El otro día una compañera de trabajo me mandó una cosa por whatsapp y me dio por entrar en su perfil. Lo típico, a ver la foto de perfil, la verdad es que me salió solo hacerlo. Y de pronto vi en su estado “Nunca dejes de asombrarte” y paré en seco.
Me golpeó esa frase. Porque era justo lo que necesitaba leer. Llevaba unos días agobiada por algo que tenía que ver con el plano laboral y por alguna cuestión personal. Y cuando leí eso pensé, pero yo ¿de que voy?
Tengo tantas gracias que dar a Dios por haberme dado tantas oportunidades… tengo tanta suerte, tantos regalos y dones que me ha ido dando a lo largo de mi vida. Pero mi problema es que a veces doy las cosas por hecho, como si me hubiera acostumbrado a tener un buen trabajo, a poder ir en coche, a tener dos piernas y dos manos, a poder comer todos los días 3 veces, a poder notar las gotas de lluvia en mi cara, a poder sentir caricias y abrazos, a poder darme una ducha calentita, a tener vista y poder ver el paisaje por la ventana, a tener un maravilloso cielo azul que parece un cuadro cada mañana… hay tantas cosas a las que tengo la mala costumbre de acostumbrarme… Que pena!!!! No solo no lo agradezco, no solo he perdido la capacidad de asombro si no que encima cuando no lo tengo, lo exijo!!!
Cuando llueve y no hay sol, me quejo ¿acaso agradezco cuando me dan los rayos del sol en la cara mientras conduzco o mientras paseo? Cuando tengo mucho trabajo, me quejo ¿acaso agradezco tener un trabajo? Cuando la comida no me gusta, me quejo ¿acaso agradezco tener comida en el plato y poder saborear la comida? Cuando hace frío, me quejo y cuando hace calor, también. Cuando voy con prisas porque tengo mil cosas que hacer, me quejo y cuando no tengo nada que hacer y me aburro, también.
No puede ser!!!
Señor, que me maraville con cada cosa, que no me acostumbre. Que empiece a ver lo bonito, lo bueno, lo bello. Que de mi boca no salgan más quejas. Que contagie alegría y capacidad de asombro.
Que vea cada regalo que me haces. Que me quite la venda invisible que a veces parece que llevo puesta en los ojos y que siga cultivando esa capacidad de asombro que tienen los niños. Que disfrute de cada pequeño detalle que Tú tienes conmigo cada día y lo agradezca. Y que ofrezca -ya que estamos en Cuaresma- esas pequeñas cosas que me cuestan más, esas incomprensiones o cosas incómodas que a veces suceden, que cambie esas quejas por sonrisas… que no me queje por todo!!! Que cada vez que me vaya a quejar salga de mí agradecer. Tengo una lista taaaan larga de cosas por las que dar gracias… Que no puedo perder el tiempo quejándome!!!
De hecho, he decidido hacer hoy esa lista -te animo a hacerla-.
Así, cuando se me olvide, puedo coger la lista y recordar todos esos motivos que tengo para ser feliz, sonreír… y todas esas cosas que tengo para agradecer.
No dejemos nunca de asombrarnos porque estamos rodeados de belleza, sólo tenemos que quitarnos esa venda que a veces los adultos nos ponemos en los ojos. Y ser como niños, que se maravillan con todo.
Que me siga asombrando. Maravillando.
Gracias compañera por, sin darte cuenta, dar en el clavo.
Nata Caño
La entrada Nunca dejes de asombrarte<br/><span class=”autorcontitulo”><span class=”sinautor”>Sin Autor</span></span> se publicó primero en Jóvenes Católicos.
————————————————————————————————————————————————————————————
El anterior contenido fue publicado en: