Dos ponencias y una mesa redonda han centrado esta iniciativa diocesana para vincular la esperanza en campos como el de la comunicación, la teología, la política o la sanidad, entre otras áreas sociales
SERVICIO DIOCESANO DE COMUNICACIÓN
Con el objetivo de redescubrir la esperanza en diferentes ámbitos de la vida, la Diócesis de Salamanca ha celebrado desde el pasado martes, 25 de marzo, y hasta este viernes, la Semana de la Esperanza, centrada en dos conferencias y una mesa redonda, con profesionales de ámbitos como la comunicación, la política, la sanidad o la vida religiosa.
La primera de las ponencias ha sido la de la periodista y secretaria general adjunta de CONFER, Silvia Rozas Barrero, FI, bajo el título de “La esperanza en los medios de comunicación”. A modo de introducción, recordó las palabras del papa Francisco en el Jubileo de la Comunicación que tuvo lugar el pasado mes de enero, donde recordó que la del periodista, “es más que una profesión, es una vocación y una misión, y los comunicadores tienen un papel fundamental en la sociedad actual, en la narración de los hechos, y en la forma de contarlos”. Asimismo, el santo padre cree que existen dos tipos de comunicación: “Una que reaviva la esperanza, tiende puentes, abre puertas, y y una que aumenta las divisiones, las polarizaciones y las simplificaciones de la realidad”.
Los pecados de la comunicación
Rozas también insistió en la idea de la importancia de ver y escuchas, “de ponerse al lado de los marginados, de reavivar el sentido del bien y del mal”. Esta religiosa también enumeró los cuatro “pecados” de los medios de comunicación, o también denominadas cuatro “malas actitudes” en aspectos que amenazan a los profesionales de la comunicación. En concreto, habló de la desinformación, la calumnia, la difamación y la coprofilia. Y añadía también que la comunicación en la Iglesia, “no es solo un medio, sino una expresión de comunión”.
Por otra parte, también alertó de la circulación de muchos bulos en la Iglesia y en la sociedad, “hay muchas páginas web que no contrastan sus informaciones y otras que calumnian con alevosía”, y la importancia de leer fuentes diversas y contrastadas, “sin ir siempre a la misma fuente”. Asimismo, Silvia Rozas insistió en que el periodista debe informar “con dignidad y deontología profesional”, “evitar la obsesión por ser el primero en publicar, y tomarse el tiempo para reflexionar sobre lo que se está contando”.
¿Y cómo comunicar la esperanza? Esta periodista lo tiene claro: “Salir a la calle y buscar historias”, y tener en cuenta siempre el hecho de contrastar la información, proponer mejoras en las crisis o fomentar el diálogo, entre otras claves”.
Mesa redonda: “Horizontes de esperanza”
El miércoles, la Semana de la Esperanza se centró en una mesa redonda titulada: “Horizontes de esperanza”, que fue moderada por la catedrática de Lengua y Literaturas españolas en la Facultad de Comunicación de la UPSA, Asunción Escribano, y contó con la participación del presidente del Consejo Económico y Social de Castilla y León, Enrique Cabero; el profesor de Teología Dogmática en la UPSA, Emilio José Justo; y, el jefe del Servicio de Traumatología del Hospital de Salamanca, Juan Francisco Blanco, que abordaron la esperanza desde sus ámbitos de política, teología y científica.
El primero en intervenir fue Enrique Cabero, quien destacó que, pese a la situación actual, “claro que hay que hablar de la esperanza“, y defendió que “la esperanza no defrauda, no defrauda nunca”. En su intervención, estableció un paralelismo entre las virtudes teologales y los principios del Estado de Derecho, la fe, la esperanza y la caridad; y la libertad, la igualdad y la fraternidad. “Libertad e igualdad en el ámbito de lo público hacen esa pareja imprescindible que en la religión llevan a efecto, como decía antes, la fe y la esperanza”, subrayó.
