¡Este evangelio me gusta mucho!: “no he venido a traer paz sino división”. El fuego que devora y calcina, que siembra desolación a su paso; la espada que hiere, que rasga y separa. Esta imagen de Jesús afeminado, dulce, amoroso, que todo lo calma, refugio de paz y serenidad… hoy nos salta por los aires. ¡Bendito sea Dios! que siempre nos “sorprende”, nos desinstala.
Este evangelio nos ayuda a derrumbar en nuestra mente e imaginación ese deseo de soñar con un mundo sin tensiones ni conflictos. Quizás tengamos una visión de la paz muy romántica. Una especie de mundo idílico donde todos se llevan bien y no hay líos. Siempre que nos pase esto con el evangelio preguntémonos cómo es la realidad real de la vida. Y en esa mirada a la realidad en su realismo encontraremos la verdad. Decía Santo Tomas de Aquino que cualquier verdad viene de una única fuente: Dios.
Dios ha entrado en la realidad humana, especialmente en su debilidad y fragilidad atravesada por nuestros egoísmos más inconfesables. Si al estar ante Jesús en la oración y contemplación de este texto tus ideas te llevan al idealismo de que Dios conseguirá un mundo en paz estas “fuera” de cómo Dios mira, siente y está en el mundo y la realidad. En nuestra imaginación puede estar circulando que la vida y la historia es como un mundo idílico, de paz y de serenidad entre los seres humanos. NO ES ESA LA REALIDAD. ¿Cómo es la realidad? Es una tensión de opuestos. Esa tensión genera el movimiento, el cambio y momentos dramáticos. Y esa es la VERDAD, la misma REALIDAD. Dios introduce en la realidad MÁS tensión, MÁS dinamismo y MÁS drama. Su bautismo de fuego es la cruz. Jesús en su pasión y muerte agranda todas las tensiones y divisiones en su propio pueblo judío. La Verdad, el Camino y la Vida ha entrado en las entrañas de la realidad humana y la desenmascarado el egoísmo y el mal. Y éste se ha revelado en más lucha y violencia. Esta tensión atraviesa las personas, las familias, las instituciones, los pueblos y los países. Un libro hermoso a meditar, en este sentido, es el Apocalipsis. Que no nos habla del final del mundo, sino de cómo es el mundo y la historia de los pueblos en la presencia de Dios, y cómo éste ve el drama de la historia.
Miguel de Unamuno tiene escrito en su casa de Salamanca: “Antes la Verdad que la paz”. San Pablo VI decía que “el fruto de la Justicia es la Paz”. Justicia, a-justar todas las cosas para que el ser humano pueda vivir plenamente. ¿y por qué no vive plenamente? Porque hay in-justicias que hacen que la vida no transcurra por los caminos humanos. Y la injustica está basada y sostenida en intereses egoístas. Es por ello, que hacer justicia es meter la verdad para que podamos ir desterrando la mentira y el egoísmo. Esto generará siempre una lucha muy dura. En los primeros siglos a los cristianos se les llamaba “militantes” (luchadores).
Un día que se leyó este evangelio una persona entró en la sacristía y me dijo; qué cosas se leen en una iglesia, no tiene usted vergüenza. Y, sí, quizás a todos nos ha pasado estar en total desacuerdo con el evangelio. Cuando eso pase… estad contentos porque los diálogos con Dios serán muy provechosos.
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