REFLEXIÓN «LA CONTRA». EL DOMINGO Nº 1364. 08 de febrero de 2026.
El día en que, distribuyendo la comunión, una persona de buena fe responde “Así sea”, en castellano u “Olantxe” en euskera a nuestra propuesta “El cuerpo de Cristo”, quiere decir que ha llegado el momento de volver a explicar el sentido intraducible de la palabra hebrea “Amén”. Para esta explicación de una de las palabras más entrañables del vocabulario propio cristiano, resultará suficiente la lista de los significados que apuntaba el anciano y joven monje, lleno de sabiduría, el P. Adalbert Franquesa en su libro “Las aclamaciones de la comunidad”.
“Amén”, en la lengua hebrea, que es una lengua primaria y sintética al mismo tiempo, quiere decir:
La expresión de un deseo: “Así sea”.
Manifestación de una adhesión: “Lo hago mío”.
Voluntad de entrega: “A ello me entrego”.
Remachar un compromiso: “Me comprometo”.
Un acto de fe: “Lo creo”.
Una firma: “Lo suscribo”. Éste es un sentido especial del “Amén” al final de la oración, justo antes del Padrenuestro.
Un acto de adoración: “¡Te adoro!”.
Una expresión personal del amor a Jesucristo y a su cuerpo místico: “Te amo”. Éste es el sentido especial del “Amén” previo a la comunión individual.
Expresión de lo que ya no se puede expresar con palabras: “¡Me callo, lo creo, te adoro!”.
Reconocimiento: “Sí, Señor, es así”.
Una exclamación que expresa que se está de acuerdo de forma entusiasta: “¡Muy bien!”.
El eco del “fiat” de María: “Consiento, así sea”.
La persona en cuestión quizá insistirá, leída la explicación: “Pero, decir ‘así sea’ es correcto”. Como traducción sí, le responderemos, pero sólo expresa menos del 10% del contenido de la palabra. ¿Quiere perder usted más del 90% del significado del “Amén”?
En la Eucaristía dominical, el pueblo responde unas diez veces “Amén”. Que, con el sentido que se ha explicado, puedan ser todos los “Amén”, palabras dichas con sentido y en presente.