mí el Domund es muy importante. Cuando echas la mirada atrás, por ejemplo, ahora en este año que se celebra el centenario, yo tengo el recuerdo de niña en el colegio participando de estas campañas, saliendo a pedir con las huchas y los testimonios de los misioneros que venían al colegio. Siempre recuerdo a un misionero en concreto, misionero Paúl, que vino de la misión de Cuttack de la India. A mí me impactó muchísimo. Entonces, cuando podía participar en estas campañas del Domund, era como mi pequeña aportación a lo que yo todavía no podía llegar. Para mí yo creo que fue la semilla de la inquietud misionera, el haber ido participando en las campañas del Domund.
Cuéntenos de su experiencia, en primer lugar, en Guinea Ecuatorial, este país tan particular en África, el único en el que se habla español. Fue su primer destino. ¿Qué labor llevaba a cabo allí?
En Guinea tenemos dos comunidades. La primera está en Mykomesen, que llegaron las hermanas en 1980 y se encargaban principalmente del hospital y la leprosería, además de todo lo Pastoral. Y después ahora ya han ido cambiando las actividades que se realizan allí, los servicios que realizábamos. De la leprosería ya queda muy poquito y del hospital se ha hecho cargo del Gobierno. Las hermanas ahora tienen un centro de ancianos, personas mayores que no tienen quien las atienda y también tienen un centro de niños con discapacidades, así como la labor pastoral por supuesto y la atención a enfermos mentales.
Sin embargo, yo estuve destinada a Mokom, que es la otra comunidad que nació en 1987 –ya está a punto de cumplir 40 años–, y allí tenemos un colegio y un centro de salud de atención primaria. En el colegio, que cuando llegaron las hermanas empezó siendo una escuelita con un puñadito de niños, hoy tiene más de 500 alumnos que vienen de todos los poblados de alrededor. A lo largo de estos años, se han formado allí muchas generaciones de alumnos que hoy tienen un futuro mejor, una vida más digna, un trabajo.
Mi experiencia allí ha sido muy gratificante. Tuve que aprender, primero a escuchar, a ver, a conocer la cultura y a vivir de otra forma. Tengo un montón de recuerdos, de enseñanzas que te dan tanto los niños como las familias, como los profesores, los maestros, compañeros, porque allí no solo trabajamos las hermanas.Tenemos también la colaboración de profesionales de allí, la formación que se hace con los maestros y con el personal sanitario, que es muy importante.
Quisiera hacer aquí una mención especial a un grupo de personas que celebran 20 años de colaboración con la misión en Guinea. Todo partió de Maximín Pazos, de Mieres, que fue tres meses como voluntario. En aquel entonces nosotros teníamos, además del colegio, una escuela taller para los chicos, de albañilería y construcción. Este hombre hizo una labor extraordinaria con los chicos y cuando volvió a Asturias, su compromiso continuó. Con sus compañeros de trabajo y sus amistades, creó el grupo «Amigos de Asturias con Mokom». Desde ese año, han estado colaborando con las becas al estudio de chicos en la zona, con una media de 4.000 euros al año. Ha sido una gran apuesta por la educación como un camino de esperanza y de dignidad. Es de agradecer esta fidelidad, este compromiso, esta generosidad de este grupo que, con esta ayuda, está haciendo que muchos niños, niñas y jóvenes hoy tengan un futuro más digno, no tengan que abandonar su país y venir arriesgando su vida como le pasa a muchas personas como bien sabemos.
Su siguiente destino, el Chad, fue muy diferente, ya no solamente por el clima tan distinto, sino también porque tenía otras muchas necesidades.
Después de Guinea, en el 2016, estuve dos años destinada en el Colegio de la Milagrosa de Oviedo y recuerdo la campaña del Domund del 2017 que decía: «Se valiente, la misión te espera». Aquel lema empezó a resonar otra vez en mí, muy fuerte. Pensé que no podía dejar en olvido esa llamada y cuando pude hablé con la Provincial y me ofrecí otra vez para volver a misiones. Gracias a Dios la visitadora escuchó mi petición y me envió al Chad, que ya pertenece a nuestra provincia de España Norte. Y bueno, fue otra experiencia diferente, porque la realidad del Chad es diferente a la realidad de Guinea. El Chad es un país, pues yo diría, más pobre, a lo mejor debido al clima, desértico. Allí encontré más necesidades. Por ejemplo, muchos niños malnutridos que tenemos que atender. También la realidad de las escuelas es muy distinta. Son escuelas de paja, los niños están sentados sobre un palo. Es una situación más acuciante. Y aquí tengo que agradecer a la Delegación de Misiones de Asturias, porque durante varios años ha estado colaborando tanto en la misión de Guinea como en la misión del Chad. En el Chad, con el Centro de Niños Malnutridos. Y el año pasado concretamente, ayudaron con todos los gastos médicos de un niño de 12 años al que tuvieron que amputarle una pierna: hospitalización, operación, rehabilitación, prótesis. Porque yo siempre recuerdo que hablamos de «dinero» en el Domund, pero cuando tú estás allí, ese dinero, se convierte en esperanza de vida, en dignidad, en ilusión, por ejemplo en este último caso, en volver a caminar. Lo que para nosotros solo es dinero, allí es vida. Entonces sólo puedo agradecer la generosidad de todas las personas que colaboran en esta campaña y en todos los proyectos.
Junto con la educación, que es un poco como el punto fundamental en el que ustedes siempre han trabajado, también está la atención a la mujer, una labor muy importante en África.
Desde luego. La mujer es la que sostiene África. Hay un dicho allí que dice «mamá ha llegado, ya no hay hambre». Saben que mamá viene de la finca con el fruto de su trabajo. Sí es verdad que dedicamos muchos esfuerzos a la mujer: a la alfabetización, a la promoción, por ejemplo, en el personal que tenemos en los colegios o en los centros de salud, en nuestras casas. Por ejemplo el verano pasado, que estuve seis meses en el Chad, desde julio hasta diciembre, tuvimos un curso de alfabetización de mujeres en la misión. Eran admirables porque estas mujeres se levantan a las cuatro de la mañana, iban a la finca a trabajar hasta las once. Volvían a casa y a las tres de la tarde, hasta las seis, ahí estaban cada día en la clase de alfabetización. Qué gran deseo de superación, de promoción. Es una pena que falten tantos recursos humanos. Es lo que más necesitamos en la misión.
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