“Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y durante cuarenta días, el Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado por el diablo”.
Quisiera iniciar esta breve reflexión planteándome a qué me invita la Iglesia durante este tiempo de Cuaresma. Al inicio, tuve serias dudas acerca de cómo afrontar este tiempo, ¿qué debía hacer?, ¿cómo debía hacerlo?, ¿qué me estaba pidiendo el Señor? Sin embargo, todas estas dudas quedaron disipadas, gracias, por un lado, al Evangelio del primer Domingo de Cuaresma; y, por otro, a la homilía de un buen sacerdote que esclareció mi camino y mi “proyecto” para estos cuarentas días: Vivir en el desierto.
Esta expresión manifiesta mi voluntad de tratar de vivir esta Cuaresma como Él la vivió. Trato de concebir este duro camino, no como una imposición, ya que no lo es, se trata de una invitación, sino como un regalo inmenso que me hace el Padre, para desapegarme de todo aquello que no me llena, de todo lo que me daña, que de un modo u otro me aleja de Él, o hace que no le tenga como mi prioridad, como el Nº1 de mi corazón, de mi mente y de mi tiempo.
Vivimos excesivamente apegados a las cosas del mundo. Un mundo en el que somos esclavos de las opiniones del resto, con miedo a ser juzgados o criticados, queriendo seguir a la masa sin pararnos a razonar y atender a si somos coherentes con nuestra fe. Vivimos con una dependencia inmensa por la tecnología, esa misma que tantas oportunidades brinda, pero que tendemos a emplear de forma errónea. Muchos tratamos al teléfono móvil como un apéndice de nuestro cuerpo, con la necesidad imperiosa de estar continuamente scrolleando, con una especie de miedo a encontrarnos desconectados del mundo, sin estar al tanto de todo, más atentos a las vidas del resto que a la propia.
Vivir la Cuaresma correctamente, debe asemejarse a ese desierto, desapeguémonos de todo aquello que nos hace mal, que nos confunde, que nos aleja. De esos apegos, por el móvil, los excesos, el cotilleo. Démosle a Dios el primer lugar y adentrémonos en este tiempo con suma confianza en Él.
Como bien sabemos, la Iglesia Católica nos invita a vivir la Cuaresma atendiendo a tres pilares fundamentales: el ayuno, la oración y el dar limosna.
El ayuno no consiste, exclusivamente, en pasar hambre, o abstenerse de comer carne los viernes y el miércoles de ceniza, sino que el fin último del ayuno reside en renunciar a las cosas vanas y mundanas para ir a lo esencial. Debemos hacer un ejercicio de reflexión, indagar en nuestro interior y poner nombre a todo aquello que no nos suma, que nos aleja de Dios y que, tal vez, de acuerdo con la realidad de cada uno, nos alejan de Él. No es un mero sacrificio o penitencia, que también, sino que se trata, al menos a mi parecer, de un ejercicio de conversión verdadera.
La oración es indispensable en la vida del católico. Cada oración supone una bocanada de aire para la vida del espíritu que reside en el interior de cada uno de nosotros. Mediante la oración fortalecemos y ayudamos a que madure nuestra fe. La oración es la mayor fuente de energía para el cristiano, sana, reconforta y es una vía de comunicación directa con el Padre.
Sería conveniente que siempre, pero aún más durante este tiempo de Cuaresma le dedicásemos a Dios el primer y último momento del día, le rogásemos que nos acompañe, que nos guíe en cada decisión que tomemos y que nos dé fuerzas, no sólo para soportar con paciencia las tribulaciones cotidianas, sino para llevar con fe y confianza este camino hacia el cielo, no dejando nunca que nos separemos de Él. Yo entiendo la oración como una conversación con Dios que me da fuerzas para hacer frente a cada día. A la hora de orar yo tiendo a ser muy “pidón” y a veces me siento mal conmigo mismo porque esa conversación acaba convirtiéndose en un monólogo. Con el tiempo he acabado aprendiendo a observarle y admirarle, a aguardar en silencio, a contemplar su grandeza en su humildad, siendo consciente de que Él, que es todo divinidad se convierte en ese trozo de pan que me espera cada día en el sagrario.
El último pilar fundamental sobre el cual se debe sustentar la Cuaresma será la limosna. Con la limosna, se nos invita a abrir nuestro corazón a los demás. Debemos encontrar la forma de servir por amor, con humildad, sin deseos de halagos y reconocimiento, sin esperar que se nos devuelva nuestro servicio en el futuro, entregarnos por entero, por amor a los demás y no por satisfacer nuestro afán de sentirnos realizados. En relación con la limosna, me gustaría puntualizar que pese a ser fundamental la ayuda económica, no debemos limitarlo exclusivamente a esto. La ayuda humana es también muy necesaria, el destinar nuestro tiempo y sobre todo nosotros los jóvenes, que continuamente andamos ajetreados, con exámenes, trabajos, clases, prácticas, etc. Tenemos en nuestras manos la oportunidad de realizar una obra de amor y servicio al destinar también nuestro tiempo y nuestra ayuda a quienes más lo necesitan.
Por último, me gustaría recordar algo y compartir con vosotros un error que en numerosas ocasiones he cometido. A veces, tendemos a buscar como servir al prójimo, sin tan siquiera atender a que, en ocasiones, en nuestro circulo más próximo nos encontramos con familiares o amigos que sin decírnoslo están necesitados de nuestro amor y nuestro tiempo.
Tras repasar lo expuesto, que con la mejor de mis intenciones he querido compartir con vosotros, he pensado que quizás iba a ser demasiado complejo para llevarlo a cabo. He cometido el error de pensar que dependía solo de mí, de mis capacidades, de mi voluntad. Sin embargo, nada más lejos de la realidad, debemos esforzarnos, tenemos que hacer frente a situaciones que tal vez no nos apetecen, pero con la ayuda de Dios, lo podemos todo, Él nos capacitará para ello.
El camino puede ser arduo y costoso, nos veremos tentados en innumerables ocasiones, como Jesús fue tentado, pero fijémonos en el Evangelio, concretamente en esta expresión: “Jesús, lleno del Espíritu Santo…”, si nos mantenemos cerca del Señor y vivimos llenos del Espíritu Santo podremos hacer frente a todas esas tentaciones.
Fco. Javier Alba Martín
La entrada Desierto<br/><span class=”autorcontitulo”><span class=”sinautor”>Sin Autor</span></span> se publicó primero en Jóvenes Católicos.
————————————————————————————————————————————————————————————
El anterior contenido fue publicado en: