En una semana intensa de fe, fraternidad y aventura, un total de 104 jóvenes de la diócesis de Ávila han peregrinado a finales de julio y principios de Agosto a Covadonga, corazón espiritual de Asturias, en una experiencia única marcada por la alegría, la naturaleza y el encuentro con Dios.
Los participantes provenían de diversas realidades eclesiales: la Unidad Pastoral de las Cinco Villas, la Unidad Pastoral de Sotillo de la Adrada, las parroquias de Las Navas del Marqués, Piedrahíta y El Barco de Ávila, así como jóvenes vinculados a los colegios diocesanos. Acompañados por tres sacerdotes, un diácono y varios seminaristas, han vivido esa semana como una auténtica travesía espiritual y humana.
La peregrinación tuvo como culmen la marcha hasta Covadonga, larga y exigente, pero profundamente significativa. “No ha sido fácil, pero al ver la imagen de la Santina todo ha cobrado sentido. Sentíamos que habíamos llegado a casa”, comentaba uno de los jóvenes al llegar al santuario.
Allí, a los pies de la Virgen, los jóvenes depositaron su oración, su camino, sus búsquedas y, sobre todo, su deseo de vivir con más entrega y fe. En un año jubilar, ganaron el jubileo con corazón limpio y alma abierta.
Pero el camino no ha sido solo de piedras y pasos. Durante estos días, han compartido momentos de diversión, convivencia y conexión con la creación: desde el clásico y siempre emocionante descenso del Sella, hasta un vertiginoso parque de aventuras con tirolinas, pasando por un paintball en equipo que desató risas, estrategias y compañerismo. También hubo espacio para el asombro de la historia natural, con una ruta hasta el Museo de la Glaciación, incluyendo la visita a una cueva con restos fósiles de la era glaciar, testigos mudos de un mundo antiguo y reflejo del paso del tiempo.
En medio de todo, Cristo ha sido el centro. En cada Eucaristía celebrada, en las oraciones compartidas bajo las estrellas, en los silencios de la montaña o en las confidencias entre amigos, ha resonado el eco de una llamada: vivir con autenticidad, con fe, con ganas de ser luz en medio del mundo.
“La peregrinación ha sido dura físicamente, pero más aún ha sido un despertar del alma”, confesaba uno de los seminaristas. “Nos hemos dado cuenta de que el Señor sigue llamando, y que los jóvenes de hoy siguen respondiendo, con fuerza, con alegría y con deseo de entrega”.
Esa semana en Asturias no ha sido un simple campamento ni una excursión veraniega. Ha sido una experiencia de Iglesia viva, joven, con raíces profundas y ramas abiertas al futuro. Una generación que camina —a veces entre sudores y ampollas— hacia Dios, y que no tiene miedo de hacerlo juntos.
Que la Santina de Covadonga, Madre de la Reconquista espiritual de tantos corazones, siga acompañando el camino de estos jóvenes, que regresan a casa con mochilas más ligeras pero el alma llena.
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