“La educación es lo que realmente cambia la vida de las personas”
La violencia machista es una de las realidades más dolorosas del país
La misionera laica Silvia Heredia ha sido la encargada esta semana de presentar la campaña contra el hambre de Manos Unidas, en la diócesis de Valencia. Natural de Alicante y trabajadora social de profesión, lleva más de dos décadas en Honduras, en la diócesis de San Pedro de Sula, acompañando a los más vulnerables. Fue una de las impulsoras del proyecto “Paso a Paso”, con el que colabora la ONGD católica, dedicado a la prevención social y la búsqueda de oportunidades para niños, niñas y mujeres, a través de una educación liberadora que les ofrezca un futuro mejor.
En la Rivera Hernández, uno de los sectores más empobrecidos y estigmatizados de San Pedro Sula, la segunda ciudad más importante de Honduras, educar es una tarea difícil. Allí, desde hace 24 años, la misionera laica Silvia Heredia trabaja el proyecto comunitario “Paso a Paso”, una iniciativa socioeducativa que trabaja con menores y familias en situación de alto riesgo social.
Pobreza extrema, violencia, pandillas y narcotráfico
La Rivera Hernández es una región hondureña, marcada por la pobreza extrema, la violencia, la presencia de pandillas, el narcotráfico y el abandono institucional. Las escuelas presentan condiciones indignas, muchas familias sobreviven sin acceso regular a agua potable y más del 60 % de la población vive en pobreza extrema. En este contexto, la infancia queda especialmente expuesta a la droga, la violencia y la exclusión.
“Paso a Paso” nació tras un estudio sociológico que reveló una realidad alarmante: niños y niñas creciendo en la calle, sin espacios seguros, sin alimentación adecuada y sin oportunidades educativas. El proyecto, católico y vinculado a la organización misionera OCASHA-LM, fue impulsado por monseñor Ángel Garachana, obispo claretiano muy preocupado por la situación de una comunidad muy debilitada por todas estas injusticias y con la necesidad de esperanza. Así, el proyecto se consolidó como un centro de día gratuito que ofrece alimentación, acompañamiento educativo y actividades para la infancia y la juventud del barrio.
Atención a más de 500 familias
Actualmente, el programa acompaña a unas 500 familias y atiende cada día a cerca de 180 personas entre menores, jóvenes y mujeres. El trabajo se desarrolla a través de diferentes áreas: alimentación, becas de estudio, salud, espiritualidad y “Sueños a mano”, desde las que se trabaja la nutrición, la educación, la formación en valores y el fortalecimiento comunitario. “Entendimos que no bastaba con trabajar solo con los niños, había que apoyar también a las familias, y especialmente a las mujeres, que son quienes sostienen el hogar”señala Heredia.
Desde hace casi dos décadas, Manos Unidas colabora de forma continuada con “Paso a Paso”. Primero, a través de proyectos de nutrición, y más tarde apoyando el acceso a la educación mediante becas escolares. Aunque la educación pública es teóricamente gratuita, muchas familias no pueden asumir los costes de uniformes, libros o calzado. “La educación es lo que realmente cambia la vida de las personas”, afirma Heredia, citando al pedagogo Paulo Freire: “La educación no cambia el mundo, cambia las personas que van a cambiar el mundo”.
“Cuando una mujer tiene ingresos propios, tiene más capacidad para decidir y para romper situaciones de violencia”
El proyecto también impulsa la autonomía económica de las mujeres mediante cooperativas. Una de ellas, “Sueños a Mano”, se dedica a la elaboración de productos textiles, como uniformes escolares, generando ingresos propios para mujeres excluidas del mercado laboral. Otra cooperativa trabaja en el ámbito de la alimentación, con ventas semanales que permiten mejorar la economía familiar. “Cuando una mujer tiene ingresos propios, tiene más capacidad para decidir y para romper situaciones de violencia”, explica la misionera.
La violencia machista es una de las realidades más dolorosas del país. Honduras registra cifras alarmantes de feminicidios, con más de 1.600 mujeres asesinadas en los últimos años.
