Este domingo, 25 de octubre, se celebra el Día de las Personas Sin Hogar. Con este motivo, Cáritas diocesana de Santander ha puesto en marcha la Campaña de Personas Sin Hogar, con el lema Un hogar es mucho más que un sitio donde vivir. Es un lugar al que pertenecer. El lanzamiento tendrá lugar este jueves 22, a las 12 horas, con la tradicional concentración en la Plaza Porticada de Santander. Una forma de hacer visible la realidad del sinhogarismo, y sensibilizar a la población sobre esta situación.
Lara Mazorra España, trabajadora social de la entidad, y técnico del Programa de Personas sin Hogar, explica que el sinhogarismo “es la situación de una persona, de una familia o de una unidad de convivencia que no puede acceder, de forma sostenida, a una vivienda digna y estable, y en un entorno comunitario. Y esto nos lleva a una situación de exclusión residencial”.
“El programa de Personas sin Hogar de Cáritas diocesana de Santander -comenta- nace en 1985, por lo que cuenta con más de 40 años de trayectoria, y ayuda a entender quiénes son y qué dificultades pasan estas personas”. Así, “atendemos a personas que se encuentran sin alojamiento, los sin techo, personas que pueden estar viviendo en un cajero, en un parque, en los soportales de un comercio, en una nave abandonada… Tienen que hacer lo que pueden: por ejemplo, recurrir a una gasolinera, a donde acuden los camioneros, y utilizar los servicios de duchas para poder asearse; o acuden a supermercados que todos conocemos, que disponen de comida preparada y un microondas para poder calentarla, y unas mesas para poder comer… Son personas que pasan las noches en un albergue, como el recurso de emergencia del centro de acogida Princesa Letizia, de Santander, o el albergue Hogar del Transeúnte de Torrelavega; pueden pasar cuatro días, en el caso de Santander, y siete en el de Torrelavega, pero el resto del día lo pasan en la calle”.
“Desde Cáritas, y desde el programa, -prosigue- acompañamos a personas que están en prisión y no cuentan con una vivienda una vez que han cumplido su pena. Y a personas que están ingresadas, y no tienen un alojamiento una vez que son dadas de alta”, alerta. “Esto último es muy frecuente. Recibimos llamadas de los servicios sanitarios trasladándonos la situación de una persona que ha estado en un proceso de enfermedad, o una intervención quirúrgica, pero que al alta no tiene dónde alojarse. Esto es verdaderamente alarmante”, insiste. “Y es muy, muy frecuente. Hace unos años, Cáritas lanzó una campaña que decía ‘cuando el alta médica no es una buena noticia’. Imaginaros lo que puede ser para una persona que ha pasado por un proceso de enfermedad y no tiene dónde ir”.
Lara reconoce que hay más hombres que mujeres en esta situación de sinhogarismo. “La vulnerabilidad a la que se exponen las mujeres al encontrarse en la calle es mayor: sufren más situaciones de violencia y de explotación. Por eso, recurren a otras estrategias para evitar llegar a la calle. A veces, relaciones afectivas no deseadas, o trabajos precarios, como interna a cambio de comida y alojamiento. Es decir, utilizan otros mecanismos antes de llegar a la situación de calle, por los peligros que entraña”.
Confiesa que “estas personas viven situaciones de vulnerabilidad complejas, y en la mayoría de los casos hay múltiples factores de riesgo que se retroalimentan y se cronifican. Uno de los principales es la dificultad en el acceso a una vivienda digna y estable. Esto es algo que Cáritas lleva constatando desde hace muchos años, haciendo hincapié en las dificultades de acceso a la vivienda para las personas que se encuentran en una situación de vulnerabilidad y de exclusión severa. Pero esto viene acompañado del hecho de que estas personas sufren la ausencia y la fragilidad de las redes de apoyo. Eso significa que, por lo general, no tienen a quién recurrir cuando les vienen mal dadas”.
