CATÓLICOS DE LUGO – La historia escondida de una pequeña parroquia del Deza

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Diego Frade Amil ha dedicado catorce años a investigar el pasado de San Miguel de Ponte. El autor ha entregado un ejemplar de su libro al obispo de Lugo, en agradecimiento por la colaboración del Museo Diocesano, que le facilitó una fotografía de la Virgen de los Remedios.

Una fotografía de la Virgen de los Remedios y un libro de 450 páginas sobre la historia de una pequeña parroquia del Deza. Ese es el punto de partida de un encuentro entre Diego Frade y el obispo de Lugo, Mons. Alfonso Carrasco.

Diego ha querido entregar personalmente al obispo un ejemplar de su reciente publicación sobre San Miguel de Ponte, como gesto de agradecimiento por la colaboración del Museo Diocesano de Lugo, que le facilitó una fotografía de la imagen original de la Virgen de los Remedios, conservada en sus dependencias.

La visita nos ha permitido conocer una investigación que comenzó hace catorce años y que demuestra cuánta historia puede esconder una parroquia de apenas cuatro kilómetros cuadrados y poco más de un centenar de habitantes.

La historia de la gente corriente

Todo comenzó en 2012, cuando Diego empezó a publicar en Faro de Vigo pequeñas historias relacionadas con su parroquia. Aquellos artículos fueron el inicio de una búsqueda que lo llevó a consultar archivos físicos y digitales, localizar documentos y reconstruir episodios de la vida de San Miguel de Ponte.

“Conforme fui averiguando más cosas, descubriendo más documentos en archivos digitales o archivos físicos, se acabó convirtiendo en esta obra”, explica.

El libro recorre la historia de Ponte desde los primeros vestigios de presencia humana, en tiempos del megalitismo, hasta prácticamente nuestros días. Sin embargo, es a partir de los siglos XVI y XVII cuando los documentos permiten reconstruir con mayor detalle la vida de sus habitantes.

Y eso es precisamente lo que más interesa a su autor: la historia de las personas corrientes.

“Lo que recopilé aquí es esa historia de la gente del común, la historia de las familias de una población que no era especialmente rica, en la que no había grandes casas fidalgas ni nobiliarias”.

Testamentos, herencias, compraventas y pleitos le han permitido seguir las huellas de aquellas familias y comprender cómo fueron construyendo la comunidad que hoy conocemos.

“Nuestros antepasados fueron muy propensos a documentar todo lo que tenían, a ir a juicios, a estar siempre en los escribanos y en los notarios”, comenta.

Una iglesia que cambió de lugar

Entre los descubrimientos que más le sorprendieron hay uno relacionado directamente con la historia religiosa de la parroquia.

Antiguamente, la iglesia de San Miguel se encontraba en un lugar que, con el paso del tiempo, quedó alejado de las zonas habitadas. Mientras tanto, se había construido la capilla de Nuestra Señora de los Remedios, a la que terminaría trasladándose la actividad litúrgica.

El recuerdo de aquel cambio había sobrevivido entre los vecinos, pero se había perdido la fecha exacta.

“Lo que me llamó la atención, o quizás también lo que me motivó un poco a seguir buscando, fue que en Ponte existía una antigua iglesia”, recuerda Diego.

La consulta de registros eclesiásticos le permitió documentar que el traslado tuvo lugar en 1863.

“Esa fecha que yo logré descubrir se perdió con el tiempo. Conforme las generaciones fueron pasando, las nuevas ya no la sabían”, explica.

El cambio tuvo también consecuencias en la geografía de la parroquia, pues la zona en la que se encontraba el antiguo templo conservó el nombre de San Miguel, aunque la actividad religiosa se había trasladado a otro emplazamiento.

La vinculación con la capilla de los Remedios explica también la presencia de su imagen original en el Museo Diocesano de Lugo y la colaboración que motivó la visita de Diego al obispo.

Entre los archivos y los recuerdos de los vecinos

A lo largo de estos años, Diego ha combinado la consulta de documentos con las conversaciones con los habitantes de Ponte.

“Yo creo que ambas”, responde cuando le preguntamos si ha disfrutado más investigando en los archivos o escuchando las historias de la gente.

En muchas ocasiones, los recuerdos transmitidos de generación en generación le proporcionaron pistas que después pudo contrastar con documentos históricos.

“En el caso de este cambio, yo sabía historias del cambio y pude, mediante registros precisamente eclesiásticos, documentar y datar con certeza cuándo fue”.

Pero también encontró documentos que confirmaban la existencia de antiguos lugares habitados o episodios de los que apenas quedaba memoria.

La experiencia le ha convencido de que muchas otras parroquias gallegas conservan historias igualmente interesantes, pendientes de ser investigadas.

“Yo creo que en cada parroquia habría tomos mucho más grandes si alguien se pusiese en serio a investigar y a escarbar un poquito en su historia”.

Su trabajo recuerda el valor de los archivos y de la memoria oral para conocer nuestro pasado. También muestra cómo el patrimonio religioso, los documentos parroquiales y las tradiciones locales forman parte de una historia compartida que merece ser conservada.

La visita al obispo de Lugo cierra, de alguna manera, uno de los capítulos de esa investigación: una fotografía facilitada por el Museo Diocesano ha terminado convirtiéndose en el motivo de un encuentro alrededor de un libro que devuelve a San Miguel de Ponte una parte de su memoria.

 

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