CATÓLICOS EN SALAMANCA – Regaladores de Evangelio vivo

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El sacerdote Mariano Montero invita a volver a lo esencial de la Navidad: acoger a Jesucristo, la Palabra hecha carne, como el verdadero Regalo de Dios. Desde Él, anima a afrontar la realidad actual, marcada por la incertidumbre, con fe, esperanza y compromiso cristiano

 

El tiempo pasa volando. En pocos días hemos celebrado la Navidad, la Sagrada Familia, el Año nuevo y ya tenemos encima los Reyes Magos. Días de prisas y compras, comidas de empresa, felicitaciones a amigos y vecinos, encuentros familiares… Para no perdernos de lo esencial, la liturgia repite este II Domingo de Navidad el  evangelio que se proclamó en la misa del 25 de diciembre. Se trata del prólogo de San Juan, que nos dice que “la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros”. Esta es la verdad de la Navidad: Jesús ha venido a nosotros, es Dios-con-nosotros, Dios hecho hombre, niño, pobre… Desde Él vivamos todo lo demás.

Por ejemplo, desde Jesús vivamos la inminente fiesta de los Reyes Magos. ¿Qué regalo espero para este año? Si antes de responder me fijo en Jesús, entonces me cambia la respuesta. Si me fijo en su forma de nacer, en la pobreza y humildad del pesebre de Belén, me acuerdo de tantos que no tienen qué comer o que no tienen una casa digna donde vivir. Y entonces el centro pasan a ser los otros y no yo. Si caigo en la cuenta de que este Niño Dios nacido en un establo acabará su vida clavado en una Cruz, con una corona de espinas, recuerdo a tantos que viven y mueren en la cruz de la enfermedad, la soledad y la injusticia del mundo. Y, definitivamente, ya no quiero regalos para mí, sino que me descalzo y adoro a este Niño Dios-con-nosotros que me dice: “No he venido para ser servido, sino para servir y dar la vida”; y añade: “Haz tú lo mismo”. En su nacimiento y su vida, su muerte y resurrección, Jesús se ha hecho Regalo para nosotros, se hace regalo para mí y no necesito más: es el mejor regalo de Reyes recibido, ya para siempre; el más grande premio gordo imaginado, que nadie superará; la mayor gracia soñada, que quita el pecado del mundo.

Desde Él me asomo a la realidad de nuestro mundo y nuestra historia en este inicio del 2026. Lo hago a través de lo que, en esta semana de cambio de año, han destacado los diversos periódicos e informativos. Y me inquieta y asombra la coincidencia del panorama que dibujan: “Incertidumbre parece el término perfecto para avanzar lo que el nuevo año puede traer, con previsibles terremotos en lo político, lo social, lo científico y lo cultural en todo el mundo”… “Año I del nuevo orden mundial: La revolución trumpista, el acelerón tecnológico y la creciente precariedad marcan un año repleto de desafíos insólitos”… “Trump ha convulsionado el mundo en tiempo récord: la economía, la geopolítica y la manera misma de ejercer el poder, polarizando como nunca el debate público”… “El presidente estadounidense acelera en su choque de civilizaciones contra la Unión Europea, mientras corteja a Rusia y deja hacer a China”… “Cinco fuerzas -el declive de Occidente, el medio ambiente, la democracia, el Estado del bienestar y la tecnología- decidirán el rumbo del siglo XXI. Ninguna ofrece estabilidad”.

¿Qué hacer ante este mundo y esta historia inciertos? Confiemos en el Dios Presente y compasivo (“Tanto amó Dios al mundo que envió a su Hijo”), contemplemos y ad-miremos a Jesús (“Tomó la condición de siervo, haciéndose uno de tantos”) y, en consecuencia, escuchémosle y hagamos carne su mandamiento (“Amaos unos a otros como Yo os he amado”).

Si algo le pediría a los Reyes Magos, para mí y para todos los cristianos, es que se nos conceda hacernos regaladores de Evangelio vivo para nuestro tiempo. ¿Cómo podríamos traducir esto? Aportemos denuncia profética, justicia y paz para el mundo: lo claman los pequeños de Gaza, Ucrania, Siria, Sudán y tantos otros… Alentemos la sinodalidad efectiva y el espíritu misionero para la Iglesia: así lo esperan sobre todo los laicos, mujeres, jóvenes y pobres… Regalemos la alegría y esperanza que nacen del Evangelio para nuestra vida cotidiana: lo necesitan todos y todas con quienes compartimos el día a día, a modo de perenne Jubileo de la Esperanza… Me atengo a lo dicho: Si la Palabra se hizo carne y se nos hizo regalo, hagámonos este 2026 “regaladores de Evangelio vivo”.  

Mariano Montero, sacerdote Adsis, párroco de Santa Marta de Tormes

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