Era el 7 de octubre de 1995 cuando el entonces Superior General de la Congregación, P. Aquilino Bocos, sorprendía a los Superiores de la Provincia de Castilla, reunidos en Colmenar Viejo, con la noticia: la tan esperada nueva misión de la Provincia será…Rusia.
En realidad, la Congregación ya se encontraba desde hacía años en Siberia por iniciativa de algunos miembros de la Provincia de Polonia, pero parecía que el Gobierno General quería dar una respuesta más sólida a la solicitud del Santo Padre de hacernos presentes los religiosos en el Este Europeo, una vez abatido el muro de Berlín. En cuanto al lugar concreto la propuesta era abierta a toda la zona de la antigua Unión Soviética: Rusia, Ucrania, Kazahstan…
El 26 de febrero de 1996 salían por primera vez hacia lo desconocido miembros de nuestra provincia. Antes se habían dado pasos muy importantes. El primero, la aceptación por parte del Gobierno Provincial, tras un pausado discernimiento, de las personas que se habían ofrecido y que habrían de ser los pioneros de la nueva misión: los PP. Mariano J. Sedano y José Mª Vegas. Esa gran generosidad y desprendimiento del comienzo nunca será agradecida suficientemente por la Provincia y la Congregación.
Era fundamental buscar contactos para poder a hacerse presente y conocer la realidad sociológica y religiosa, por lo que se entró en contacto con todas las congregaciones que se habían hecho ya presentes en Rusia recabando información.
El primer viaje del 26 de febrero fue obra de un equipo: Mariano Sedano y Vicente Sanz de Castilla, Peter Schütz del Gobierno General y Antonio Badura de la misión de Siberia. Pronto se vió que la mejor opción era San Petersburgo. Tanto el Nuncio, como el Arzobispo de Moscú y el rector del único seminario católico, los religiosos y religiosas con los que se contactó y nuestros hermanos de Krasnoyarsk, apuntaban claramente al norte: San Petersburgo. El Seminario Católico había cambiado de ubicación y la necesidad de formación de los futuros claretianos rusos en dicho seminario se presentó como una oportunidad para colaborar en la docencia superior.
Decidida esta primera cuestión quedaba abordar la segunda: la lengua. Sin ambages lo expresó el arzobispo de Moscú, Mons. Tadeusz Kondrusievich, al despedir a ese primer grupo: “hablaremos de nuevo cuando vengáis hablando ruso”. Tras aprender los rudimentos en España tuvieron una inmersión de casi dos años en la lejana Siberia. El día 15 de octubre de 1996, día de Santa Teresa, salían de nuevo, esta vez los PP. José Mª Vegas, Mariano J. Sedano y Vicente Sanz camino de Moscú, San Petersburgo y Krasnoyarsk. A partir de entonces comenzaron a ponerse los cimientos de la fundación. Fueron días, meses, años de trabajo silencioso en el duro aprendizaje de la lengua por parte de los dos misioneros destinados y asimiliación progresiva de un mundo nuevo totalmente desconocido: la religiosidad ortodoxa, el clima extremo de Siberia…
Mientras, en la Provincia, se intentaba superar un cierto desconcierto que había causado la peculiaridad de la nueva misión, aparecieron nuevos ofrecimientos: José Mª Crespo, Juan Sarmiento, claretiano argentino que providencialmente se encontraba en año de estudios en Madrid, y dos estudiantes de la Provincia: Alejandro J. Carbajo y José Ignacio Val. Todos ellos, de un modo u otro, fueron incorporándose poco a poco al proyecto aún en ciernes.
Por fin, el día 10 de julio de 1998, se cumplía el sueño de ocupar el piso recién comprado, junto al canal Griboiédova, en San Petersburgo, y el día 16, aniversario de la fundación de la Congregación, se constituía formalmente la nueva comunidad. El primer objetivo estaba cumplido y sólo quedaba mirar al futuro. Un futuro que pasaba por la formación de los futuros sacerdotes rusos, por el acompañamiento de los sacerdotes y religiosos de la zona, por la formación de los laicos, por el servicio de la caridad, por la consolidación de la congregación en Rusia y, en definitiva, por una atención cualificada a la Iglesia en un lugar donde urgía el servicio de la Palabra. Después vinieron las primeras vocaciones que no llegaron a cuajar, la nueva fundación de Murmansk y la consolidación progresiva de algunas actividades en el entorno. Alejandro Carbajo, Dennis Malov, Mariano Sedano y José María Vegas forman actualmente la comunidad presente en Rusia a quienes agradecemos la generosidad de su presencia en una Misión compleja y oscura muchas veces en la que el recambio es, por todo, ello más difícil que en otras posiciones apostólicas.
Vicente, Badura y Schütz con el Nuncio
Vicente, Mariano y Peter Schütz con el Rector del Seminario
Vicente y Mariano junto a Badura