REFLEXIÓN «LA CONTRA». EL DOMINGO Nº 1366. 22 de febrero de 2026.
Ya podemos ir sacando alguna consecuencia. Si el Hijo de Dios fue tentado, quiere decir:
Que nadie, por muy santo que sea, se verá libre de la tentación. Ni siquiera la Santísima Virgen María. ¡Qué pena que no nos hayan contado las tentaciones de María! Seguro que, lo mismo que tuvo la visita del ángel, no le faltaría la visita de la vanidad…
Que la tentación no es mala, es simplemente una condición humana. En la tentación parece que estamos muy lejos de Dios —¿lo estuvo Jesús?— y a lo mejor estamos mucho más cerca. No es cuestión de sentir su presencia, sino de desear su presencia.
La tentación incluso puede ser buena, no en sí, sino por los efectos que produce. La tentación nos purifica, nos hace más humildes, nos hace crecer, nos hace ser más sensibles y comprensivos con los demás, nos hace confiar más en Dios y desearlo con más fuerza. Así que podríamos decir también aquello de: “Dichoso tú, que has sido tentado”. Dichosa la duda, que fortalece tu fe; dichosa la oscuridad, que te hace buscar con más ansia la luz; dichosa la tempestad, que te ayuda a esperar y confiar; dichoso el desierto, que curte tu espíritu; dichosa la crisis, que te facilita el crecimiento.
Que el diablo no es problema. ¿Cómo puede existir un ser tan perverso que sólo piense y se dedique a hacer el mal? Pues ¡qué aburrido! ¡Y qué poco inteligente! El problema está más dentro de nosotros mismos. El problema está en nuestras diabólicas tendencias. Cada uno lleva dentro toda una legión de demonios y vive muy a gustito con ellos. Es verdad que fuera de nosotros también hay problemas en todo eso que llamamos atmósfera y estructuras de pecado, en las seducciones y soberbia de la vida, en las leyes que rigen los poderes del mundo. He ahí un reino poblado también de demonios.
Que la tentación puede ser superada. Sufriendo Jesús la tentación, nos marcó el camino de la victoria segura. No hay tentación, por violenta y prolongada que sea, que no pueda ser superada con el ejemplo y la gracia de nuestro Señor Jesucristo.
El Hijo de Dios fue tentado a lo largo de su vida. Lo del desierto sólo es un símbolo de Dios pasó por él cuarenta años. El desierto es signo de desamparo, lugar de riesgo y de luchas, tiempo de crisis y tentación.
Las tentaciones de Jesús son universales: las tentaciones del poder, del tener, del placer; las de la propia autonomía y autosuficiencia; las de justificar los medios por el fin, o convertir los fines en medios o los medios en fines; las de la violencia o la debilidad; las de la desesperación o el miedo.
Pero de Jesús tenemos que aprender algo más: no sólo a ser tentados, sino a cómo vencer la tentación. Él podrá aconsejarnos partiendo de la propia experiencia. Él nos trazará para siempre un camino victorioso.