Asimismo, resaltó la importancia de la fraternidad, afirmando, que dice ser complementada ahora más recientemente con la palabra sororidad, “esa idea de hermandad de todos los seres humanos, que es la que garantiza que somos libres e iguales“. Antes de finalizar, destacó la necesidad de paz y concordia, citando la inscripción en la Casa de la Concordia de Salamanca: “Ira, odium generat; concordia, nutrit amore” y reflexionando que el odio es uno de los peores venenos para la esperanza, y cree que no debemos alimentar nunca el odio, “sino todo lo contrario, porque eso es alimentar la esperanza”.
Desde el punto de vista teológico
Por su parte, Emilio José Justo, compartió tres reflexiones clave sobre los horizontes de esperanza desde la antropología y la teología. En primer lugar, la posibilidad de lo nuevo, señalando que el ser humano es un ser “abierto” y “vertido hacia el futuro”. Además, afirmó que el ser humano tiene la capacidad para crear, “para hacer algo que no está dado, que no está hecho, que depende de nosotros y tenemos esta capacidad creativa para hacer cosas nuevas”. Y considera que esto se relaciona con la esperanza como una proyección hacia el futuro. Otra clave fue la experiencia del perdón como generadora de esperanza. “Hace posible que se abra la relación, que se abra mi vida y que se abra la del otro”, sentenció, porque el perdón es algo totalmente nuevo, “y curiosamente es algo que solo se puede esperar… el perdón nunca se puede exigir, nunca se puede imponer”.
Y por último, la tercera de sus reflexiones se centró en la esperanza en Dios, “cuenta con nosotros, nos deja espacio para que nosotros le respondamos, para que actuemos, para que lo amemos”, y para ello, citó la parábola del Pastor que busca la oveja perdida y la idea de que Dios tiene esperanza “en que nosotros participemos de la relación con él y él nos está esperando”.
El último en intervenir fue Juan Francisco Blanco, quien recordó que la ciencia ha procurado una serie de mejoras, ventajas, y subraya que “nunca se ha vivido en términos de calidad de vida… tan bien como ahora en general”. Por otra, reflexiones sobre el hecho de que las personas, aunque nos enfrentemos a los problemas similares, “cada individuo tiene una versión propia de esa esperanza que está matizada por su familia, por sus vivencias, por su situación”. Y advirtió del peligro de la “pseudociencia”, y la distinción entre lo verdadero y lo falso: “La esperanza frustrada”, y en personas que depositan su esperanza, “en la mentira”.
“La esperanza no defrauda”
La última jornada de la Semana de la Esperanza se centró en la conferencia, “La esperanza no defrauda”, que lleva el título de la Bula de convocatoria del Jubileo ordinario 2025 (Spes non confundit), y fue ofrecida por la teóloga, Elisa Estévez López. En sus primeras palabras recordó el mensaje del papa Francisco de mantener viva “la llama de la esperanza”, y a mirar el futuro con confianza y amplitud de miras. Según ella, el santa padre nos recuerda que el mundo necesita “profetas, hombres y mujeres de esperanza”, que se convierten en testigos de la vida cotidiana a través de un compromiso renovado. Esta esperanza, lejos de ser un “optimismo ingenuo”, es una invitación a una conversión profunda.
Además, insistió en que la esperanza cristiana tiene un fundamento en la experiencia del amor divino, y se expresa a través de la fe, el amor y la esperanza, como se destaca en los textos paulinos del Nuevo Testamento. La esperanza cristiana, explicó, es la certeza de ser amados por Dios y, por tanto, tiene un “fundamento inquebrantable” en la fidelidad de Dios.
Estévez también habló de los desafíos que enfrentan las sociedades contemporáneas, como la crisis de sentido y el culto a la inmediatez, que generan “vacío” y “desilusión”. A pesar de estos desafíos, afirmó que los cristianos no deben caer en el “desánimo” ni en “sucedáneos de esperanza”.
Esta teóloga reitera que la esperanza verdadera, desde la fe en Cristo, es una “actitud teologal”, que nos lleva a confiar plenamente en las promesas divinas, especialmente en la resurrección de Cristo, que es el fundamento de nuestra esperanza.
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