La delegada de Enseñanza y Pastoral Educativa de la Archidiócesis de Valencia, Rosa López, y el consiliario, Alfonso Ibáñez, recientemente nombrados por el Arzobispo, analizan la realidad y los desafíos del mundo educativo actual en una sociedad preocupada más por el “bienestar” que por el “bien ser”. Piden a los agentes sociales un espacio público inclusivo, con menos presión a la asignatura. “Los alumnos son héroes en el aula y el profesorado sufre hostigamiento”. Y ante un mundo tecnológico afirman que “hay volver a colocar al alumno en el centro de nuestra mirada y no solo hay que educar la mente de los alumnos sino también su corazón”.
– En un contexto como el actual, la enseñanza católica tiene que salir al paso y defender con más ímpetu que nunca sus principios, ¿no es así? ¿Qué diagnóstico hacéis de la educación actual?
– Rosa: Estamos en una crisis de qué es ser persona, qué es un ser humano, qué está llamado a ser. Nos hemos equivocado con las preguntas de la educación, porque nos hemos hecho preguntas que no tienen que ver con la fuente, que es quién soy, quién estoy llamado a ser, cómo puedo ser feliz, qué puedo esperar, cómo puedo llevar una vida buena…… Hemos dado muchas respuestas científicas, muchas respuestas tecnológicas, pero pocas respuestas de la esencia de la educación, que es hacer emerger todo el sueño de Dios sobre un ser humano. Y por ahí, hemos cometido el primer error.
Cuando estuvo don Carlos Osoro de arzobispo, dijo una frase que a mí se me quedó grabada: que la crisis de la educación es la crisis del sujeto. Luego, el papa Juan Pablo, también el Papa Benedicto con la emergencia educativa, y el Papa Francisco con el pacto educativo, han ido poniendo el foco en lo que está en juego, la persona, la sociedad.
– Alfonso: Sí, en parte hemos ido dejando a un lado la religión pensando que no tiene demasiada importancia, como si fuera algo secundario frente a otras materias consideradas más relevantes. Pero con ello olvidamos algo fundamental: la formación integral de la persona. El ser humano no es solo razón o técnica; también tiene una dimensión espiritual, una apertura a la trascendencia que forma parte de su identidad.
Además, la religión tiene también un valor cultural muy importante. Nuestra historia, nuestro arte y buena parte de nuestra cultura no se entienden sin la tradición cristiana y, en concreto, sin la tradición católica. Muchas veces nuestros alumnos visitan espacios con un gran valor histórico o artístico y no saben interpretarlos porque les faltan esas claves.
Por eso creo que estos dos ámbitos son esenciales: la dimensión trascendente de la persona y el bagaje cultural que ofrece el conocimiento del hecho religioso. Desde ahí, la asignatura de Religión puede ayudar a integrar muchas otras dimensiones del saber y convertirse en un elemento unificador que permita comprender mejor nuestra historia, nuestra cultura y la realidad que nos rodea.
– ¿No os da la sensación de que siempre hay que estar defendiendo o justificando el lugar y el sitio que debe ocupar la asignatura de Religión dentro del currículo escolar?
– Rosa: Sí, eso es un problema. Defendemos el derecho de los padres, entre otros derechos, por ejemplo, la libertad religiosa, como recoge nuestra Constitución. Pero muchas veces son los propios alumnos los que toman esa decisión de apuntarse o no en la asignatura. Estamos dejando esta decisión en manos de criaturas que quizás no están suficiente formadas para valorar o ponderar este hecho en su justa medida, por el potencial histórico, artístico, ético que tiene la materia, aparte de toda la dimensión espiritual y trascendente.
Así es que como los padres- que debemos ejercer esa autoridad- estamos dando pasos cada vez más atrás, nuestros alumnos a edades cada vez más tempranas tienen que tomar decisiones para las que no están preparados. Esto es un problema grave. En Secundaria es un drama: un alumno de primero de ESO decide si va o no va a Religión, sin más, pero lo más grave es que muchos padres ni siquiera saben si su hijo va a Religión o no. Eso hace que nuestra asignatura esté siempre en el filo de muchas navajas.
– Alfonso: En cierto modo les estamos pidiendo a nuestros alumnos que sean casi héroes dentro del aula. Muchas veces la asignatura de Religión se coloca a primera o a última hora y, en muchas ocasiones, ni siquiera tiene una asignatura alternativa clara. Eso hace que quienes no la cursan puedan entrar más tarde o salir antes, o dedicar ese tiempo a hacer trabajos o estudiar.
