CATÓLICOS EN VALENCIA – Jóvenes valencianos participan en las peregrinaciones a la localidad francesa de Taizé

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Un grupo de cerca de 40 jóvenes de la diócesis de Valencia han participado en la peregrinación a la localidad francesa de Taizé, donde se congregan cada semana miles de jóvenes, durante este verano. 

Los peregrinos valencianos, junto con algunos jóvenes de Zaragoza y Toledo, que se han sumado a la peregrinación organizada por la Delegación de Infancia y Juventud del Arzobispado de Valencia, partieron el pasado 1 de agosto hacia la localidad francesa donde reside la comunidad ecuménica de Taizé . Allí, se han sumado, a cerca de 4.000 jóvenes de distintos países europeos, con los que han participado en oraciones comunitarias, han formado grupos de trabajo y han organizado talleres sobre temas sociales. 

“Este año, se ha profundizado sobre el tema de la Búsqueda, alimentar el corazón de los jóvenes a esa búsqueda interior y exterior del Señor en todo momento. También hemos podido convivir con un numeroso grupo de jóvenes suecos, cristianos protestantes, con los que los jóvenes han podido dialogar y conocer otras confesiones cristianas”, indica Sergio Pelarda, delegado de Infancia y Juventud del Arzobispado de Valencia. “Taizé es siempre el abandono total al Señor, ponernos delante de Él y confiar”. 

Más allá del viaje, quienes han vivido esta experiencia destacan la sencillez, el silencio, la oración y la posibilidad de reconectar” en medio del ritmo acelerado de la vida cotidiana.

 

“Hay decisiones que marcan un antes y un después en la vida. Taizé ha sido una de ellas”

La joven Marina Sánchez Garrido, de 28 años de Valencia nos comparte su testimonio de lo vivido es esta peregrinación:

Hace apenas un mes ni siquiera sabía de su existencia y, sin darme cuenta, se ha convertido en un lugar al que quiero volver año tras año. No solo para crecer como cristiana, sino como persona, como mujer, como ser humano.

En apenas una semana me he dado cuenta, a través de lo aprendido en los Evangelios, de que muchas veces llegamos a conocernos mejor a nosotros mismos gracias a las personas que Dios pone en nuestro camino. Personas que llegan, nos enseñan, nos confrontan, nos acompañan y, de alguna manera, dejan algo de sí en nosotros.

Vaya donde vaya a partir de ahora, quiero llevar conmigo una forma de vivir que estos días me han enseñado: caminar con el corazón y la mente abiertos, amar como Dios nos ama, nos amó y nos amará.

Simplicidad e ilusión. Fe y esperanza. Elegir creer, incluso cuando no sabemos muy bien hacia dónde nos lleva el camino.

Porque no todo en la vida es blanco o negro. En Taizé aprendí que el gris también puede ser un color precioso. Que podemos pensar diferente, venir de lugares distintos, tener historias completamente opuestas y, aun así, sentarnos juntos, escucharnos y querernos. Que nadie es más que nadie.

Y quizá eso sea lo que me llevo conmigo: la certeza de que no siempre necesitamos saber hacia dónde vamos para seguir caminando. A veces basta con confiar, abrir el corazón y dejar que Dios nos sorprenda en el camino. 

Gracias por tanto🤍

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