“Cuando se tiene a alguien a quien poder recurrir –aclara-, es más fácil que te dejen alojarte en un sitio, durante un tiempo, o que te ayuden para poder acceder a una vivienda, bien sea de forma material, o económica… Pero en las personas en situación de sin hogar, esa dificultad de acceso a la vivienda, de poder contar con un hogar, se acompaña de una ausencia o fragilidad de las redes de apoyo familiares y comunitarias. Bien porque han perdido a sus seres queridos, porque han fallecido, o porque las relaciones con la familia y el entorno están rotas o debilitadas”, remarca. “Y a esto se suma una insuficiencia de recursos económicos, graves dificultades para acceder a otros derechos básicos como la salud, sobre todo la salud mental, la protección social y el empleo”.
Trabajo de calle
Para Cáritas, “una de las prioridades en el programa son las salidas de trabajo de calle. Junto con un técnico y personas voluntarias salimos de forma periódica al encuentro de aquellos que se encuentran en situación de calle. Nos acercamos para conocerles, para que nos conozcan, para ir estableciendo poco a poco un pequeño vínculo con esa persona y, a partir de ahí, ofrecerles la posibilidad de acercarse al proyecto, ver en qué situación se encuentran e iniciar un proceso de recuperación de su proyecto vital”.
Así, “desde el mes de enero, hemos atendido y acompañado a 50 personas, 45 hombres y cinco mujeres. Las mujeres llegan mucho más tarde a una situación de calle. Y, cuando lo hacen, el deterioro es muy, muy grande, y a veces es más difícil poder iniciar esos procesos de recuperación con la persona”, asegura.
“A las dificultades de acceso a la vivienda, la fragilidad de las relaciones y la falta de redes de apoyo ya mencionados”, apunta Lara, “se suman otros factores, que no hacen más que agravar su situación. Así, estas personas pueden padecer diferentes grados de discapacidad, de dependencia, o algún tipo de enfermedad; en algunos casos, tienen problemas de consumo de sustancias tóxicas, o están en un proceso de rehabilitación. Y todas estas situaciones juntas provocan un deterioro de su calidad de vida, aislamiento social, pérdida de autoestima y, en definitiva, una ruptura de sus proyectos vitales”.
“A todo esto –añade-, se suma que nuestra intervención se desarrolla en un contexto que viene marcado por factores estructurales que no dependen de la persona; son cosas que están inmersas en nuestra sociedad, como el encarecimiento del mercado de la vivienda, la escasez de vivienda pública y, sobre todo, de alquiler social real; la precariedad laboral, la alta temporalidad de los empleos… Podríamos sumar más cosas que son un obstáculo para los procesos de autonomía residencial de las personas”.
Rabia, sufrimiento y exclusión
“El sinhoganismo –advierte- provoca rabia, sufrimiento y exclusión. Y muchas veces nosotros, con nuestros prejuicios, les condenamos Por eso, una de las cosas que yo digo es: acercarnos para conocer. Porque, en nuestro día a día, todos nos encontramos con personas en esta situación, y pasamos de largo. A veces porque lo desconocido nos da miedo, y nos genera una primera imagen de la persona, en la que entran en juego los prejuicios y los estereotipos. Y pensamos: ‘si está ahí, será porque quiere, porque no se ha esforzado lo suficiente para salir adelante, porque tiene problemas de salud mental, o con el alcohol’. Podemos añadir muchas cosas que a veces nos pasan por la cabeza. Insisto: tenemos que acercarnos para conocer. Porque, cuando conoces a la persona, tu mirada cambia”.
Por eso, anima a todos los ciudadanos a acercarse este jueves, 22 de octubre, a la Plaza Porticada de Santander. “Habrá un acto público de sensibilización para conocer la realidad que viven las personas sin hogar, y para invitar a la sociedad en conjunto a que cada uno ponga su granito de arena para poder cambiar la realidad de estas personas”.
“La campaña-recuerda- tiene como lema Un hogar es mucho más que un sitio donde vivir. Es un lugar al que pertenecer. Un hogar es un sitio donde tenemos protección, seguridad, estabilidad, salud; donde podemos recuperarnos después de una enfermedad; es el lugar donde tengo mis cosas; y también una de las cosas que más cuesta: sentirte parte. Porque nosotros podemos acompañar a las personas con apoyo económico, material, en trámites, en el acceso a una vivienda, en el mantenimiento de esa vivienda, pero lo que más cuesta es poner en relación con otros, y que te sientan como igual”, concluye.
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