La Iglesia ha celebrado hoy domingo 27 de julio la V Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores con el tema Feliz el que no ve desvanecerse su esperanza (cf. Si 14,2).
Esta jornada se establece el cuarto domingo de julio, en torno a la fiesta de los santos Joaquín y Ana, abuelos de Jesús. En el primer mensaje del papa León XIV para esta Jornada, en el contexto del Jubileo 2025, el Santo Padre invita a reconocer a los ancianos no solo como destinatarios de la atención pastoral, sino como testigos de la esperanza que, de manera activa, son protagonistas de la vida eclesial.
La S.I.B. Catedral de Santander ha acogido este mediodía la Eucaristía de celebración de esta jornada, presidida por nuestro Obispo, D. Arturo, y en la que han participado miembros de la Delegación diocesana de Familia y Vida y de la Pastoral del Mayor.
En su homilía, nuestro Obispo ha destacado la importancia de la celebración del domingo y de esta jornada: «Todos los días deberían ser la Jornada Mundial de los Abuelos y los Mayores. Os damos las gracias y os pedimos perdón; este mundo se ha vuelto excesivamente egoísta. Le pedimos al Señor que nos dé un espíritu de gratitud y admiración hacia los mayores».
Ha continuado analizando el Evangelio de este domingo (Lc 11, 1-13): «Los apóstoles le piden a Jesús que les enseñe a orar como él porque esta vez han visto algo especial. Y dicen la palabra clave: Padre, la palabra que Jesús repite en la oración, Padre, Abba, papá. Él nos acoge, nos perdona y nos levanta». Ha afirmado igualmente que «este es el contenido esencial, repetir esta palabra en actitud confiada; Jesús nos enseña a confiar«.
Ha finalizado pidiendo a los mayores y abuelos que no se cansen: «Necesitamos vuestro testimonio, vuestras vidas. Sin vosotros experimentaríamos un grandísimo desamparo. Gracias por vuestro testimonio y por vuestra vida».
Por tanto, esta jornada debe servirnos para concienciarnos, reconocer y agradecer. Concienciarnos de la necesidad de cuidar a nuestros mayores, sostén de la sociedad, de las familias y apoyo fundamental en la Iglesia. Reconocer esta labor y respetar su historia es otro de los fundamentos que deberíamos impulsar como sociedad. Y, sin duda, debemos agradecer todo lo que nuestros mayores han hecho por nosotros, por la sociedad y por la Iglesia.
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