Además, el alumno que decide quedarse en Religión puede sentirse observado o cuestionado por compañeros que tienen otra visión. Y quizá no siempre es la edad ni el momento más adecuado para tener que sostener esa presión.
– Rosa: La solución de la LOMCE era buena, porque daba a las distintas confesiones religiosas la posibilidad del estudio del hecho religioso- los alumnos podían elegir entre el hecho religioso, sociedad, cultura y religión o religión católica-, unos lo miraban desde un prisma social-cultural, y otros, desde un prisma confesional. De esta manera, todos se nutrían de un bien común y se salvaguardaban los derechos de todos: el derecho del alumno a apuntarse a Religión católica y el derecho del resto de alumnos a tener cultura religiosa.
– Ante esta situación, ¿hay algún acuerdo alcanzado ya para que el curso próximo introduzca novedades que favorezcan la enseñanza de la Religión católica?
– Rosa: Están cocinándose algunas cosas. Hay una propuesta de convenio en marcha, a nivel de Comunidad Valenciana, una instrucción de principio de curso que va a salir ahora. Pero lo que pasa es que hay acuerdos a distintos niveles y legislación a otros niveles que prevalecen y hay que hacer equilibrios para que estos decretos estén en sintonía con el nivel estatal pero también con los acuerdos Iglesia-Estado que tienen un rango superior. Con todo esto hay que hacer encaje de bolillos para que haya una solución justa con el modo de ser y estar de la asignatura de religión y también con el estatuto el profesor de Religión que es diferente al de otros profesores.
Yo soy profesora. He dado lengua, literatura, filosofía y he sido profesora de Religión en la concertada, y luego muchos años en la escuela pública. Dando religión he podido profundizar, hacernos preguntas y llegar a zonas de mis alumnos que no ha llegado ningún otro compañero. Es la asignatura más bonita de todo el currículum. Todos los que soñamos que nuestros alumnos puedan encontrar la felicidad, según la propuesta del Evangelio, deberíamos poner el foco en preservar esos espacios que se nos dan en el foro público. Hay que protegerlos y no perderlos, primero por fidelidad a lo que somos y a la herencia que hemos recibido, segundo porque paso que demos atrás las generaciones siguientes es muy difícil que lo recuperen.
Por eso, haría una llamada a los poderes públicos, para discernir juntos qué espacio público estamos soñando para todos. Yo creo que en el tejado de la Iglesia está la pelota de ser significativos, de encontrar un lenguaje que suene a buena noticia hoy, que se nos entienda fuera de nuestros entornos y ese reto está en nosotros, de acuerdo; pero yo creo que también los agentes sociales tienen el reto de hacer un espacio público donde realmente quepamos todos y que sea inclusivo, también la Religión, y eso es una pérdida de raíces de sentido de espacio público importantísima.
– Esa situación de discriminación o abandono de la asignatura, también se traslada a los profesores de Religión de la escuela pública ¿Cómo ven el panorama?
– Alfonso: Efectivamente, muchos profesores de Religión están trabajando en condiciones muy difíciles y algunos viven esta situación con una gran carga de sufrimiento. En ocasiones no se sienten plenamente integrados en los claustros de los centros y, a veces, ni siquiera disponen de un espacio físico adecuado donde desarrollar su tarea. Esto puede generar momentos de soledad e incluso situaciones de incomprensión o de cierta hostilidad.
Por eso uno de nuestros empeños —y también algo que ellos mismos nos piden— es sostenerlos y acompañarlos en su labor, que es muy importante tanto en el ámbito educativo como en el evangelizador. Su trabajo contribuye a mantener vivo ese sueño de Dios sobre cada alumno, poniendo a la persona en el centro y apostando por una educación verdaderamente integral.
Además, muchos viven cada curso con una cierta incertidumbre, porque cada año deben comprobar si el curso siguiente tendrán alumnos suficientes y en qué centro podrán desempeñar su labor, ya sea en un instituto o en un colegio. Esa situación también añade una dificultad más a su trabajo cotidiano.
