Durante la vigilia pascual, Mons. José Luis Retana subrayó que “Dios sigue actuando hoy” y muestra de ello es el testimonio de los cinco jóvenes que recibieron los sacramentos de iniciación cristiana y se incorporaron plenamente a la Iglesia en la noche de la Resurrección
SERVICIO DIOCESANO DE COMUNICACIÓN
La Catedral Vieja de Salamanca acogió en la noche del Sábado Santo la solemne Vigilia Pascual, centro del año litúrgico, en la que la Iglesia celebra la Resurrección de Jesucristo, victoria de la vida sobre la muerte. La seo se llenó de fieles para vivir esta celebración que —como recordó el obispo diocesano, Mons. José Luis Retana— es verdaderamente “la fiesta de las fiestas”, porque en ella “nos jugamos todo, ya que queremos ser de Aquel que está resucitado”.
La vigilia comenzó en el exterior del templo, en la puerta de Santa Lucía, con la liturgia de la luz o lucernario. Tras la bendición del fuego nuevo y el encendido del cirio pascual —símbolo de Cristo, luz del mundo—, los fieles accedieron a la catedral en la oscuridad, iluminando la nave con sus velas encendidas, signo de la luz que vence a las tinieblas.
En este clima de recogimiento, se proclamó el pregón pascual, anuncio solemne de la Resurrección, que dio paso a la segunda parte de la celebración: la liturgia de la Palabra, que fue guiando a la asamblea por la historia de la salvación, desde el relato de la Creación hasta la vida nueva en Cristo, mostrando cómo Dios ha acompañado siempre a su pueblo.
Después, con el canto del Aleluya se proclamó la victoria sobre la muerte, antes de la proclamación del Evangelio de san Mateo, que anunció la Resurrección del Señor, a cargo del párroco de Guijuelo, Amable García.
Dios sigue actuando hoy
En su homilía, Mons. José Luis Retana explicó en su homilía que este recorrido es una experiencia viva que permite “entender que Dios ha estado grande con su pueblo siempre”, porque “ha actuado… y sigue actuando hoy”. Y añadió: “Si pudiéramos subir aquí uno a uno, podríamos contar lo que el Señor ha hecho en nuestra vida”.
El obispo subrayó que esta acción de Dios se hacía visible esa noche del Sábado Santo, donde mostraba con claridad que Dios sigue llamando y transformando corazones. Un ejemplo de ello, afirmó, es el testimonio de los cinco jóvenes que poco después recibirían los sacramentos de iniciación cristiana (Bautismo, Confirmación y Eucaristía). “El Señor sigue trabajando cada día, incluso en medio de nuestras dificultades”, apuntó. Y recordó que, como ellos, miles de personas dan ese paso en la noche de Pascua, “esta noche serán alrededor de 14.000 en toda España“.
Incorporados a la vida nueva
Tras la homilía comenzó la liturgia bautismal. Fue entonces cuando los cinco catecúmenos —Axel, Alfonso, Paula, Christian Antonio y Juan Carlos— fueron presentados a la asamblea por el delegado diocesano de Pastoral Universitaria, Ricardo de Luis Carballada y, tras renunciar al mal y profesar su fe, fueron ungidos con el óleo de los catecúmenos y el santo Crisma, y recibieron el sacramento del Bautismo. Nada más ser bautizados, el obispo abrazó a cada uno de ellos y les dijo: “Bienvenido a casa”.
Posteriormente fueron revestidos con vestiduras blancas, signo de la vida nueva recibida y ungidos con el santo Crisma en la Confirmación. Durante este rito, el obispo recordó a todos el sentido del Bautismo: “Es como si Cristo te abrazara y te dijera: eres mío para siempre, te pase lo que te pase, yo voy a estar contigo hasta el fin del mundo”.
La celebración continuó con la liturgia eucarística, en la que los nuevos cristianos participaron por primera vez en la mesa del Señor, culminaba así su proceso de iniciación, incorporándose plenamente a la Iglesia, la gran familia de los cristianos.
La Vigilia Pascual concluyó con la bendición solemne y el canto del Regina coeli, en un ambiente de gran alegría. Antes de finalizar, el obispo animó a toda la asamblea a acoger con un aplauso a los nuevos miembros de la Iglesia, gesto que fue correspondido con un largo y cálido aplauso por parte de todos los presentes.
Así concluía la celebración en la que la Iglesia volvió a proclamar que Cristo vive y que su luz sigue iluminando el mundo. Su Resurrección se hace presente hoy abriendo caminos de vida nueva.
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