CATÓLICOS EN CANTABRIA – Llamados a vivir la alegría de la comunión: Conferencias cuaresmales 2025

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Como cada año en este tiempo litúrgico de la Cuaresma, la Junta de Cofradías Penitenciales de Santander organiza un ciclo de conferencias cuaresmales en la que diferentes ponentes tratan temas relacionados con ella. Hace una semana tuvimos la oportunidad de escuchar la primera de las tres conferencias del ciclo, a cargo de D. Francisco Gutiérrez Díaz y que llevó por título «Las imágenes de Cristo con la Cruz y San Juan en la Semana Santa de Santander». Y ayer jueves, la Sala Manuel Sánchez Monge del archivo catedralicio acogió la segunda de las conferencias, esta vez a cargo de nuestro Obispo, D. Arturo Ros, que eligió como título «Llamados a vivir la alegría de la comunión».

Comenzó su exposición con unas notas de Evangelii Gaudium, en concreto con el número 99:

El mundo está lacerado por las guerras y la violencia, o herido por un difuso individualismo que divide a los seres humanos y los enfrenta unos contra otros en pos del propio bienestar. En diversos países resurgen enfrentamientos y viejas divisiones que se creían en parte superadas. A los cristianos de todas las comunidades del mundo, quiero pediros especialmente un testimonio de comunión fraterna que se vuelva atractivo y resplandeciente. Que todos puedan admirar cómo os cuidáis unos a otros, cómo os dais aliento mutuamente y cómo os acompañáis: « En esto reconocerán que sois mis discípulos, en el amor que os tengáis unos a otros » (Jn 13,35). Es lo que con tantos deseos pedía Jesús al Padre: « Que sean uno en nosotros […] para que el mundo crea » (Jn 17,21). ¡Atención a la tentación de la envidia! ¡Estamos en la misma barca y vamos hacia el mismo puerto! Pidamos la gracia de alegrarnos con los frutos ajenos, que son de todos.

En palabras de D. Arturo, «No hay evangelización sin comunión. La comunión supone muchas cosas que a veces no cuidamos todo lo que podríamos cuidar. La comunión es fruto de algo que se nos regala, en especial del misterio del amor de Dios». Hizo hincapié en esta idea: «Sin comunión no hay verdadera comunidad. Vivimos en un mundo de rivalidad permanente en el que no se facilitan realidades humanas indispensables para la vida. La centralidad de nuestra vida es el amor de Dios». Destacó igualmente que la Iglesia es pueblo, es comunidad, es comunión y la fe es una, la Iglesia es solo una.

Atendiendo al contenido de Evangelii Gaudium, nuestro Obispo recordó que, pese a estar escrita en el año 2013, el Papa Francisco ya habla en ella de un mundo «egoísta y confuso». Y es que recordó que «la acentuación del individualismo no alimenta la comunión«. Además, aseguró que «otro factor influyente en nuestro presente es una especie de sensación de derrotismo y desencanto; los lamentos endurecen el corazón y nos cierran a los demás». Afirmó también que «debemos hacer esfuerzos de reflexión y mejora, hacer que las cosas se ajusten a nuestra tarea y estén hechas lo mejor posible motivados siempre por nuestra fe».

Lanzó algunas preguntas que todos nos hacemos o deberíamos hacernos: «¿Cómo es Dios conmigo? ¿Cómo le pido que sea?» y aseguró que «Dios nos trata mejor a nosotros que a veces nosotros entre nosotros mismos». Cómo miramos a nuestros hermanos es importante, recalcó, porque, según dijo, «la fraternidad es riqueza». Sobre esto, reclamó la necesidad de «más testimonios de amor, más sonrisas y más abrazos porque este mundo está necesitado también de mucha compasión, bondad y ternura». En este sentido, mostró su conformidad con la elección, por parte del Papa Francisco, de la esperanza como motivo central del año Jubilar, porque es «una necesidad teniendo en cuenta las condiciones que se están dando en el mundo actual».

D. Arturo cerró su conferencia compartiendo un deseo personal: «Ojalá juntos edifiquemos una diócesis acogedora y cercana a todos, una diócesis misionera«.

El ciclo de conferencias cuaresmales se completará el próximo jueves 3 de abril a las 8 de la tarde, también en el archivo catedralicio, con una conferencia a cargo de la Hermana Carmen, del Hogar Belén, y titulada «Ser hermana en la caridad de Santa Ana».

 

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