CATÓLICOS EN MADRID – En la friendzone De DiosSin Autor

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¿Tiene importancia ir a misa? ¿Es que no está Dios en todas partes?

«Yo no necesito ir a misa para encontrarme con Dios.»
«Yo me encuentro con Él en la naturaleza, en mi día a día.»
«Mi fe es personal.»

Son frases que escuchamos constantemente. Y es que son una fantasía. Incluso suenan espirituales. Pero vamos a analizarlas con un poco de calma.

Imaginemos una pareja que decide ser eternamente novios. Que se quieren, se respetan, pasan tiempo juntos, van al cine, hablan durante horas, pasean por la playa cogidos de la mano… pero nunca dan el paso de casarse. Nunca se entregan del todo. Nunca llegan a la intimidad propia del matrimonio.

¿Tiene sentido?
Sí, puede ser bonito.
Pero también incompleto.

De hecho, en la Iglesia, un matrimonio que no se consuma puede llegar a ser nulo. Porque el matrimonio no es solo compartir planes o sentimientos, implica entrega total, compromiso real e intimidad. Sin eso, algo esencial falta.

Pues algo muy parecido pasa con nuestra relación con Dios.

Claro que podemos encontrar a Dios en la naturaleza.
Claro que podemos rezar en casa, en el coche o caminando.
Claro que Dios está en todas partes.

Pero hay un lugar donde Dios se entrega del todo.
Donde no solo lo sentimos, sino que Él viene a nosotros.

Ese lugar es la Eucaristía.

Comulgar no es un gesto simbólico más. Es el momento de mayor intimidad posible con Dios. Es Dios mismo quien entra en ti, quien se te da por completo. Y eso cambia radicalmente la forma de entender la misa.

Por eso la importancia de la confesión. Es como una ducha espiritual, como ponerte colonia por dentro.

De ahí lo de «la ropa de los domingos» que se decía antes.

No era postureo. Mas bien entendían algo que nosotros no. Era entender que ibas a tu cita con Dios, y que a las citas importantes se va guapete.

Cuando alguien dice, «yo no voy a misa porque ya rezo y tengo mi fe», en el fondo se está perdiendo la mejor parte de la relación. Es como conformarse con pasear de la mano eternamente sin llegar nunca a encontrarse de verdad.

Y perdonad que sea clara, pero entre dar paseos infinitos por la orilla de la playa o encontrarme cara a cara con la persona que amo y entregarnos del todo… no hay color.

Cuando entiendes esto, empiezas a ir a misa con otra actitud.
Deja de ser una obligación.
Deja de ser rutina.
Se convierte en encuentro.

Así que, si hasta ahora no le has dado la importancia que tiene, quizá es momento de darle una vuelta, que igual si lo piensas lo sacas.

Porque las relaciones, o se cuidan en serio, o se quedan a medias. Y yo, no sé tú, pero paso de estar en la friendzone de Dios.

Andrea Santolaya
@andrea.santolaya

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