Querido hij@,
Estoy aquí, muy cerca de tu corazón, susurrando con amor aquello que quizá llevas tiempo sin atreverte a escuchar.
Lo sé, soy consciente de que a veces tienes miedo de amar.
No siempre lo dices en voz alta, pero lo sientes dentro.
Miedo a equivocarte.
Miedo a entregarte demasiado.
Miedo a que no sea suficiente.
Miedo a que tu corazón vuelva a romperse.
Y poco a poco, casi sin darte cuenta, empiezas a protegerte.
A medir tus sentimientos.
A calcular cuánto dar y cuánto guardarte.
Pero el amor que nace de Mí nunca fue pensado para vivirlo con miedo.
Yo no creé tu corazón para que viviera a medias.
Lo creé para amar en plenitud.
Sé que el mundo te ha enseñado a desconfiar. Te ha enseñado que amar es arriesgado, que entregarte demasiado puede hacerte daño, que es mejor no implicarse del todo.
Pero el amor verdadero nunca ha sido un lugar completamente seguro. Siempre ha sido un salto de confianza.
Amar significa abrir el corazón sin tener todo bajo control, confiar sin saber exactamente qué ocurrirá mañana. Y precisamente ahí, en esa entrega sincera, es donde el amor se vuelve verdadero.
Muchas de las cosas más hermosas que preparo para un corazón comienzan cuando este empieza a priorizar la confianza y dejar a un lado el miedo.
Porque todo proceso que merece la pena en la vida requiere una entrega.
Y muchas veces en esa entrega, cuando el corazón se atreve a dar un paso más allá del miedo, es donde Yo empiezo a revelarme con más claridad.
No en lo que controlas.
Sino en lo que confías.
Hay caminos del corazón que solo se iluminan cuando decides dar el primer paso.
Porque el amor que Yo sueño para ti no es un amor superficial, ni un amor que se quede solo en emociones.
Es un amor que construye, que transforma, que su forma de vivirlo siempre apunta al cielo. Un amor que aprende a cuidar la fragilidad del otro como si fuera propia.
Un amor que no busca llenarse sólo a sí mismo, sino ayudar al otro a crecer.
Por eso no tengas miedo del riesgo de amar.
Porque cuando amas de verdad, cuando decides caminar junto a otra persona buscando su bien, buscando crecer juntos hacia Mí, entonces ese amor deja de ser solo humano y empieza a convertirse en algo mucho más grande.
Empieza a parecerse a mi amor.
Pero sé que a veces tu corazón todavía duda.
A veces sientes miedo de mirar demasiado dentro de ti.
Lo sé.
Veo cómo hay preguntas que prefieres no hacerte.
Cómo hay sentimientos que, cuando empiezan a aparecer, intentas apagar antes de que crezcan demasiado.
No porque no haya nada, sino porque sabes que, si miras de verdad, algo podría cambiar.
Y el cambio asusta.
Has aprendido que es más fácil quedarte en la superficie, no implicarte demasiado, no dejar que nadie llegue tan dentro de tu vida. Porque cuando un corazón se acerca demasiado, cuando alguien empieza a importarte de verdad, ya no puedes controlar lo que pasará.
A veces dudas si debes abrir y cruzar esa puerta.
Si es prudente dejar que alguien entre tan dentro de tu historia. Si no será más fácil seguir caminando solo, sin complicaciones, sin riesgos.
Pero déjame decirte algo con suavidad:
el amor que te acerca a Mí nunca viene para hacerte daño.
Cuando un corazón busca vivir cerca de Mí, cuando alguien intenta amar desde la verdad, desde la fe, desde el deseo sincero de hacer el bien, ese amor no es una amenaza para tu vida.
Es un regalo.
Un regalo que no siempre se reconoce de inmediato.
Un regalo que muchas veces llega de forma sencilla, silenciosa, sin hacer ruido.
Pero sigue siendo un regalo.
A veces los regalos más importantes de la vida no vienen envueltos en certezas, sino en una invitación a confiar.
Y los regalos más grandes de la vida rara vez se descubren desde la distancia.
Se descubren cuando el corazón se acerca sin defensas, cuando deja de preguntarse tanto si merece la pena y empieza simplemente a confiar un poco más de lo que el miedo le permite.
Porque no todos los amores nacen con el deseo de cuidarse el uno al otro, de respetarse, de ayudarse a crecer. No todos los corazones buscan amar desde la verdad.
Cuando dos personas desean caminar cerca de Mí, cuando se ayudan a levantarse, cuando se recuerdan mutuamente lo que de verdad importa, algo muy profundo empieza a construirse entre ellas.
Algo que el mundo muchas veces no entiende.
El mundo habla del amor como si fuera solo emoción, algo que aparece y desaparece, algo que se vive sin demasiada profundidad. Pero el amor que nace cerca de Mí tiene otro ritmo.