A pesar de encontrarse en uno de los sectores considerados más peligrosos del país, “Paso a Paso” ha logrado algo excepcional: el reconocimiento y la aceptación de la comunidad. “El éxito no se mide en números, sino en llevar 24 años trabajando aquí, en que la comunidad te cuide y te respete”, afirma. Algunas de las personas que hoy trabajan como educadoras en el proyecto fueron niñas beneficiarias del programa y han regresado para devolver lo recibido.
Un éxito del que también es responsable Manos Unidas, apostando desde hace viente años por la educación y las oportunidades para la población más olvidada. Igualmente, la ONGD ha apoyado proyectos de Honduras en situaciones de emergencia. Los huracanes que golpearon el país con dureza, agravaron aún más la situación en la Rivera Hernández. Muchas viviendas quedaron destruidas, pero el apoyo de Manos Unidas permitió activar ayudas de emergencia y reforzar el acompañamiento a las familias afectadas.
Paso a Paso no promete soluciones mágicas. Su apuesta es a largo plazo: una educación que libere, que ayude a comprender las causas de la desigualdad y que ofrezca alternativas reales frente a la violencia y la exclusión”. La paz no se compra, se construye”, concluye Heredia. Y en la Rivera Hernández, esa construcción empieza cada día, paso a paso.
Manos Unidas advierte: no habrá paz en el mundo mientras persistan el hambre y la pobreza
Alrededor de 673 millones de personas en el mundo padecen hambre. Además, 1.100 millones de personas viven en extrema pobreza, de ellos, unos 455 viven en países en guerra o en situación de fragilidad (PNUD, 2024). Actualmente hay 59 conflictos activos, la cifra más alta desde la Segunda Guerra Mundial; y el hambre es, a la vez, tanto causa como consecuencia de esos conflictos.
A la presentación de campaña en Valencia ha acudido Silvia Heredia, socio local en el proyecto “Paso a paso” que Manos Unidas apoya en Honduras. De un total de 21 proyectos en Paso a paso, Manos Unidas ha financiado 14 de ellos; incluidos los de emergencia cuando la zona fue arrasada por los huracanes. Allí permaneció Silvia Heredia para volver a levantar lo que habían construido, quitar el barro y socorrer a las familias afectadas.
La campaña de 2026 de Manos Unidas vuelve a sus orígenes con el lema “Declara la guerra al hambre”, no se trata de un slogan belicista, sino que invita a reflexionar sobre la relación entre paz y desarrollo. “No puede haber paz donde hay hambre, desigualdad y pobreza extrema, -ha reivindicado Peris-, y no puede haber desarrollo verdadero sino se apuesta por la justicia, la dignidad humana y el bien común”.
“Los medios de comunicación suelen mostrarnos las terribles guerras de Ucrania y Palestina. Pero, ¿qué está ocurriendo en el resto del mundo? 1.100 millones de personas viven en extrema pobreza y de ellas, 455 millones viven en países en guerra o en situación de fragilidad”, ha precisado Amparo Peris, delegada de Manos Unidas Valencia.
Personas comprometidas
Carmen Puerto Rentero, responsable del Palacio de Colomina CEU, donde se ha celebrado la presentación de campaña, se ha alineado con los valores de Manos Unidas: “trabajar por un mundo más justo, más humano y solidario”.
“La Universidad CEU Cardenal Herrera –ha señalado Puerto- comparte los valores que inspiran a Manos Unidas: la dignidad de la persona, el compromiso, con los más vulnerables y la convicción de que la educación y la acción transformadora van de la mano. Como Universidad, no solo formamos profesionales, sino personas comprometidas con la realidad que nos rodea”.
Transformar estructuras injustas
Según Fernando Carrasco, consiliario de Manos Unidas Valencia y vicerrector y formador del Seminario Mayor La Inmaculada, “El lema de campaña “Declara la guerra al hambre” interpela. No nos deja tranquilos. A algunos puede chocarnos un poco, porque suena a lenguaje político o a estrategias humanas”.
“Declarar la guerra al hambre no es solo dar alimentos o levantar edificios. Es comprometerse a transformar estructuras injustas que condenan a millones de personas a
la exclusión y la desesperanza”, ha señalado el consiliario.
“Donde hay hambre, la paz siempre es frágil. Por eso, desde la fe, llegamos a entender que declarar la guerra al hambre es una tarea propia de todo cristiano. Es una forma concreta de curar heridas, de devolver esperanza y de anticipar, ya ahora, el Reino de Dios”.
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