CATÓLICOS EN SALAMANCA – Los jóvenes diocesanos rezan ante la tumba del papa Francisco

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Guiados por la oración, la escucha del Evangelio y el testimonio del papa Francisco, los jóvenes salmantinos vivieron en su tercer día en Roma una jornada de reencuentro con la misericordia, que culminó con la celebración penitencial presidida por el obispo en la Basílica de Santa María in Trastévere

 

SERVICIO DIOCESANO DE COMUNICACIÓN

La tercera jornada del Jubileo de los Jóvenes en Roma ha sido, hasta ahora, una de las más profundas vividas hasta ahora por el grupo de jóvenes de la Diócesis de Salamanca. Un día marcado por la interioridad, la oración compartida y el reencuentro con la misericordia de Dios.

La mañana comenzó con una intensa oración comunitaria guiada por el sacerdote, José Vicente Gómez, bajo el título Camino de oración.  A través de cuatro pasos: mirar, contar, escuchar y darse, los jóvenes emprendieron un pequeño camino interior.  Durante ese momento, se proclamaron el Salmo 138 y el evangelio de Juan 1, 35-42 (Venid y veréis), concluyendo con una oración escrita por el sacerdote Marcelino Legido ( 1935-2016): “Nuestro barro, entre tus manos arderá…”.

Después, el grupo se dirigió a la Basílica de Santa María la Mayor, una de las cuatro basílicas mayores de Roma. Allí atravesaron la Puerta Santa, signo visible del Jubileo, y se detuvieron en oración junto a la tumba del papa Francisco.

La plegaria preparada para este momento y titulada Con Francisco, tras las huellas del Resucitado, incluyó la proclamación del Evangelio de Juan 21, 15-19  (“¿Me amas? Apacienta mis ovejas”), cantos y una meditación a partir de textos del propio pontífice, en un gesto de comunión, gratitud y envío. También rezaron la Oración del Creador, tomada de la encíclica Fratelli tutti, pidiendo unas sociedades más fraternas y justas.

Antes de abandonar esta basílica jubilar, los jóvenes se detuvieron ante el icono de la Virgen María “Salus populi Romani”. Una imagen muy querida por el papa Francisco, que solía visitar antes de iniciar cada viaje apostólico para solicitarle protección y confiarle el fruto de su misión. En su capilla, el grupo de peregrinos vivió un momento de recogimiento y oración personal, en el que pusieron en manos de María sus intenciones.

 

Celebración comunitaria de la reconciliación

La tarde estuvo dedicada a la celebración comunitaria del perdón, que tuvo lugar en la Basílica de Santa María in Trastevere, y fue presidida por el obispo, Mons. José Luis Retana.

En su homilía, el prelado felicitó a los jóvenes por peregrinar a Roma, “porque, aunque creáis que habéis venido por propia voluntad, es el Señor el que ha puesto sus redes para traeros hasta aquí”. Les animó a dejarse encontrar por Cristo “como el tesoro escondido o la perla preciosa”,  recordándoles que “Él no solo quiere hacer una obra buena en vosotros, sino a través de vosotros”.

La liturgia penitencial incluyó las lecturas del libro del Deuteronomio 5 (los mandamientos), el Salmo 101 (“La misericordia del Señor es eterna”) y el evangelio de la oveja perdida (Lc 15, 3-7), proclamado con fuerza: “Habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos”.

Tras el examen de conciencia, se ofreció la posibilidad de confesión individual. La celebración finalizó con la oración del Magníficat y el canto Vaso nuevo, en el que muchos jóvenes emocionados cantaban: “Toma mi vida, hazla de nuevo. Yo quiero ser un vaso nuevo”.

 

 

 

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