Es más sencillo y más profundo al mismo tiempo.
Es un amor que aprende a respetar los tiempos del otro.
Que cuida el corazón del otro.
Que no busca llenar vacíos, sino caminar con alguien.
Un amor que no nace del impulso, sino de la decisión silenciosa de querer el bien del otro cada día.
Por eso el noviazgo que nace cerca de Mí no es solo emoción ni compañía.
Es un camino.
Un camino donde dos corazones aprenden a mirarse con respeto, con paciencia, con verdad.
Un camino donde el amor no busca poseer, sino cuidar.
Un camino donde cada uno aprende a cuidar el alma del otro.
Un camino donde también se aprende a confiar, a dejarse sorprender por lo que el corazón va revelando poco a poco, donde cada paso puede llenarse de sentido cuando se vive conmigo.
Porque amar así es aprender a caminar juntos incluso en medio de la fragilidad.
El amor no consiste en no sufrir nunca.
Consiste en aprender a sostenerse cuando llegan las dificultades, a permanecer cuando el camino se vuelve exigente.
El amor verdadero no elimina la cruz.
Pero la cruz, vivida conmigo, nunca destruye el amor.
Al contrario: lo purifica, lo hace más fuerte, más verdadero, más profundo.
Un amor que se construye día a día, sin necesidad de certezas absolutas,
sino con la fidelidad de pequeños síes.
Y poco a poco, cuando dos corazones viven así, empiezan a descubrir algo muy grande: que amar también es ayudarse mutuamente a llegar al cielo.
Porque el amor que nace de Mí no solo comparte la vida, aprende también a caminar hacia la eternidad.
Pero para amar de esta manera hay algo que debes recordar primero.
Antes de amar, déjate amar.
Porque si en el fondo de tu corazón sigues creyendo que no vales lo suficiente, que no eres digno de ser amado o que siempre acabarás fallando, amar se volverá pesado, inseguro, lleno de miedo.
En cambio, cuando descubres que Yo ya te amo profundamente, todo cambia.
Ya no amas para que te quieran.
Amas porque ya has sido amado primero.
Y entonces el amor deja de ser una lucha llena de miedo y se convierte en una entrega libre.
Por eso no tengas miedo de escuchar con sinceridad lo que hay dentro de tu corazón.
No tengas miedo de mirar un poco más profundo, aunque al principio no tengas todas las respuestas.
Los procesos del corazón no siempre son rápidos. Pero cuando nacen desde la verdad, desde la fe y desde el deseo de amar bien, tienen un valor inmenso.
Algunas de las decisiones más importantes del corazón no nacen cuando desaparecen todas las dudas, sino cuando descubres que hay algo dentro de ti que merece ser escuchado con sinceridad.
Y muchas veces es precisamente cuando te atreves a dar un paso con confianza, incluso con un poco de miedo, cuando empiezas a descubrir que Yo ya estaba caminando contigo desde el principio, sosteniéndote.
Porque cuando un corazón se abre con verdad, Yo siempre estoy allí, cuidando lo que nace con sencillez y buena intención.
No tengas prisa por entenderlo todo, hay caminos que solo se entienden cuando decides recorrerlos.
A veces basta con caminar con sinceridad y dejar que el amor, vivido conmigo, vaya mostrando el camino paso a paso.
Lo que nace en la luz no necesita ser temido.
Solo necesita un corazón que no tenga miedo de mirarlo con verdad.
Confía en Mí.
Confía en la historia que estoy escribiendo en tu vida.
Confía en el proceso que estás viviendo ahora.
Yo preparo los encuentros.
Yo cuido los corazones.
Yo acompaño a quienes desean amar de verdad.
A veces el mayor riesgo no es amar, sino dejar pasar aquello que podría haber hecho crecer tu corazón.
Nada de lo que nace de Mí es estéril.
Quizá no controles todo lo que pasará mañana.
Pero sí puedes decidir cómo amar hoy.
Ama con paciencia.
Ama con verdad.
Ama con libertad.
Ama con un corazón puesto en Mí.
Y entonces descubrirás algo que el miedo nunca podrá enseñarte:
que cuando el amor nace en Mí, cuando dos corazones caminan conmigo…
el riesgo de amar
siempre
merece la pena.
Siempre cuidaré tu corazón, incluso cuando tú no sepas a veces cómo hacerlo. No tengas miedo.
Con cariño, de parte del amor que guía cada paso de tu historia,
Dios
Alberto Segovia
La entrada El riesgo de amar merece la pena<br/><span class=”autorcontitulo”><span class=”sinautor”>Sin Autor</span></span> se publicó primero en Jóvenes Católicos.
————————————————————————————————————————————————————————————
El anterior contenido fue publicado en: