Roma ha sido escenario de una experiencia transformadora para 48 jóvenes salmantinos, llamados a llevar la luz de Cristo en sus entornos cotidianos
SERVICIO DIOCESANO DE COMUNICACIÓN
Cuarenta y ocho jóvenes de la Diócesis de Salamanca han participado del 28 de julio al 4 de agosto en el Jubileo de los Jóvenes en Roma, una experiencia intensa de fe y encuentro con la Iglesia universal que ha dejado una profunda huella en sus vidas. Bajo el lema “Peregrinos de esperanza”, compartieron esta vivencia con miles de jóvenes de todo el mundo, en una Roma calurosa, y repleta de signos de fe.
La peregrinación comenzó el lunes 28 de julio con la llegada a la casa provincial de los Paulinos, donde fueron recibidos por el superior provincial, Roberto Ponti. A partir de ahí, el itinerario diseñado permitió vivir el Jubileo de forma profunda y completa, atravesando las puertas santas de las cuatro grandes basílicas de Roma. El martes visitaron las catacumbas de San Sebastián y la basílica de San Pablo Extramuros. Además, por la tarde, participaron en la misa de inicio del Jubileo en la plaza de San Pedro, donde apareció por sorpresa el papa León XIV y dirigió un mensaje final a los allí presentes, en torno a 120.000 personas.
El miércoles por la mañana entraron en Santa María la Mayor, donde rezaron junto a la sencilla tumba del papa Francisco, y por la tarde, celebraron una celebración penitencial en Santa María in Trastevere, presidida por el obispo, Mons. José Luis Retana, donde muchos jóvenes se confesaron tras una oración profunda.
El Jubileo en la basílica de San Pedro
El jueves, el grupo vivió el rito jubilar en la basílica de San Pedro, cruzando la puerta santa. Por la tarde, visitaron la Iglesia del Gesù, templo ignaciano con gran carga espiritual. Y el viernes, tras visitar por la mañana la Catedral de Roma, San Juan de Letrán, participaron por la tarde en el Encuentro de Jóvenes Españoles en la plaza de San Pedro, junto a más de 30.000 jóvenes de todo el país. El fin de semana culminó con la vigilia del sábado por la noche y la misa del domingo en Tor Vergata, presididas por el papa León XIV.
Antes de regresar a casa y subirse de nuevo al avión, algunos de los jóvenes de la diócesis hicieron balance de lo vivido durante esos siete días de Jubileo. Por ejemplo, Guiomar Calera, del grupo Jerut, quien destacó cómo el Jubileo le ha permitido “vivir la fe acompañada por otros de mi edad”, y recordó especialmente la celebración penitencial y el encuentro de españoles. Por su parte, Ángel García, de las Salesianas, vivió su primer Jubileo como “una experiencia única que todos deberían tener una vez en la vida”, resaltando la emoción de la vigilia y el canto espontáneo de la Salve Rociera: “estaba todo el rato con los pelos de punta”.
Para Marina Del Arco, de la parroquia de San Mateo, fue una forma de reencontrarse con lo vivido en la JMJ de Lisboa, y destacó el impacto de las catacumbas y la confesión: “Hacía mucho que no lo hacía y me emocioné”. Laura Brasileiro, de la parroquia de El Zurguén, valoró “la unidad de todos los jóvenes en torno a Jesús” durante el encuentro nacional en San Pedro.
Otro de los jóvenes que expresó lo vivido fue Daniel Revilla, del grupo Lux Mundi de la parroquia de Guijuelo, quien participaba por primera vez en una experiencia internacional: “Ha sido gratificante y reconfortante”. Él destaca el encuentro de españoles: “Nos unía un mismo motivo, vivir la fe en comunidad”. Para María Ramírez, de Pastoral Universitaria, “el mejor souvenir que me llevo han sido las personas” y definió la experiencia como “cansada pero superalegre”.
Una Iglesia viva que camina unida
Para Mario Cabrera, seminarista de la diócesis, estos días han sido “una experiencia de comunión, de fraternidad como diócesis entre los jóvenes y de experimentar que la Iglesia sigue viva”. Destaca que “los jóvenes no solo son el futuro, sino que somos el presente de la Iglesia”, y que este Jubileo ha ayudado a pasar “de un yo pequeño a un nosotros más grande dentro de la comunión”.
También en el aeropuerto, poco antes de embarcar de regreso a Salamanca, el delegado de Pastoral Juvenil, Andrés González Buenadicha, resumía la experiencia con tres palabras: encuentro, alegría y esperanza. “Han sido días de encuentro con Jesús en la Iglesia, de alegría nacida de la fe, y de esperanza. Porque Jesús es nuestra esperanza, y porque este grupo de jóvenes de la diócesis, con su entrega y entusiasmo, estoy convencido de que serán sembradores de esperanza allí donde viven”. Y finaliza remarcando que ha sido “un regalazo para toda la comunidad diocesana”.
“Una cascada de gracia” para Salamanca
Por su parte, el obispo, Mons. José Luis Retana, definió la experiencia del Jubileo con las mismas palabras utilizadas por el papa León XIV: “Ha sido una cascada de gracias”. Valoró especialmente que los jóvenes de Salamanca hayan podido encontrarse con miles de jóvenes de todos los continentes “que quieren seguir a Cristo”, y subrayó la importancia de haber vivido los signos jubilares (la Puerta Santa, la confesión, la eucaristía) como camino de renovación.
El obispo agradeció la presencia de los sacerdotes acompañantes —algunos llegados directamente desde sus campamentos de verano— y destacó la hondura de los mensajes del Papa: “Nos dijo que hay uno con mayúscula que sostiene la esperanza y da sentido a todas nuestras pequeñas esperanzas”.
“Nos invitó a buscar el bien, la verdad, la belleza, y no conformarnos con sucedáneos, y a ser sal de la tierra, luz del mundo y semillas de esperanza para otros”.
También animó a los jóvenes a releer las palabras del papa en la vigilia y la misa final, porque “nos dan un camino claro, profundo y bello para un estilo de vida verdaderamente joven”.
La cruz de San Pablo como signo de envío
La experiencia culminó con una última eucaristía en la casa provincial de los Paulinos, lugar de alojamiento del grupo, celebrada a primera hora del lunes, 4 de agosto. Fue una misa de envío, presidida por el obispo y concelebrada por los sacerdotes que han acudido al Jubileo y el superior provincial de Italia de los Paulinos, Roberto Ponti, quien tuvo un gesto especial al regalar a los jóvenes la cruz de San Pablo, como signo de misión, fe valiente y testimonio en el mundo.
Y con las mochilas y maletas cargadas de pulseras, recuerdos y nombres nuevos, pero sobre todo con el corazón lleno de sentido, los jóvenes salmantinos regresaron a casa sabiendo que el verdadero Jubileo comienza ahora: cuando lo vivido en Roma transforma su vida cotidiana. En el viaje en autocar de vuelta de Madrid a Salamanca, fueron muchos que compartieron también lo vivido con los demás.
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