CATÓLICOS EN MADRID – Así vive la Navidad el Seminario: Del Adviento al Nacimiento

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La Navidad es un tiempo hermoso en el que celebramos que el Hijo de Dios se ha hecho hombre y ha querido nacer pobre entre los pobres. Este tiempo los seminaristas lo vivimos principalmente en nuestras casas y comunidades de origen. Por ello, el tiempo de Adviento, que vivimos intensamente en el Seminario, es esencial para poder celebrar bien estas fiestas. Pero, ¿qué hace especial este tiempo en nuestra comunidad?, ¿cómo lo aprovechan los candidatos al sacerdocio? Para ello hay que retrotraerse al Adviento.

Para Álvaro Sánchez, que ya está en sexto, en la etapa pastoral, el Adviento en el Seminario es un tiempo precioso, aunque a la vez muy intenso: «El centro de estos días, como no puede ser de otra manera, es la liturgia.

A través de ella, la Iglesia nos va educando y nos va introduciendo en la espera de la venida de Cristo. Junto con la liturgia está la Virgen, que celebramos al principio del Adviento en su Inmaculada Concepción. Para ello nos preparamos con la novena y el canto del Akathistos. Pero si hay algo que marca profundamente este tiempo es el trabajo manual. Todos los años preparamos un belén en la Ermita, que hacemos por completo con nuestras propias manos. Es un trabajo precioso que nos ayuda a irnos preparando al misterio que celebraremos el día 25, y también un momento bonito de hacer comunidad y de poner nuestros talentos en juego para hacer una obra común para gloria de Dios y el bien de las almas».

Se custodia el silencio

Jesús García, de tercero, comenta con alegría: «Para mí es un tiempo de espera, tiempo de esperanza. Cuatro semanas en las que todos los seminaristas nos preparamos con gran deseo para la venida de Dios que se hace hombre, que se hace niño. Somos los más deseosos, no nos pueden ganar en deseos. Y para preparar este camino cuidamos pequeños detalles que hacen que la liturgia y la vida tengan sentido. Unos se consagran a la Virgen y otros decoran la habitación con el misterio de Belén. También se decora la Ermita con el color propio del Adviento, el morado. En estos días hemos preparado la novena a la Virgen y muy pronto rezaremos las antífonas de la “Oh” en las Vísperas, que expresan la impaciencia de la Iglesia por la llegada del Mesías. Es un tiempo en el que se custodia el silencio, haciendo espacio para dejar que Dios habite nuestro ser por completo en estas semanas de conversión, con la conciencia de que el Señor viene pronto y debemos estar despiertos a su llegada como las vírgenes prudentes con la lámpara encendida ante la llegada del Rey».

«Mi experiencia el año pasado en el Adviento fue preciosa y llena de muchas emociones», dice Gonzalo Lluch que empezó su formación para el sacerdocio el curso pasado: «El comienzo fue muy especial para mí: era el primer tiempo litúrgico que vivía en el Seminario y la celebración del primer domingo de Adviento fue preciosa.

En el curso de propedéutico –en el cual el seminarista se introduce en el Seminario– todavía no vamos a la universidad y, por consiguiente, tuvimos más tiempo que el resto para hacer muchas actividades. Entre ellas, fabricar un belén casi desde cero. Fue maravilloso hacerlo y nos lo pasamos muy bien. Me impactó ver a compañeros de mi curso, que ya habían estado trabajando y con carreras terminadas, montando un belén con gente que acaba de salir de bachillerato. No por ello dejó de ser cansado. Otro de los motivos por los que el Adviento en el Seminario fue tan especial para mí fue la liturgia. Cada canto, cada oración, cada salmo, cada antífona… todo ello gira alrededor de un único acontecimiento: Jesús que viene».

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