CATÓLICOS EN CANTABRIA – Homilía XXI Domingo del Tiempo Ordinario, por D. Ricardo Alvarado del Río, Vicario Episcopal para la Acción Caritativa y Social

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Hermanos:

La Palabra de Dios de este domingo nos ofrece un mensaje de esperanza y valentía para nuestra vida cristiana. Isaías proclama la universalidad de la salvación, el salmo nos envía a la misión, la carta a los Hebreos nos anima a perseverar en la prueba, y el Evangelio nos invita a entrar con decisión por la puerta estrecha.

 

¡¡Dios convoca a TODOS los pueblos!!

El profeta Isaías nos muestra la amplitud del corazón de Dios: “Reuniré a todas las naciones y lenguas, vendrán y verán mi gloria”. Este anuncio nos llena de confianza: no hay fronteras que Dios no pueda derribar, no hay pueblo ni persona que quede excluida de su amor.

Esto nos alienta también en nuestra diócesis de Santander, donde a veces sentimos cansancio o falta de fuerzas. El Espíritu no se ha agotado: sigue llamando, sigue reuniendo, sigue enviando.

Aquí resuena la voz del humanismo integral del filósofo francés Jacques Maritain en su búsqueda de integrar los valores cristianos con la vida moderna, quien, tras su conversión, afirmaba: “El cristiano no tiene derecho a desesperar del mundo, porque en el corazón mismo de la historia Dios ya ha sembrado la semilla de la redención”. Ese es nuestro motivo de esperanza: el mal no tiene la última palabra.

 

¡¡Una misión que da vida!!

El salmo nos recuerda la tarea: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio”. No es un encargo pesado, sino un auténtico privilegio. Anunciar a Cristo es dar a conocer al mundo la mejor noticia: que Dios nos ama y que en Él hay vida plena.

Otro converso al catolicismo, el Cardenal Newman, gran testigo de fe, decía: “Dios me ha creado para que le preste un servicio concreto; me ha confiado una obra que no ha encomendado a otro”. Este pensamiento nos da ánimo: cada uno en su comunidad creyente, parroquia o en la diócesis tiene una misión única, nadie sobra, nadie es irrelevante en el plan de Dios.

 

¡¡Descubramos la pedagogía del Padre!!

La carta a los Hebreos nos recuerda que las pruebas forman parte del camino. Pero no son signo de abandono, sino de amor. Dios nos educa como un padre educa a su hijo. La dificultad, si la vivimos en fe, se convierte en semilla de paz y justicia.

Por eso, también en los momentos de oscuridad en nuestra Iglesia, hemos de ver una oportunidad: el Señor nos purifica, nos fortalece y nos prepara para dar un testimonio más auténtico.

El Evangelio de hoy nos impulsa a no quedarnos en la superficialidad: “Esforzaos en entrar por la puerta estrecha”. Esa puerta no es otra cosa que la fidelidad al Evangelio en lo concreto: amar sin medida, perdonar sin rencor, servir sin interés.

No es un camino de miedo, sino de valentía. La puerta es estrecha, sí, pero conduce a la vida verdadera.

 

Hermanos, las lecturas de hoy, junto con la voz de estos conversos (Maritain y Cardenal Newman), forman un gran mensaje, si cabe, para nuestra diócesis:

•Dios reúne a todos en un único pueblo, también aquí en nuestra tierra.

•Nos envía a ser valientes testigos del Evangelio en nuestra vida diaria.

•Nos educa con ternura en la prueba, fortaleciendo nuestra fe.

•Nos invita a entrar con decisión por la puerta estrecha, que conduce a la Vida plena.

 

Que esta Eucaristía de hoy reavive en nosotros la confianza. Recordamos que nunca podemos ceder a la desesperanza, y que cada uno de nosotros tiene una misión única e insustituible. Sigamos caminando con ánimo, con valentía y con esperanza, sabiendo que el Señor nos precede, nos acompaña y nos espera al final del camino.

¡Feliz Día del Señor!

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