Hoy hablamos de la enorme responsabilidad de Donald Trump o Vladimir Putin como dirigentes de países poderosos de los que dependen no sólo la soberanía de sus países, sino en gran medida la geopolítica del mundo. De hecho, en la Santa Misa rezamos muchas veces por los gobernadores de los países. Sin embargo y, aunque me parece que su papel de gran importancia no es el mismo que las del Sucesor de San Pedro.
Bajo la responsabilidad del Vicario de Cristo en esta tierra cae el peso de ayudar, orientar y dirigir a todos los hombres, creyentes o no, a seguir a Jesucristo. Tiene que ser maestro y guía de santos y eso pasa por su santidad personal.
Rezar por el Romano Pontífice no sólo es una cuestión afectiva, sino también efectiva. Tenemos que rezar por él porque le ha caído un gran peso encima: las debilidades de todos los hombres. Un peso que sólo puede llevar uniéndose a Cristo en la Cruz.
Por eso es muy bueno preguntarse ¿Cuánto rezo por el Papa a diario? ¿Cuáles son mis sacrificios? ¿Con que deseo escucho y leo sus enseñanzas? Al Papa hay que ayudarle con nuestras oración y pequeños sacrificios: no podemos dejarle solo.
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