– Rosa: A nosotros también nos gustaría, desde esta entrevista, darles las gracias a los profesores de Religión por el trabajo que están haciendo, trabajo incombustible en la frontera y en las periferias, llegando a lugares donde la Iglesia es la única presencia que tienen pues es la clase de Religión de la pública.
Desde luego, nuestra primera labor va a ser, ir a todas las vicarías, encontrarnos con ellos, conocerles, escucharles y agradecerles personalmente todo lo que están haciendo.
– Alfonso: Nos importa cada uno de nuestros docentes. Queremos poner rostro a sus realidades, escuchar sus dificultades, sus inquietudes y también sus anhelos.
Queremos estar cerca de ellos, no solo en los momentos difíciles, sino también en la parte más gozosa de su tarea: trabajar con los alumnos y acompañarlos en su crecimiento.
– Otro desafío que no podemos olvidar son las redes sociales y cómo están impactando también en el mundo educativo. Vosotros que estáis tan imbuidos en el mundo de la educación y a pie de aula, ¿cómo lo veis?
– Rosa: Los estudios ya están demostrando que estamos viviendo un cambio grandísimo en el modo de situarse de los alumnos ante la realidad. Esto afecta a muchas cosas, pero en cuanto a las redes sociales, está siendo un drama captar la atención de los alumnos. Captar la atención y mantener la atención, esto ya está siendo un esfuerzo ímprobo de gestión de aula.
Ellos están haciéndose una mente tiktoker, donde la duración de su atención es la que es, una mente de cancelación. No me gusta, me aburro, cancelo, corto, y claro, esto en clase se vive como disrupciones, desconexiones del alumno, incluso malas conductas, malas contestaciones, mantener, por ejemplo, el control de la emoción, el control del impulso. Todo esto, las redes no te hacen ningún trabajo de perseverar, de aguantar, de salir al encuentro de la persona. Es justo todo lo contrario de lo que exige el esfuerzo, la memoria. La gestión del impulso, la planificación….también se resienten.
– Alfonso: Y junto a eso, el problema de la adicción de los jóvenes a las redes. Ya no saben vivir sin su móvil, ya no saben vivir sin su Instagram, tiktok, se ha creado una adicción, eso es un problema. Y si intentas que se aparten un poco, se agobian.
Por otra parte también a mí me preocupa mucho el uso que hacemos de las redes, a veces ese acoso al que algunos someten a sus compañeros en el anonimato de una red. Se crean relaciones dañinas.
– Rosa: Instamos a los padres a retrasar el momento de acceso a una red o a un smartphone. Ahora todos los estudios están diciendo que hasta los 14 años mínimo se retrasa esta edad de acceso a redes o al mundo digital. Hemos tenido dificultades de adicción, tendencias suicidas, problemas psicológicos 5º y 6º de Primaria y en ESO, a niveles que nos colocan en situación de alarma social. En los momentos donde se está construyendo la identidad del niño o del joven, a través de las redes, su popularidad dependen de los “likes”. Esto es durísimo, estos son pesos con los que nuestra generación no ha tenido que cargar. Y ellos tienen que soportar con el peso de ver validada su identidad, en el momento de máxima inseguridad y vulnerabilidad en cuanto a su identidad.
– Los profesores enseñan a detectar estas conductas de acoso? Son conscientes los mismos niños o adolescentes que están acosando?
– Rosa: Desde la Fundación de Colegios Diocesanos estamos trabajando en la incorporación de un especialista por centro, y estamos formando a los orientadores de 60 Colegios Diocesanos con la Universidad Católica en un programa exigente de tres años. Y me consta que en los Colegios de FERE también están haciendo muchísima formación para prevención e intervención, que son los dos pilares de acción.
– Alfonso: Algunos de nuestros colegios están desarrollando procesos de acompañamiento personal en los que cada alumno puede elegir a un profesor que le acompañe de manera más cercana. Se trata de ofrecerles un espacio de confianza donde puedan hablar no solo de cuestiones académicas, sino también de su crecimiento personal y de aquello que les preocupa o les afecta en su vida diaria.
La idea es que los alumnos cuenten con una referencia adulta dentro del centro que pueda escucharles, orientarles y acompañarlos en su proceso personal. Este acompañamiento también tiene un componente preventivo muy importante, porque permite detectar a tiempo posibles dificultades y ayudar a nuestros alumnos en momentos que, muchas veces, no son sencillos.
