CATÓLICOS DE ASTURIAS – El organista del Papa, en Asturias: «Benedicto XVI era especialmente sensible a la música litúrgica»

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Por segundo año consecutivo el organista oficial del Papa, el catalán Josep Solé, se encuentra estos días colaborando como docente en el Curso Nacional de Música de Verano de Soto del Barco, donde se dan cita intérpretes y especialistas llegados de diferentes países. Así nos explica cómo es su labor:

¿Cómo acaba un músico en el Vaticano?
Yo siempre digo que es cuestión de quererlo. No es que quisiera ser organista del Vaticano, pero sí que quería ser organista de Iglesia. Nací en Sabadell, cerca de Barcelona, y ese deseo que tenía me llevó hasta Roma, para estudiar el Grado Superior de Órgano en el Instituto Pontificio de Música Sagrada. A partir de ahí se fue desencadenando todo, hasta que obtuve la Plaza de organista de la Basílica y luego del Papa.

Cuando empezó con esta labor, era aún Papa san Juan Pablo II. Ha trabajado ya durante cuatro pontificados, ¿quién, de entre todos los Papas, tenía mayor sensibilidad musical?
He de decir que Benedicto XVI, aunque claro, al Papa León todavía no lo conocemos bien. Bueno, podemos decir que canta y que canta bien, entonando. Pero lleva dos meses solamente, por lo tanto no sabemos cómo va a desarrollarse. Por eso, hasta la fecha, Benedicto XVI fue el más sensible a la música, porque él era músico. Y su hermano también era músico, era maestro de capilla de una catedral alemana. Entonces, claro, tenía  esa sensibilidad musical y litúrgica también. Pedía cosas al director del coro de la Sixtina, pedía cosas a mi predecesor, pedía piezas de órgano a mi predecesor también. Trabajar con él era como trabajar con uno de los nuestros, quedaba todo entre músicos.

¿Tiene algún recuerdo de san Juan Pablo II? 
Tengo pocos recuerdos porque llegué el último año de su Pontificado, llegué en septiembre de 2004 a Roma y él murió en abril de 2005, por lo tanto no tuve oportunidad de conocerle bien pues estaba estudiando. Lo que sí recuerdo, cuando veía las misas del Vaticano por la televisión, es que también cantaba mucho y entonaba bien. Además, cantó hasta el final, realmente, estando tan enfermo como llegó a estar, cantó hasta que sus fuerzas le dejaron y sus celebraciones siempre eran un ejemplo de dignidad litúrgica y celebrativa.

¿Cómo es el órgano que hay en el Vaticano? ¿Cómo lo describiría? ¿Es un órgano especial?
Es un órgano especial por el lugar donde está, que es la Basílica de San Pedro. Además, es un órgano muy ecléctico, porque realmente es la unión de dos órganos: uno alemán y otro italiano. El alemán es de finales de 1890 y el italiano es de 1910. O sea, se llevan 20 años de diferencia. Después del Concilio Vaticano II se hizo la unificación de estos dos órganos y se le añadieron más registros, a cargo de la casa organaria Tamburini.
En el año 2000, para el anterior Jubileo, se construyó una consola móvil con ruedas que se conecta para las misas en la Plaza de San Pedro. Y hay otra cuarta empresa, constructora de órganos, que ahora está haciendo la manutención. Por lo tanto, digamos que estamos hablando de un órgano que tiene cuatro manos ya. Y es muy ecléctico porque hay de todo: ideas de concepción alemanas, ideas italianas, ideas de después de los años 60, donde también hubo una fuerte corriente neoclásica… En resumen, es ecléctico pero también especial, porque es el órgano de las celebraciones litúrgicas, es el órgano de San Pedro.

¿Y cómo está organizado todo lo que tiene que ver con la música en el Vaticano? ¿Cuántas personas están involucradas en todo lo que tiene que ver con la música en el Vaticano?
En el Vaticano conviven dos coros: el coro de la Basílica, que se llama Cappella Giulia, fundado por Julio II –con de 500 años de historia–, y después está la Cappella Sistina, fundada por su tío Sixto IV, en 1490, de ahí el nombre de Capilla Sixtina. Esos dos coros conviven bajo el mismo techo de la Basílica de San Pedro, pero uno, la Giulia, es el coro que canta las misas de diario, las misas de los domingos, y Sistina es la que canta exclusivamente las celebraciones del Santo Padre. Yo soy el organista ahora de las dos capillas, el organista de la Cappella Sistina, que son las misas del Papa, y también el organista de la Cappella Giulia, que sería el organista de la Basílica de San Pedro en general. Y esos son los dos coros que cantan en la Basílica de San Pedro, en el Vaticano, no hay otras formaciones musicales.
Para la Capilla Papal, estoy solo yo de organista y para lo que son la Cappella Giulia y las misas de la Basílica, ahí somos ocho organistas, porque en la Basílica se celebran unas 45 por semana, en cambio, las misas del Papa son unas 20, más o menos, al año. Por lo tanto, para la Basílica de San Pedro tenemos que ser más porque uno no puede tocar 50 misas a semana.

¿Y cómo es la selección de las obras? ¿Se introducen  nuevas partituras y nuevos compositores?
Sí, claro, porque hay un repertorio infinito, no aprovecharlo sería como tirar o despreciar todo el patrimonio musical que hay. Entonces, así como la parte vocal sí que la cuidan los directores de ambos coros, la parte organística es más libre para nosotros. Nosotros podemos elegir las propias obras, siempre con criterio, claro, no vas a tocar piezas festivas por ejemplo en Cuaresma.
En las misas del papa, el ceremoniero del Papa se pone en contacto con el director de la Cappella Sistina, y ellos son los que deciden toda la parte litúrgica. Sin embargo, con Benedicto XVI, él sí que hablaba directamente con el director de la Sistina, sin pasar por el filtro, entre comillas, del ceremoniero. Y por eso digamos que era más cercano a nosotros del Papa Benedicto,  por eso, porque era músico y porque era sensible a la música litúrgica y a la liturgia.

 

 

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