CATÓLICOS EN CANTABRIA – Emotiva despedida de las carmelitas de Maliaño después de 141 años

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*Consulte la galería de imágenes de la Eucaristía al final de este artículo*

Cientos de vecinos de Maliaño y fieles del resto de Cantabria se han reunido en la mañana de este sábado en la capilla del Carmen del municipio para despedir a la Orden de las Carmelitas descalzas que, tras 141 años de servicio a la Iglesia en Cantabria, se trasladan a otros destinos donde seguirán su vida de entrega.

La Eucaristía, que comenzó a las 10 de la mañana, ha sido presidida por nuestro Obispo, D. Arturo, al que han acompañado un buen número de sacerdotes diocesanos. La celebración comenzó con una presentación por parte de una de las hermanas de la comunidad en la que relató de forma breve la historia de la Orden en Maliaño.

Esta Eucaristía se ha convertido en una emotiva despedida. En su homilía, D. Arturo ha destacado la necesidad de encajar que «somos de Dios, el deseo de hacer su voluntad y la vida monástica, con la dificultad añadida de hacerlo en los tiempos actuales».

Ha afirmado que este día «no es un adiós definitivo, sino el comienzo de una nueva etapa». Refiriéndose al Evangelio leído en la celebración, en el que se narró al parábola del fariseo y el publicano, ha recalcado que «Jesús siempre está atento a las necesidades y a la vida, Jesús ve mucho más allá. Los ojos de Dios ven en el publicano la grandeza». En este sentido, ha asegurado que «necesitamos desprendernos del fariseo que llevamos dentro» y ha afirmado, mirando directamente a las hermanas, que «ustedes no son como el fariseo; nunca lo fueron ni lo serán». Y ha continuado diciendo que «sus vidas se parecen al ejemplo del publicano por su actitud humilde, necesitada; buscando y suplicando la compasión de Dios».

Asimismo, ha comentado que «vamos recorriendo etapas de la vida, no cumpliéndolas y a veces hay circunstancias que nos presenta la vida que son difíciles, pero la Iglesia no termina nunca. La verdad interior de sus vidas (refiriéndose a las hermanas) no se acaba nunca. La Iglesia es de Dios, no es nuestra. Intentamos servirla lo mejor que podemos pero es para siempre, hasta el final de los tiempos».

«Tenemos la tristeza de la marcha, pero también la paz de saber que van a estar bien. Por encima de todo están las vidas de las personas y es nuestra obligación y deseo procurar lo mejor para nuestros hermanos. Estaremos unidos en la distancia física, pero en la cercanía del corazón», ha afirmado.

Ha finalizado la homilía pidiendo por las hermanas: «¡Que Dios les llene de bendiciones! Gracias por su testimonio de santidad, por su entrega; por ser capaces de darlo todo, de ser capaces de desvivirse por las criaturas que se han acercado a este lugar en estos años». Ha agradecido también el «testimonio de entrega» y ha añadido que «nunca pensaron en ustedes, sino en los demás. Gracias por su bondad y por su testimonio de pobreza. Esto marca nuestras existencias para siempre».

Al agradecimiento de D. Arturo se suma el de los cientos de fieles que hoy se han acercado a esta celebración y a los que no han podido hacerlo, pero que sienten el cariño y la gratitud hacia esta Orden que ha dado todo lo que ha podido dar en 141 años de estancia en Cantabria. Todo la vida por la Iglesia. Y su historia continúa.

 

 

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