– Rosa: El alumno de un colegio diocesano tiene, por un lado, su profesor tutor de cada año y, por otro lado, un acompañante personal que el alumno elige y que le acompaña a lo largo del tiempo. Entonces, es más fácil en un entorno así -si hay un vínculo tan potente- detectar cualquier dificultad. Detectar y prevenir.
Además, los problemas son continuos, se mantienen 24-7. Y por la noche este alumno o esta alumna sigue siendo hostigado por redes. Los profesores nos sentimos muy frustrados. Yo los mayores disgustos que me he llevado como profesora, ha sido la impotencia a la hora de cortar las situaciones de acoso.
– Alfonso: Además, muchas veces nuestros alumnos no son plenamente conscientes de que están acosando. No perciben con claridad el daño que pueden estar provocando con determinados comportamientos o comentarios.
Hay muchos jóvenes que están cargando con verdaderas mochilas de sufrimiento. Por eso estas situaciones deben abordarse cuanto antes. Cuando se dejan pasar, el tiempo juega en contra y el sufrimiento de quienes lo padecen se agrava. Es fundamental actuar con rapidez y acompañar tanto a quien sufre como a quien está generando esa situación.
– Rosa: Y el acosado por temor tampoco muestra muchas veces su estado. Entonces, la complicidad silenciosa de unos por ignorancia o por seguir la corriente, y el miedo del acosado o a veces la vergüenza, hace que ni siquiera en su casa, ni siquiera al tutor y a veces ni siquiera su amigo o a su amiga se lo diga.
A mi esto me quita el sueño. Por mucho que quieras, por mucho que apliques los protocolos de acoso, luego lo ves salir por la puerta del colegio o del instituto y piensas “y ahora este alumno con quién se va a encontrar, qué va a aparecerle por su móvil. Es una sensación de impotencia tremendo.
Y otro problema es que los padres de los acosadores muchas veces se niegan a ver la realidad o justifican la actitud de sus hijos. Eso dificulta muchísimas cosas. Y otro drama es que acaba saliendo del colegio el alumno víctima, en vez de cambiarse de colegio el alumno acosador.
– ¿Qué soluciones se pueden aportar para favorecer este contexto y ayudar a los alumnos?
– Alfonso: En estos momentos todos los colegios estamos revisando y trabajando mucho los planes de convivencia. Es importante crear espacios donde los alumnos puedan hablar y sentirse escuchados.
A veces no dedicamos suficiente tiempo a escuchar de verdad a nuestros jóvenes. Ellos necesitan descubrir que lo que les pasa importa y que hay adultos dispuestos a acompañarlos sin juzgarles ni etiquetarles.
Desde ahí es más fácil detectar, acompañar y buscar soluciones.
– Rosa: Un desafío que tenemos es que nos hemos preocupado mucho por el bienestar y nos hemos olvidado del bien ser… Y esto es como una hidra que tiene muchas cabezas. En una sociedad absolutamente ruidosa, la escuela tiene el reto de proponer el silencio, la oración, la reflexión. Frente a las redes virtuales, nosotros tenemos que proponer las redes humanas y la solidez y la calidad de los vínculos. Y la escuela católica que tiene como modelo a Cristo lo tiene que ofrecer como un tesoro al mundo, como Buena Noticia.
Luego, frente a la extroversión- el estar permanentemente hacia afuera- hay que proponer meterse hacia adentro, encontrarse con el Señor, y saber que te espera. Y frente a este individualismo exacerbado, debemos pasar a la pedagogía de la comunión, esta opción por la comunidad que es tan marca y tan sello de la casa. En el fondo, lo que buscamos es, ante un modelo de vida y de ser humano fragmentado, devolverle ese sentido: “soy un hijo de Dios y estoy llamado a vivir como Jesús vivió”. Yo creo que esto es uno de los grandes desafíos que tenemos.
– Alfonso: A mí me preocupa que no nos limitemos solo a educar la mente, sino que también eduquemos el corazón. La escuela no puede quedarse únicamente en la transmisión de contenidos.
Tenemos que volver a colocar al alumno en el centro y ayudarle a crecer como persona: un corazón capaz de abrirse, de amar, de servir y de ser solidario.
Muchos de esos valores tienen una raíz profunda en el Evangelio y ayudan a construir una sociedad más humana. Por eso es importante que la educación se preocupe también por el crecimiento interior del alumno y por su “bien ser”, no solo por sus resultados académicos.
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